Introducción
Manuela, Manuela nació un 6 de mayo, en la edad media, en una pequeña aldea, allá en Galicia… dónde el tiempo se había detenido… creció alegre y fuerte,
trabajando duro desde muy niña, en las labores del campo… Y, así fue pasando su
niñez, y su adolescencia, hasta que un día encontró al hombre de su vida…
Historia (una parte…)
Corría el mes de agosto de un año cualquiera, los
labradores se afanaban en recoger la cosecha de trigo… Ese año era más caluroso
de lo habitual, y las jornadas eran de sol a sol, como siempre había sido…
Primero la siega con una hoz de toda la vida, y detrás de los segadores avanzan
otros labradores y labradoras, recogiendo y formando las gavillas, poniéndolas
en pie juntando varias, también como se venía haciendo desde que el hombre
comenzó a domesticar los cereales… Más tarde, quizás al otro día, vendrían los
carros a recogerlas, tirado por dos vacas o en casos excepcionales por bueyes,
para llevarlos a la era, dónde más tarde se procedería a trillar, y así obtener
el grano separado de la paja.
Manuela, siega, más tarde preparará gavillas y cargará
los carros, como lo viene haciendo desde que era niña. Es una mujer joven, con
23 años cumplidos hace poco, y está acostumbrada a estas y otras labores desde
muy pequeña, como todos los labradores de todas las aldeas del país.
Son sus fincas, mejor dicho, las de su marido, de su
suegra y de su cuñado, las que ella trabaja… y, como en cualquier aldea, los
vecinos (algunos) se ayudan entre sí, por lo menos, los más allegados.
La mayor parte de esas fincas son muy pequeñas (gichas),
dispersas por diversos sitios, todas con muros (balados); los repartos de las
herencias han producido el minifundio, como en cualquier parte de Galicia.
Tampoco es que las siembren todas a trigo, pero el trabajo es mucho…
El trigo que se cosecha, alcanza para el sustento de la
familia, para el cura, incluso para el médico de la comarca, y el resto se
venderá, y así poder comprar alguna cosa para la casa, algún vestido y zapatos
de año en año…
Galicia tierra de minifundios, esa tierra de brumas, “meigas”,
“bruxos” y la “santa compaña…”, la de “as
luces”, de bosques umbrosos, castaños, “carballos” y pinos, “corredoiras
estreitas”, inviernos largos. Tierra de sortilegios, mujeres de negro,
hombres duros y recios, que manejan tanto la azada, el arado romano, así como
hacen “broa” (pan de maíz) y alguna vez, hasta pan de trigo… Cultivan
sus verduras, sus hortalizas, sus patatas (as pataquiñas no poden faltar),
cuidan sus vacas, sus cerdos y sus gallinas… y así viven… así van pasando los
años… y así va pasando la vida…
En este mes de agosto, con ella, con Manuela, está un
criado (un chico que trabaja en casa, a cambio de comida y vestido), su hermano
pequeño (13 años), algún vecino, y en algún momento hasta su madre o alguno de
sus hermanos, y su padre ayudan lo que pueden, sobre todo este año… porqué este
año, este año es muy especial.
Deben apurarse en segar, preparar, cargar y trasladar a
la era, porque a pesar de ser agosto, puede caer alguna tormenta de verano y
echar a perder toda la cosecha, pero también porque la trilla no espera.
Y, hay que empujar para que se pueda trillar en el
momento previsto, y rogar al santísimo para que no llueva en ninguno de estos
días, y almacenar el trigo cribado y limpio, preparar el “palleiro” que se irá
conformando a medida que se va separando el trigo de la paja, y hay que hacerlo
muy bien, para que aguante futuras tormentas de agua y viento que sobrevendrán
en el otoño y en el invierno, tiempo que tiene que durar la paja como alimento
de los animales.
En pocos días, será la fiesta de la aldea, de su santa
patrona, y todo tiene que estar acabado y la preparación a punto, para recibir
a los invitados…
También, hay que pensar en la comida para el día de la
siega y para el día de la trilla, que hay que preparar, teniendo que ser
abundante y sabroso, porque todos valoran mucho la comida que se les da…, no
puede faltar la carne de cerdo, los “freixós”, caldo, y vino suficiente
para aguantar el día… y, sabe que con su suegra no puede contar mucho. Tendrá
que ver si su madre le echa una mano… que seguramente le hará falta. Además,
este año, todos están pendiente de ella…
Tal como ya conté, Manuela tiene un poco más de 23 años.
Mujer joven, robusta, trabajadora incansable… Está casada desde hace un poco
más de 3 años, exactamente en el mes de mayo, coincidiendo con el mes de su
nacimiento… Si se festejaran los cumpleaños, aniversarios, u otras fechas,
podrían casi hacerlo el mismo día, pues ella nació el día 6 y se casó el día
10…, es como si mayo fuera su mes emblemático, ya que además nació también un
día 6 de mayo, veinte años antes, y su hermano pequeño el día 5, 10 años antes…
Manuela era hija de unos buenos labradores. Su padre,
además era herrero, y un buen herrero, compaginaba la labranza con “a forxa”
… La mayor de 5 hermanos, Manuela apenas
fue a la escuela. Sabía leer y escribir, pero no lo suficiente, ya que había
que trabajar… Manuela hubiera querido ser costurera, pero no pudo ser… había
que trabajar en casa… ¡hai que traballar neniña, le decía su madre”. Las vacas, el
monte, cortar el “toxo”, cargar carros, el trigo, el maíz, las patatas (as
patacas o castañas), la siega de hierba, las “fabas” … preparar la
tierra, (arar, sachar, gradar, cavar…), sembrar, abonar con estiércol “da
corte”, previa carga en el carro, esperar y cosechar, alimentar a los
animales, cuidarlos más que a la propia familia, todo eso era prioritario…
Manuela era mujer, y su camino era casarse, como así fue…
Se casó con un joven labrador a los 20 años y él con 24.
Poca tierra, y, como todo minifundio, una “leiriña” aquí, una “gicha” acullá…
Una “cortiña”
más allá…, en realidad era más pobre que ella… pero se casaron, porque se
querían…
Desde que llegó a la casa de su marido, viste de negro…
luto por el suegro, fallecido unos meses atrás…. Continuó con el luto por su
abuelo, siguió con su hermano Avelino, fallecido en la lejanía, ahogado en una
tarde calurosa, más tarde su hermano Manolo, curiosamente, ambos con la misma
edad: 22 años… y no había acabado el de su hermano, y falleció su queridísimo
padre… Prácticamente, el color negro dominó una gran parte de su vida…
Se acabaron las “pandeiretadas” en los corrales,
alumbrados por “fachuzos” o de candiles, los bailes en las fiestas de las
aldeas… El luto era total, y, no solo cambia su vida por haberse casado, sino
y, sobre todo, por el negro que les obligaba hasta evitar reírse…
Atrás quedaron las “muiñeiras”, las “cantareas…”
Le encantaba cantar y bailar… le venía de casta, su padre y su tía, eran
grandes bailarines, y juntos dejaban a los espectadores con la boca abierta…
Su abuelo, que siempre las protegía (a ella y a su
hermana), y hacía grandes esfuerzos, a pesar que casi no podía caminar, iba con
ellas a las fiestas de aldeas, bastante lejanas… él a caballo, y ellas andando…
En la edad media, no existían coches, ni motos, ni
carreteras, solo caminos, caminos polvorosos en verano, y encharcados o helados
en invierno, y piernas y alegría para recorrerlos…
Todo eso se había quedado atrás… y, a pesar de su
juventud, no solo crecieron sus obligaciones como mujer casada, sino como mujer
de negro…
Es una economía de supervivencia, y, por eso un día su
marido José, le planteó emigrar, como tantos otros gallegos, como su propio
hermano, pero él ser iría a Venezuela, mientras que su hermano se había ido a
Argentina unos años antes. La emigración era la única manera que los
labradores, para tener un poco de dinero para comprar más tierras y arrancarle
un rendimiento más alto y mejor a la labranza, y que les permita un futuro más
halagüeño…
José se fue hace 4 meses. Era el mes de abril. Ella le
recuerda a cada momento… Las cartas se van cruzando, pero son pocas, ya que
deben atravesar el Atlántico en barco, y ella intuye que estos meses a él no le
fue nada fácil, encontrar trabajo, dónde vivir, y aun sabiendo que el país está
en plena expansión, y no debería faltar trabajo… (Con el tiempo, sabrá que
tardó más de 3 meses en comenzar a trabajar).
17 días, 17 largos días con sus noches duró esa travesía,
y ella se sin conocer el Océano, se imaginaba ese viaje hacia El Dorado… Luego
se enteró de las vicisitudes, la mar embravecida, azotado el barco con un ciclón…
los camarotes compartidos con otras 5 personas, pequeñas literas les aguardaban
cada noche; era una forma de compartir morriña, miedo a lo desconocido y el
sueño de volver algún día con dinero suficiente en los bolsillos…
Este agosto es el más duro que Manuela ha pasado, el más
duro de su joven vida. Estaba sola, en casa ajena y con suegra incluida, marido
en la emigración y embarazada… embarazada de 9 meses y a punto de parir en
plena cosecha…
Ella aguanta, doliéndole el alma al respirar y al moverse,
pero ahí está segando, cargando, trillando, preparando comida, tal como le
corresponde…
Está tan embarazada, que parece que ella va por un lado y
allí adelante va su barriga; pero ella aguanta hasta el 11 de agosto que se
pone de parto, y aguanta hasta el día 12 pasadas las 23 horas, casi hasta el
día 13…
Ese día, Manuela se puso de parto, y rápidamente acuden
vecinas, está su suegra, y le envían recado a su madre, que llega corriendo, y
más tarde su abuela materna… Casi dos días, con fuertes dolores y pidiendo a
gritos que le sacaran la criatura… pero más allá de las buenas palabras y la
asistencia de la “comadrona de la aldea”, Manuela no tenía quién le asistiera
en el parto… no había médico, ni partera, ni camilla ni anestesia… paría en su
cama, pensando que se moría durante todo ese tiempo interminable…
En su cama, esa joven, está a punto de dar a luz a su
primer hijo o hija, ya que, en aquellos tiempos, era imposible saber, más allá
de lo que les decían las viejas del lugar, que le habían dicho que sería un
niño…
La criatura se ha hecho esperar, y encima resultó un
bicho de más de 4,5 kg, y así entre sufrimientos de la madre, terminaron
llorando la madre y el hijo al unísono, cuando se decidió, por fin a salir,
dejando a su madre exhausta… y, con la placenta dentro, durante varios días…
Manuela parió, y sobrevivió de milagro… para que luego,
se diga ¡que los milagros no existen…!
Manuela, durante dos o tres días, apenas bebía algo de
agua y algún caldo, que su abuela, diligentemente le preparaba, ya que, si
fuera por su suegra, se tendría que haber levantado al día siguiente de haber
parido, y seguir con el trabajo…
Días que transcurren muy lentamente, sin médico, y sin
que nadie pregunte, por la placenta, que se supone debiera ser lo primero para
mirar, después de ver que el recién nacido estaba bien… No tenía leche, el niño
se desgañitaba con sus gritos, por el hambre que pasaba… Y, gracias a la
bisabuela, se arreglaba como podía, y, mediante vino dulce mezclado con huevo,
lo iba calmando… y, lógicamente el niño, entre el hambre que tenía y lo dulce
que era, se ve que se relamía, mientras la bisabuela decía con alegría: “mira
concho, mira como lle gusta”, y también le daban un poco de leche de vaca,
recién ordeñada, claro…
El niño, se ve que conservó ese sabor durante años,
porque siempre fue un devoto de los vinos generosos…
Manuela no se murió en el parto… Manuela a los 3 o 4 días,
ya volvía a estar levantada, a pesar del dolor y el agotamiento, como si no
hubiera pasado nada, aunque sí, mucho más cómoda, porque la barriga no pesaba…
Fue un mes de agosto muy caluroso, según cuentan, un mes
de agosto de la Galicia medieval, de aldeas de unas 30 casas, afanándose todos
en la fiesta del día 15, y luego en terminar con todas las labores, porque
después del trigo, vendría el maíz, y todo tenía que estar en orden…
Aldeas de caminos estrechos y profundos, hundidos, llenos
de agua, barro (lama) y escarchas de hielo, en invierno largo y duro… y
polvorientos en verano…
La Galicia medieval, de casas de piedra, unidas con
argamasa, con planta baja de tierra apisonada (“o chan”), “lareira”
y pote, chorizos curándose con el humo y el calor de la lareira…
La Galicia de la matanza del cerdo, y el almacenamiento
de la carne en sal, en el “baño”, que había que administrar hasta el año
siguiente…
Planta baja, dividida en dos partes, una para las
personas, con cocina (lareira, potes y “estrepias”, alguna olla, leña),
horno, vertedero, alacena y mesa abatible, y en un rincón, un barril de vino
malo, al que se le echaba un trozo de tocino, para hacerlo más bebible… Dos
entradas, la del corral y la de la “eira”, que a su vez comunicaba con
la huerta con frutales, manzanos, un peral, dos ciruelos…
La otra parte, pertenecía a los animales: vacas, terneros
y cerdos… “a corte”, es decir, la
cuadra, un metro o metro medio más hondo que el suelo de la parte destinada a
las personas, a la que se accedía a través de una puerta por dentro, y desde
dónde también se le podía dar de comer a las vacas, en los comederos… y el otro
acceso, era por el corral, por dónde salían los animales, cuando se los llevaba
a pastar o cuando se los vendía…
Y, en la primera planta, única en este caso, el comedor
(inmenso), dos habitaciones, y luego un espacio igual de grande que el comedor
y habitaciones, dónde se guardaban las manzanas, se hacía sidra, queso, y hasta
jabón… la zona industrial…
En esa Galicia medieval, las casas de aldea, no tenían
baño… utilizaban la “corte” o la finca… No había duchas, ni bañeras… Para
lavarse o “ducharse”, se utilizaban baldes o palanganas…
Durante muchos años, el agua se iba a buscar a la fuente,
y la traían en la cabeza, normalmente las mujeres, en la “sella” de madera. Debía
medir unos 40 cm aproximadamente, y con tapa, para luego conservar el agua en
casa… Más tarde, la fuente se reemplazó por el pozo…
En esa época, o quizás muy poco tiempo después, se había
canalizado el agua, desde el pozo hasta el vertedero, único punto de acceso a
la misma…
Si hablamos de la edad media, que nadie espere que le
hable de cuartos de baño, ya que no existían… no en esta casa, ¡sino en
ninguna!
En esa Galicia medieval, Manuela parió una noche del 12
de agosto de 1954… mientras su marido, trataba de ganarse la vida a 9000 km de
distancia, en la ciudad de Caracas, para tener un futuro más allá de la edad
media…
En esa Galicia medieval, Manuela no disponía de radio, ni
siquiera de libros… las cartas las dejaban en el pueblo más cercano, dónde
había una especie de “estafeta” de correos, que administraba el dueño de la
taberna…
Manuela, un día decidió, que no quería para su hijo, la
vida que ella y su marido tenían… Deciden dejar el campo, e irse a un pueblo,
mientras ella cuidaba del hijo y de la casa con una finca al lado, para
patatas, frutas, verdura, una pequeña cuadra, para algún cerdo, gallinas y
conejos, José se buscaba la vida en La Coruña primero, y más tarde en Suiza…
Manuela y José, más tarde deciden que, es mejor irse, y
emigra la familia entera, a la Argentina… tierra de promesas y promisión…
Durante más de 12 años, y empezando nuevamente de cero, reconstruyen su vida,
hasta que llegó un momento, en que, por las circunstancias del país,
prácticamente lo pierden todo… y, “empujados” por su hijo, vuelven a su
Galicia… ya no medieval…
Manuela, hace de tripas corazón, y, a pesar de la
angustia y el temor que le daba, empuja y tira para delante, y vuelven a
comenzar, nuevamente, de cero, saliendo airosos una vez más… Son luchadores, ¡son supervivientes natos!
Agosto 2016
Epílogo
Manuela era mi madre, y José era mi padre, y este pequeño
relato, solo es una mínima parte de lo que vivieron y sufrieron, pero también
de lo que disfrutaron de esa vida, juntos y felices, aunque duros tiempos…
José se fue una mañana de marzo de 1994, con un poco más
de 67 años… con la sorpresa en su rostro, ya que ese no era su “momento” … Manuela
le sobrevivió, un poco más de 27, hasta los 90 años, pero ya casi nunca volvió
a reír, viviendo en el recuerdo y con el recuerdo de aquél compañero de vida,
que un día se volvió a marchar, esa vez, sin maleta… Nunca se recuperó de la
pérdida, y, desgraciadamente eso le pasó factura en sus últimos años, a pesar
que intentamos que estuviera lo mejor posible…
Se fue una mañana del 21 de agosto de 2021, con su querido
nieto a su lado, y después de haberla despedido, la noche anterior, aquellos
que más la queríamos: su nieta y su hijo…
Manuela, como tantas y tantas mujeres, y tantos y tantos hombres, que nacieron en la
tierra, en una edad oscura y antigua, transitaron y vivieron a lo largo de
siglos de historia, pasando de la edad media a la edad contemporánea, y, no
solo se adaptaron, sino que fueron los que forjaron el presente, y nos
enseñaron, sin saber nada, apenas sabían leer y escribir, a hacernos un camino,
y transitar por la vida, con la frente bien alta, y llenos de orgullo, por ser
hijos de labradores, por ser de aldea, por ser eternos, gracias a ellos…
Nos dieron la vida, nos dieron la fuerza, nos dieron
valores sin que ellos lo supieran, y construimos una vida nueva para nosotros y
nuestros hijos, con carreras universitarias, en mi caso y en el de mis hijos, y
con carreras de vida, como muchos otros…
Ellos y nosotros, los hijos, transitamos siglos en pocos
años, y hemos hecho un futuro impensable en aquellos años, y un presente, qué a
pesar de las dificultades, es un gran presente…
Por ellas, por ellos… Por las Manuelas y por los José, por
las Florinda, Áurea, Carmen, Rosa, Delfina, Josefina, María, y por los Jesús,
Manuel, Avelino, Pedro, Andrés, Felipe, y tantas y tantas otras y otros que
seguirán viviendo en nuestros corazones eternamente…
¡Muitas e eternas
grazas!
Febrero 2022
La otra historia: La no despedida
Era un abril primaveral, cuando el amigo llega a su casa…
y, apenas el ligero saludo, le suelta: “José se ha ido a Venezuela”
Las lágrimas y sollozos brotan instantáneamente, así como
la pregunta que brota desde su más profundo ser: ¿Por qué no se despidió?
Unos expresan la pena de una forma, y otros, de otra… A
ti te queda comida, una casa, tu familia y un pasar… y, él ha ido a buscar un
porvenir para el bien de los dos…
Ella sabía que él se iba, pero aún no sabía el día… Él se
lo ocultó expresamente… Hombre duro, por fuera, aunque por dentro era otra cosa…
No quería despedirse de su mujer, embarazada de pocos
meses, ni de su madre… ni de nadie… ´porque si lo hacía, probablemente le
hubiera costado arrancar…
Por eso, preparó la maleta, de cartón prensado, que más
tarde le acompañaría siempre, y con sus pocas cosas, así como encargos que le
habían hecho para otros amigos y familiares, se valió de su amigo, para sacarla
de casa, sin que nadie se diera cuenta… y, llegó el día… se levantó muy
temprano, y con mucho sigilo simplemente se fue… de aldea a Santiago, y de ahí
a Vigo… dónde embarcaría rumbo a lo desconocido… camino de los 27 años, se
preparaba para enfrentarse a la incertidumbre… atrás, atrás quedaba todo lo que
quería… pero también quedaba un medio de vida, en el cual no veía futuro… Tres
años más tarde, retornaría de su primera emigración… no sería la única en su
vida… Venezuela le fogueó para toda su vida…, pero eso, eso es otra historia…
Se fue en silencio, y también volvió en silencio… sin
alharacas, como todo lo que ha hecho en su vida… y, así 40 años más tarde de su
regreso, volvió a irse, de nuevo en silencio… para nunca más volver… ¡dejando
un enorme vacío!
Agosto 2016
Sella
Sella

Carros
Fuente Fotos: internet
Glosario
palabras en gallego:
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a
corte: la
cuadra
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bruxos: brujos
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cantareas: canciones, cantadas…
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carballos: robles
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chan: suelo
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corredoiras
estreitas:
caminos estrechos
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cortiña: prado
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eira: era. Sitio al lado de la
casa, en la parte trasera, normalmente de tierra, aunque también podía ser de
piedra, dónde se trillaban (mallaban) los cereales
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estrepias: base de hierro, de tres o
cuatro patas, dónde se asentaban las ollas para cocinar…
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fabas: habas - judías
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fachuzos: antorchas
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forxa: forja
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freixós: tipo filloa (panqueque),
pero grueso y con panceta o tocino habitualmente…
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gichas: fincas muy pequeñas
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lama: barro
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leiras: fincas
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leiriña: diminutivo de leiras
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lareira: hogar
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meigas: brujas
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muiñeira: baile tradicional gallego
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palleiro/a: Acumulación de hierba seca
o de paja (trigo, centeno, etc.) que se va formando en forma de cono, con el
centro vacío, con objeto de que no se moje.
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sachar: remover y preparar la
tierra con una azada
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sella: recipiente de madera,
fijada con aros de metal, utilizada para transportar y almacenar agua.
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Marzo 2022