3 de noviembre de 2018

Frente al mar… otra vez


La playa desierta, mientras las olas bailan acercándose y alejándose. Nubosidad intensa, donde el sol oculta su luz, eludiendo unos momentos deslumbrantes en este final de primavera, que se resiste a morir…

Donde antes batían las olas con fuerza, en esta pequeña bahía, ahora solo es una suave danza del mar, mientras baña la playa…

El progreso ha cercenado aquella entrada de mar bravío, ahora cortada por muelles y escolleras de cientos de metros, que acogen al puerto exterior en esta punta en la que el Atlántico se funde con el Cantábrico…, y esta playa, viejo sitio de surfistas, dónde el maíz llegaba hasta el acantilado o a la suave pendiente; esta playa, antes agitada y brava, ahora es recogida y casi esclava de ese cierre por su lado norte.

El viento agita las altas hierbas, y el moho se abraza desesperadamente a la madera de los bancos que miran hacia el mar, que miran al occidente, al ocaso… a la puesta de sol, que hoy ha sido escondida por la gris nubosidad, y que a duras penas deja pasar un rayo de sol perdido, que se funde en nuestro rostro…

Dos niños juegan a la pelota, con sus camisetas de sus “héroes futbolísticos”… uno de ellos, lleva la del portero Degea, y, curiosamente es el que más goles le ha hecho al otro…

Quizás, todo debería cambiar, y los porteros deberían ser los goleadores, y estos, ser los porteros…

Tres o cuatro surfistas, salen del agua quitándose sus trajes de neopreno en la misma playa… ¿audaces, valientes o temerarios?

Ni aquí, ni hoy está para cabalgar olas… a lo sumo para deslizarse sobre las manos para aprender a controlar la tabla.

Más lejos, un grupo de adolescentes juega al voleibol, y otro a más de 200 metros recibe clases de surf, y entrena en la arena.

Aun así, la playa está desierta, apenas murmullos lejanos se acercan, traídos por el viento…

Todo es verde en la lejanía, todo es verde en este paseo por el camino que bordea y sigue la estela de la costa. La lluvia, lleva meses sin abandonarnos, y solo algún que otro día nos da pequeñas treguas, con un día, una mañana o una tarde tibia y soleada, llena de luz.

Luz que no solo produce alegría y reconstituye nuestro cuerpo, que traspasa y llega a nuestro interior, caldeando nuestra alma, desterrando la tristeza, melancolía y nostalgia.

Nostalgia de un tiempo ido, de un amor perdido, de un tiempo que está por venir…

Nostalgia de lo que fuimos y de lo que no fuimos…

Nostalgia de lo que amamos, de los que hemos amado y de los que nos han amado…

Nostalgia de lo que hemos ganado, y también de lo que hemos perdido…



Las olas siguen su danza, voluptuosa, rutinaria, perseverante. Se impone al resto de los ruidos, y se ha ido adueñando de la playa, con su clamor lento, como un eco lejano, se van adueñando de nuestra alma…

La mirada se sigue perdiendo en el occidente, mientras la mano agarrotada  débil, esgrime el bolígrafo, que como autómata va rasgando las páginas de esta libreta que me acompaña, palabras y frases improvisadas e hilvanadas en el caos del pensamiento…

Qué surgen, casi al compás de las olas que están delante de mí, y que observo y disfruto desde al altozano en este paseo verde…

Una forma de encontrarse con uno mismo, o quizás desencontrarse, con el mar, nuevamente con el mar… El mar, la mar, que tanto sentimientos encontrados me produce, y, que siendo de tierra adentro, no termino de comprender, que logre producir esta catarata de emociones, recuerdos y sueños...

La mar… la mar océano, tantas veces cruzada, y siempre esperando volver a cruzar, siempre hacia occidente, siempre hacia el ocaso, siempre en busca de aquél lugar dónde el sol y la tierra o el mar, se besan  y se funden…

Siempre vuelvo la mirada hacia ese ocaso, ese ocaso que miraba embelesado, siendo muy niño, desde los montes de mi aldea, mientras cuidaba las vacas, cuando el sol en llamaradas, se iba acostando allá a lo lejos… allá, dónde algún día quería ir…

Después de tantos años, y tantas idas y venidas, uno sigue buscando ese lugar infinito, dónde el sol, la tierra y el mar, se funden en tierno y eterno abrazo…

La mar… el ocaso, el sol ardiendo en poniente… frente al mar, ¡otra vez!


Arteixo, 15 de junio de 2018



1 de noviembre de 2018

Carretera y manta (I)…


Bueno compañero, el día llegó a su final. Sin pretenderlo hemos recorrido más de 800 km, y con mucha tranquilidad… Cuándo salimos, ni pensábamos en recorrer más de 500, y ya ves, aquí estamos, frescos y satisfechos…

Después de algún tiempo, volvemos a compartir un largo viaje… No es igual ni similar a otros realizados en otros momentos, pero como ya sabes, ningún viaje es igual a otro, aun recorriendo el mismo camino…

Cuando se decidió, realmente no confiaba en poder hacerlo, no confiaba en ti, pero tampoco en mí…

En ti, porque ya hace mucho que no salías a la carretera, y en mí por lo mismo, pero además porque mis piernas, tiempo atrás, no respondían adecuadamente.

¿Recuerdas compañero, recuerdas como estaba hace unos 4 o 5 años atrás? 

Recuerdas, que apenas podía caminar, por los dolores que me atenazaban desde los gemelos hasta los glúteos… y, sin embargo, caminaba compañero, caminaba y hacía esfuerzos para no entorpecer  ni perjudicar a mis acompañantes…

¿Recuerdas las dudas que me surgían, sobre la causa de aquello? Y, luego resultó, que eso con ser muy doloroso, se iba a solucionar muy fácilmente, mientras que aparecía algo mucho más grave y complicado… ¿Ahí comenzó a joderse todo, compañero, o ya venía madurando?

Me falta confianza y fe compañero, como ya has comprobado... reconozco mi equivocación, en todos los sentidos.

Llevamos juntos más de 19 años y recorridos 460.000 km en estos años… Juntos nos hemos hecho mayores, y ahora nos hacemos viejos, todavía juntos…

A ti, ya hace rato que te quieren enviar al cementerio, y a mí… a mí, trataron de “jubilarme” de varios apartados de la vida… En algunos lo consiguieron, pero todavía estoy aquí, preparado para seguir dando guerra.

Juntos hemos compartido silencios, música, charlas, has aguantado mis enfados, mis risas y hasta mis lágrimas… compartido compañías agradables casi siempre y excepcionalmente alguna no tan agradable…

Nuestros largos viajes, siempre fueron acompañados, salvo este… es el primero después de tantos años, esta vez, estamos solos compañero, solos, tú, yo y el camino hacia el horizonte…

Hemos compartido, muchas, muchas horas los dos solos, en viajes cortos, de esos de 100/120 km, pero todos los demás han sido siempre con alguien más… muchos felices y algún que otro con ratos de cabreos supinos, aunque momentáneos…

Hemos atravesado España de punta a punta varias veces… hemos recorrido parte de Europa: Francia, Suiza, Alemania, Austria, Italia, Mónaco… ciudades como Múnich, Viena, Florencia, Montecarlo… nos han acogido y recorrido sus calles… Andorra, Barcelona, Gerona, Tarragona, Lérida, Zaragoza, Huesca, Teruel, Valencia, Murcia, Almería, Granada,  Córdoba, Málaga, Pamplona, San Sebastián, Vitoria, Bilbao, Santander, Oviedo, La Coruña, León, Burgos, Soria, y otras nos han visto estar y pasar…

¡Cuántas vivencias y emociones juntos, estimado compañero! Sitios imposibles a veces… Autopistas, autovías, carreteras nacionales, regionales, provinciales, comarcales y hasta caminos de aldeas recorridas…

Reconozco que en los últimos años, no me ocupé demasiado de ti… quizás, quizás tampoco me he ocupado de mí… intenté ocuparme de los demás más que de mí, y quizás, ahí también me equivoqué…

Los dos llevamos muchas heridas en el cuerpo, producidas a lo largo de nuestras vidas, y no siempre fueron curadas adecuadamente.

Las tuyas, son visibles, son externas, como los grandes guerreros se muestran en tu cuerpo… y yo no supe curarlas a tiempo…

Las mías, compañero, son internas, esas que no se ven, pero están ahí, como las tuyas, abiertas algunas, cerradas otras, con costuras finas o con grandes costurones… que sombrean la mirada y surcan el rostro.

Hace dos días, iniciábamos el periplo con todo planificado, pero cuándo algo puede salir mal, termina saliendo mal…. ¡maldita ley de Murphy!
Barcelona – Lérida, hace dos días salíamos para que te realizaran una pequeña intervención, pero la falta de profesionalidad y necedad, hizo que la planificación saltara por los aires… pero, como dice el refrán “no hay mal que dure 100 años”, y al final, logramos iniciar este periplo de extremo a extremo de país… Eso nos ha obligado a hacer noche en Lérida, y ayer la lluvia torrencial ha embarrado todo lo que ha encontrado, y a ti te ha dejado hecho un cromo… Todavía hoy te quedan restos… yo tuve más suerte.

Lérida – Andorra, con calma por carreteras provinciales… tranquilos, aunque con el tiempo justo para llegar a tiempo. Tiempo para estar con mi hija, mi yerno y mi neta… Unas horas, solo unas horas, pero lo bueno, si es breve, dos veces bueno… Ver crecer a esta niña, me traslada al crecimiento de mis hijos… y los recuerdos se avivan… y, de alguna forma, te sientes confortado, porque parte de uno está en esa niña inquieta, vivaz e inteligente… a través de mi hija, a través de esos años dedicados a los hijos…

Sábado, salida con destino final a La Coruña… sin planes, con una sola idea: nos detendremos cuando el cansancio nos pueda… da igual que sean 200 o 400 km… Optimista, creía que si llegábamos a Burgos, ya sería una hazaña…

¡Hoy dormimos a 12 km de Astorga! ¡Hazaña y media compañero! ¡Bien por nosotros!

Por primera vez no hemos pisado una autopista, y además de no pagar un céntimo de peajes, hemos disfrutado, de nuevo de la carretera y de sus paisajes…

Recorremos carreteras nacionales, provinciales, autovías… algunas ya conocidas, otras no… por ser nuevas o porque en viajes anteriores nos decidimos por autopistas… más rápidas, pero más aburridas.

Hoy no ha sido así; viajamos con calma, sin superar en ningún caso, los límites de velocidad, aunque estimado compañero, algunas veces he tenido que frenarte… ¡Y luego dicen, que estás viejo!

Paisajes múltiples, montañas, ríos, llanos, pero verde, verde por todos lados… con amapolas que salpican el verde desde Andorra hasta Astorga, agitándose con el viento, saludándonos al pasar… salpicados de amarilla genista, de lavanda bordeando las carreteras, creciendo libre y marcando su territorio…

Durante horas nos acompaña la radio… hasta que comienza el futbol, que todo lo invade, y pasamos a los CD de siempre, esos que viajan con nosotros desde hace años…Jorge Negrete, Joan Manuel Serrat, siempre Serrat… Los Panchos…
Inyección de adrenalina en vena, con la música de siempre, la del amor y el desamor… mientras el tiempo fue transcurriendo y el silencio así como la tranquilidad del camino, lleva mis pensamientos muy lejos, pero también muy cerca…

Repaso tiempos y momentos, errores, emociones, lágrimas y felicidad… ¿Te acuerdas compañero de todas ellas?

El sosiego, la conversación con uno mismo, en calma, proporciona una tranquilidad y objetividad pasmosa… apenas una punzada de nostalgia, y hasta de dolor, aquello que fue, lo que no fue, y lo que pudo haber sido…

La edad, compañero, si no te otorga sosiego, que es el inicio de la sabiduría, no sirve de nada… La experiencia suele ser una carga, que te impide volar y soñar, seguir soñando…

Somos viejos compañero, pero nuestro corazón late con la misma intensidad, incluso con más, que el de los jóvenes, aunque para estos comencemos a ser una especie de muebles…

Nuestros tiempos pasaron, y quizás ahora, podamos disfrutar del tiempo y de la vida que nos queda. ¿Recuerdas, compañero, aquellas jornadas de 12 / 14 horas, fines de semana incluidos? Algún día, compañero, tendríamos que escribir sobre todo aquello… De todos aquellos años, de días interminables, de responsabilidades asumidas, de aprendizajes y de enseñanzas… ¡Algún día compañero, algún día deberíamos hacerlo!

Nos han llamado de todo, incluso inútiles, intolerantes y otras lindezas… pero aquí seguimos compañero, aquí seguimos todavía, tolerando y siendo útiles a los demás.

Todavía seguimos en la carretera, como hace tantos años…

Estimado compañero, compañero de viaje, tú que has compartido mis sueños, mi rabia, mi dolor y mi felicidad, y sigues compartiendo, todavía tenemos cuerda para rato…

Y, como siempre, seguirás soportando mi voz desgarrante, cantar con emoción las canciones de nuestros CD… ¡solo para mis oídos y para ti, sino me encarcelan!

Seguiré emocionándome con Mediterráneo, Poco antes que den las diez, Penélope, Poema de Amor, Fiesta, Si la muerte pisa mi huerto… Con Ojos verdes, Reloj, y con el gran mariachi…

Todas ellas y muchas más elevan mi alma y mi corazón; solos, recorriendo caminos…

Algún día, compañero, también deberíamos escribir sobre cada una de esas canciones, y lo que representaron en su momento, y cuál era ese momento… ¡algún día compañero!, ¡algún día!

¡Siento que estoy vivo! No me importa el destino, sino el camino… la aventura de la carretera, y ver a última hora, en qué sitio podremos dormir esta noche… 
El camino es lo importante, y es el camino que hay que disfrutar y vivir con intensidad…

Reírme de mi mismo, porque hago una reserva para un día incorrecto, o realizar otra en León, y después de pelearme con Google Maps, porque la ruta que señalaba no tenía ni pies ni cabeza, resulta que la puñetera reserva se había hecho en León, sí, pero en León, en Méjico… y de ahí que el Maps se volviera loco…
Esto no me pasaba, compañero, cuando no existían ni Google, GPS, Booking y otros… Carretera  y manta, y parar en los hoteles de carretera, que ya sabíamos que eran buenos y baratos, y a lo sumo, recurría a la Guía Campsa o a la de Repsol…

Todo se complicó, cuando comenzamos a ir a Paradores o a hoteles de 4 y 5 estrellas… Hay que volver a la carretera… a la de toda la vida, compañero; es la única forma de viajar y de disfrutar del camino, a pesar que las autovías se cargaron parte de aquellos caminos, por dónde podías parar en cualquier momento y disfrutar un rato del paisaje o de un café, sin tener que parar en un área de servicio…

Solo dos personas muy queridas por mí, no compartieron viajes contigo… Mi padre, por haberse ido antes que tú llegaras a nuestras vidas, y mi nieta, que por edad, no ha podido compartir trayecto con ambos…

Viejo compañero, hemos devorado quilómetros, atravesado pueblos y ciudades… campos verdes, montañas, mesetas y altozanos; cruzado ríos, puentes y viaductos… Intensidad de colores y de orografía, que hacen de este viaje, la huida de la rutina de la planicie eterna y aburrida…

Buenas noches compañero, mañana continuaremos el viaje; todavía nos quedan alrededor de 300 km, también por paisajes variados y diversos, subiendo y atravesando los Montes de Galicia, para llegar al lado del mar…

¡Allí nos espera otra historia…!


Alrededores de Astorga, 26 de mayo de 2018