La tarde declina y el sol
camina a paso lento hacia el horizonte… mientras suena “Libertad” en la
maravillosa voz de Nana Mouskuri: “día sin luz” “cuando canto, yo canto por tu
libertad”; siempre me conmueven sus versos… Libertad, en una situación
harto difícil para la humanidad, que vive confinada desde hace cerca de dos
meses…
Libertad, Libertad de vivir,
libertad de amar, de abrazar y de besar… Libertad de saltar, correr, navegar,
viajar o sentarse en un banco, a la sombra de cualquier árbol perdido en la
ciudad…
Libertad tan maltratada y
denostada, desde los albores de la humanidad… Libertad…
El pensamiento flota, libre,
como un pétalo en un estanque, y en función del viento se va deslizando
suavemente sobre el agua del estanque, que es la reflexión, se mueve sin
objetivo ni destino… Se marcha, pero se queda, y, como casi todos nosotros, nos
quedamos yendo, o nos vamos sin irnos… porque cuando nos vamos, siempre estamos
volviendo sin volver…
Vuela libre ¿o no? Apareciendo
en diversos sitios, en distintos momentos, en distintas vidas… paisajes
variados, personas que estuvieron y ya no están… incluso, aquellas, que no
estuvieron, pero sí pasaron… todos ellos han dejado algo, algún poso, algún
resquicio, también cenizas y algo de lumbre, que sin fuego en el que se pueden
encender miles de antorchas, o en un arrebato incendiar la vida…
Vuela, vuela el pensamiento,
hacia distintos lugares y paisajes, hacia los cuatro puntos cardinales… pero,
así como la brújula siempre señala el norte, el pensamiento siempre vuela hacia
el oeste… hacia el “finis terrae”, hacia el oeste lejano e inalcanzable… al
igual que el sol, camina hacia el oeste…
Pensamiento disruptivo,
anárquico y caótico, recupera recuerdos que creían perdidos, perdidos para
siempre… aunque la realidad es, que los que se pierden para siempre, somos
nosotros… barridos totalmente, por una tenue brisa y dispersados por el tiempo
y en el espacio; en los bosques y en los desiertos, en la sabana, en la selva y
en los mares… convertidos en menos que una gota de agua o un grano de arena de
los desiertos…
Vuelan las historias de vida,
vuelan como las mariposas, con vidas de horas y de días…
Vuelan los recuerdos, los
amigos y los amores… ¡vuelan sin destino! Pero, ¿acaso vuela el amor?
Vuelan aquellos éxitos y
fracasos que creímos obtener…
Vuelan las caricias de
aquellas manos, en aquél cuerpo desnudo, esperando que rompa el amanecer… Vuela
aquél día, aquella noche, aquella semana o aquél mes tan especial y nunca más
repetido…
Vuela la sensación de
ausencia, la de la cercanía, y también, la de lejanía… las separaciones
buscadas o aquellas que no lo eran… “Reloj no marques las horas…”
Vuela la risa y el llanto de
mis hijos, aquellas “luchas” con ellos, vuela el rigor con el los hemos educado
o acaso “infligido”
Vuela aquél deseo que fueran
lo que quisieran, pero que fueran felices… Vuela el pensamiento en pos de las
conversaciones con los padres, que hemos tenido y las que ya no tendremos más…
Vuela aquél deseo de ser
mejor, y aunque fuera a ratos, de ser feliz…
Vuela buscando a los seres
queridos que ya se han ido, intentando encontrarlos y abrazarlos en el viento…
Vuela el pensamiento, vuela el
alma y la vida hacia el ocaso, en un mar de tranquilidad, huracanes y
tormentas, sin objetivo ni destino…
Vuela hacia aquellos versos
escritos en momentos de apasionamiento… y aquellos jamás escritos…
Vuela hacia aquellas cartas
escritas, donde los sentimientos más profundos, se convirtieron en tinta sobre
hojas de papel…
Vuelan aquellas cartas
escritas con sangre sobre los pliegues de la mente, nunca transcriptas, ni
enviadas…
Vuela hacia aquél ocaso, o
aquél amanecer, que jamás volveremos a tener…
Vuela el pensamiento, vuela el
alma y vuela la vida hacia el ocaso, pidiendo perdón por los errores cometidos
y por los daños ocasionados…
Vuela, vuela libremente en la
calma del alma, sin objetivo ni destino… ¡vuela hacia la libertad!
Vuela hacia mis debilidades, mis
rarezas y mis flaquezas, mis dolores, mis temores, amores y desamores perdidos
en el tiempo y en el espacio…
Vuela, vuela hacia aquella
niñez de alegrías y escasez, de pérdidas y raíces trasplantadas… de lágrimas
derramadas, del ancho mar, luces de neón y mundos nuevos… de aldeas perdidas y
pueblos abandonados…
Vuela, vuela de los frutales
de la huerta, del estiércol esparcido en la tierra labrada, del olor de la
tierra mojada por la lluvia, del de las alcantarillas con otra lluvia y en otro
tiempo…
Vuela, vuela por caminos de
tierra, lodo, lama y de escarcha de hielo en el duro invierno y polvo flotando
en el verano, al paso de los carros de vacas y de bueyes, con zuecos y zapatos
en algún caso.
Vuela hacia el derretido
alquitrán de las lejanas calles, de zapatos rotos y suelas desgastadas, con
agujeros, pegándose al alquitrán los calcetines…
Vuela, vuela de montes y
prados, de campos de hierba, trigo y maíz, de verde y amarillo, de siembras y
cosechas… de noches cercanas con sueño anticipado, al lado de las gavillas de
trigo segado…
Vuela hacia el llano absoluto,
del uniforme paisaje, de humo y de coches en lejanas calles de un mundo soñado,
de neón, lentejas y fideos verdes, jamón y dulce de leche…
Vuela, vuela de amigos de
niño, de juegos infantiles y salvajes, de escapadas al río, y la fruta robada
tan apetecible en el lejano estío…
Vuela, vuela hacia el destino
que fue, de conocidos y amigos, y una adolescencia anticipada… de locuras y
adolescentes, preñadas de tonterías, de niñeces… de furia y desconcierto en el
mundo nuevo.
Vuela, vuela hacia la pasión
juvenil, de querer y no poder, de pulsiones y acné, de ser sin ser, apenas sin
querer… apenas sin creer…
Vuela, vuela hacia aquél sol
de verano, hacia aquellos días de vacaciones incomprendidas en un pueblo
pequeño y lejano, perdido en medio de una extensa llanura…
Hacia los amores no
correspondidos, hacia la soledad total, ansioso de amores aún no atendidos… Vuela,
vuela hacia aquellos poemas de versos rimados, forzados y encadenados…
De versos y poemas largos y no
comprendidos, a veces envidiados, por rima y no canción… Vuela hacia los versos
y poemas no rimados que explican la vida…
Vuela, vuela hacia aquellas
canciones de verano, que desaparecían con la estación… con aquellas que
contaban historias de amores dejados, pasiones vividas y recuerdos de tiempos
mejores…
Canciones que invitaban a
soñar, por sentimientos no vividos… Canciones que enternecían, dolían una vez
que las habías vivido…
Eran tiempos de luchas y
sueños; de crecimiento y de guerra… de búsquedas, encuentros y desencuentros…
Eran tiempos de rosas y de espinas… de corazones heridos, por amores perdidos o
no correspondidos…
Vuela, vuela hacia una vida
incompleta, llena de trazos y de trozos de caminos recorridos y de aquellos que
no caminamos…
Vuela, vuela hoy, ya, sin
objetivo ni destino…
Pensamientos, recuerdos,
lejanías y tiempos que fueron… de vida que fue, que aún alegra y duele… de ti,
de mí, de nosotros y de ellos… de sendas, de sueños, de vidas vividas y no
vividas, de lo que fuimos y quisimos ser… del amor, del error, de la intolerancia
y la ignorancia… de utopías y de idealizaciones, de realidades y de humanidad
imperfecta…
Vuela, vuela el pensamiento
libre, hacia el horizonte… hacia el ocaso… hacia la libertad… ¡hacia la libertad
total!
Barcelona, 2 de mayo de 2020
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