6 de mayo de 2020

Vuela… vuela pensamiento libre


La tarde declina y el sol camina a paso lento hacia el horizonte… mientras suena “Libertad” en la maravillosa voz de Nana Mouskuri: “día sin luz” “cuando canto, yo canto por tu libertad”; siempre me conmueven sus versos… Libertad, en una situación harto difícil para la humanidad, que vive confinada desde hace cerca de dos meses…

Libertad, Libertad de vivir, libertad de amar, de abrazar y de besar… Libertad de saltar, correr, navegar, viajar o sentarse en un banco, a la sombra de cualquier árbol perdido en la ciudad…

Libertad tan maltratada y denostada, desde los albores de la humanidad… Libertad…

El pensamiento flota, libre, como un pétalo en un estanque, y en función del viento se va deslizando suavemente sobre el agua del estanque, que es la reflexión, se mueve sin objetivo ni destino… Se marcha, pero se queda, y, como casi todos nosotros, nos quedamos yendo, o nos vamos sin irnos… porque cuando nos vamos, siempre estamos volviendo sin volver…

Vuela libre ¿o no? Apareciendo en diversos sitios, en distintos momentos, en distintas vidas… paisajes variados, personas que estuvieron y ya no están… incluso, aquellas, que no estuvieron, pero sí pasaron… todos ellos han dejado algo, algún poso, algún resquicio, también cenizas y algo de lumbre, que sin fuego en el que se pueden encender miles de antorchas, o en un arrebato incendiar la vida…

Vuela, vuela el pensamiento, hacia distintos lugares y paisajes, hacia los cuatro puntos cardinales… pero, así como la brújula siempre señala el norte, el pensamiento siempre vuela hacia el oeste… hacia el “finis terrae”, hacia el oeste lejano e inalcanzable… al igual que el sol, camina hacia el oeste…

Pensamiento disruptivo, anárquico y caótico, recupera recuerdos que creían perdidos, perdidos para siempre… aunque la realidad es, que los que se pierden para siempre, somos nosotros… barridos totalmente, por una tenue brisa y dispersados por el tiempo y en el espacio; en los bosques y en los desiertos, en la sabana, en la selva y en los mares… convertidos en menos que una gota de agua o un grano de arena de los desiertos…

Vuelan las historias de vida, vuelan como las mariposas, con vidas de horas y de días…

Vuelan los recuerdos, los amigos y los amores… ¡vuelan sin destino! Pero, ¿acaso vuela el amor?

Vuelan aquellos éxitos y fracasos que creímos obtener…

Vuelan las caricias de aquellas manos, en aquél cuerpo desnudo, esperando que rompa el amanecer… Vuela aquél día, aquella noche, aquella semana o aquél mes tan especial y nunca más repetido…

Vuela la sensación de ausencia, la de la cercanía, y también, la de lejanía… las separaciones buscadas o aquellas que no lo eran… “Reloj no marques las horas…”

Vuela la risa y el llanto de mis hijos, aquellas “luchas” con ellos, vuela el rigor con el los hemos educado o acaso “infligido”

Vuela aquél deseo que fueran lo que quisieran, pero que fueran felices… Vuela el pensamiento en pos de las conversaciones con los padres, que hemos tenido y las que ya no tendremos más…

Vuela aquél deseo de ser mejor, y aunque fuera a ratos, de ser feliz…
Vuela buscando a los seres queridos que ya se han ido, intentando encontrarlos y abrazarlos en el viento…

Vuela el pensamiento, vuela el alma y la vida hacia el ocaso, en un mar de tranquilidad, huracanes y tormentas, sin objetivo ni destino…

Vuela hacia aquellos versos escritos en momentos de apasionamiento… y aquellos jamás escritos…

Vuela hacia aquellas cartas escritas, donde los sentimientos más profundos, se convirtieron en tinta sobre hojas de papel…

Vuelan aquellas cartas escritas con sangre sobre los pliegues de la mente, nunca transcriptas, ni enviadas…

Vuela hacia aquél ocaso, o aquél amanecer, que jamás volveremos a tener…
Vuela el pensamiento, vuela el alma y vuela la vida hacia el ocaso, pidiendo perdón por los errores cometidos y por los daños ocasionados…

Vuela, vuela libremente en la calma del alma, sin objetivo ni destino… ¡vuela hacia la libertad!

Vuela hacia mis debilidades, mis rarezas y mis flaquezas, mis dolores, mis temores, amores y desamores perdidos en el tiempo y en el espacio…

Vuela, vuela hacia aquella niñez de alegrías y escasez, de pérdidas y raíces trasplantadas… de lágrimas derramadas, del ancho mar, luces de neón y mundos nuevos… de aldeas perdidas y pueblos abandonados…

Vuela, vuela de los frutales de la huerta, del estiércol esparcido en la tierra labrada, del olor de la tierra mojada por la lluvia, del de las alcantarillas con otra lluvia y en otro tiempo…

Vuela, vuela por caminos de tierra, lodo, lama y de escarcha de hielo en el duro invierno y polvo flotando en el verano, al paso de los carros de vacas y de bueyes, con zuecos y zapatos en algún caso.

Vuela hacia el derretido alquitrán de las lejanas calles, de zapatos rotos y suelas desgastadas, con agujeros, pegándose al alquitrán los calcetines…

Vuela, vuela de montes y prados, de campos de hierba, trigo y maíz, de verde y amarillo, de siembras y cosechas… de noches cercanas con sueño anticipado, al lado de las gavillas de trigo segado…

Vuela hacia el llano absoluto, del uniforme paisaje, de humo y de coches en lejanas calles de un mundo soñado, de neón, lentejas y fideos verdes, jamón y dulce de leche…

Vuela, vuela de amigos de niño, de juegos infantiles y salvajes, de escapadas al río, y la fruta robada tan apetecible en el lejano estío…

Vuela, vuela hacia el destino que fue, de conocidos y amigos, y una adolescencia anticipada… de locuras y adolescentes, preñadas de tonterías, de niñeces… de furia y desconcierto en el mundo nuevo.

Vuela, vuela hacia la pasión juvenil, de querer y no poder, de pulsiones y acné, de ser sin ser, apenas sin querer… apenas sin creer…

Vuela, vuela hacia aquél sol de verano, hacia aquellos días de vacaciones incomprendidas en un pueblo pequeño y lejano, perdido en medio de una extensa llanura…

Hacia los amores no correspondidos, hacia la soledad total, ansioso de amores aún no atendidos… Vuela, vuela hacia aquellos poemas de versos rimados, forzados y encadenados…

De versos y poemas largos y no comprendidos, a veces envidiados, por rima y no canción… Vuela hacia los versos y poemas no rimados que explican la vida…

Vuela, vuela hacia aquellas canciones de verano, que desaparecían con la estación… con aquellas que contaban historias de amores dejados, pasiones vividas y recuerdos de tiempos mejores…

Canciones que invitaban a soñar, por sentimientos no vividos… Canciones que enternecían, dolían una vez que las habías vivido…

Eran tiempos de luchas y sueños; de crecimiento y de guerra… de búsquedas, encuentros y desencuentros… Eran tiempos de rosas y de espinas… de corazones heridos, por amores perdidos o no correspondidos…

Vuela, vuela hacia una vida incompleta, llena de trazos y de trozos de caminos recorridos y de aquellos que no caminamos…

Vuela, vuela hoy, ya, sin objetivo ni destino…

Pensamientos, recuerdos, lejanías y tiempos que fueron… de vida que fue, que aún alegra y duele… de ti, de mí, de nosotros y de ellos… de sendas, de sueños, de vidas vividas y no vividas, de lo que fuimos y quisimos ser… del amor, del error, de la intolerancia y la ignorancia… de utopías y de idealizaciones, de realidades y de humanidad imperfecta…

Vuela, vuela el pensamiento libre, hacia el horizonte… hacia el ocaso… hacia la libertad… ¡hacia la libertad total!

Barcelona, 2 de mayo de 2020

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