La
soledad no es solo un estado o situación física, sino también una actitud
mental y emocional. Existe una gran confusión sobre el término “soledad”,
habitualmente se identifica a la soledad como el estado dónde una persona vive
sola y además sus relaciones personales son muy pocas o nulas.
Esa
soledad es terrible, porque no es una situación deseada, y, normalmente deviene
de una forma de vida y de una situación familiar y de amistades complicadas, o
de la desaparición de esas personas con las cuáles existían los lazos de unión
fuertes, y dejan en el limbo de la soledad a aquellos que las sufren.
Esa
soledad, traslada a las personas que la sufren, a una situación emocional de
vacío, de una vida incompleta y de dolor permanente, que trastorna su normal
desarrollo, habitualmente en los últimos años de vida.
Es
esta soledad, la que afecta a tantos millones de personas en el mundo, lo que
lleva a que los años “ganados” a la muerte, al aumentar la esperanza de vida,
se conviertan, en muchísimos casos, a una especie de muerte en vida… Porqué ¿qué
es la vida?, sino el conjunto de emociones que podemos sentir y compartir con
otros…
Por
lo tanto, cuánto más crece nuestra esperanza de vida, más personas solitarias
existen en el mundo, sobre todo en el occidental, dónde ser mayor o viejo, se
ha convertido en un lastre, convirtiendo a la juventud en una especie de dios
orgiástico, que al pasar los años, ya no cuentan ni deben contar los mayores…
(no contamos ni debemos contar…)
El
conocimiento y la experiencia se transforman en los cuentos del abuelo o de la
abuela… El caer, a veces, en comentarios sobre la propia existencia, se
convierten en las “batallitas de los abuelos”…
La
soledad, ha formado parte de toda mi vida, como concepto y también como situación,
a veces indeseada y a veces deseada…
¿Quién
no se ha sentido solo en alguna oportunidad? ¿Quién no ha sentido la soledad
producida por el desamor, la deslealtad de algún amigo, la pérdida de un ser
querido?
He
escrito mucho sobre la soledad, y, como decía anteriormente, esta me ha
acompañado durante toda la vida, porque ha formado parte de la misma… Durante
muchas etapas de esa vida, siempre me ha faltado alguien en determinados
momentos… Y, porque además considero natural, tener momentos, dónde uno se
siente solo, salvo que se engañe a sí mismo, que también sucede…
La
soledad no es estar solo, ni tampoco se evita, estando siempre acompañado.
Conozco a muchas personas que, para no
sentirse solos, viven rodeadas de otras, o hablan sin parar, y están muy solas,
muy, pero muy solas… Uno puede sentirse solo, aún rodeado de miles de personas,
en cualquier sitio, incluso en los más bellos de la tierra, porque le falta la
persona más querida / amada, y es ella quién le llena, y no el resto de los
miles de personas…
Uno
puede estar solo, sentirse profundamente en soledad, en ambientes ruidosos o
llenos de conversaciones, porque no puede hablar con la o las personas amadas
que quisieran que estuvieran allí con ella, o, simplemente disfrutar del
silencio, con ellas, ahí, en ese ambiente o en una mesa frugal, caminando por
la calle, tomados de la mano, charlando de cualquier cosa…
¡Cuantos
kilómetros no habré recorrido de esa forma y sentirme vivo y acompañado!
Todos
hemos sentido la soledad en algún momento de nuestra vida, y aun rodeados de
otras personas queridas, seguíamos sintiéndonos solos, por la pérdida habida en
nuestras vidas… Pero, por ley de vida, tarde o temprano, remontamos la
situación, y aprendimos a soslayarla o a eliminarla por completo de las mismas…
Éramos jóvenes, y la inercia vital nos hacía romper ese mundo que nos
parecía el final… Es la tragedia de la
vida, salpicada de felicidad y de buenos momentos, que nos hace pasar a la
comedia y superar la tragedia vivida…
Pero,
¿qué ocurre si no se puede evitar la soledad? ¿qué ocurre cuando nuestros
recursos para evitarla se agotan, nos sentimos cansados, y además va cambiando
o desapareciendo todo aquello que nos rodeaba? ¿Cómo lo afrontamos?
La
soledad tiene mal cartel, tanto en una situación como en la otra…
Habitualmente,
a los que no nos gustan los ambientes con mucha gente, ruidosos o no, no nos
gusta aparentar, se nos trata de insociables, porque parece que nos afanáramos
en ser solitarios, y es todo lo contrario, porque no es la cantidad de personas
o de eventos con los que uno esté o participe, sino la calidad, es decir, la
compañía…
Personalmente
me molesta el ruido, me molesta aquella reunión, dónde una o dos personas
acaparan la conversación y se quieren convertir en el ombligo del mundo, o
dónde la intrascendencia es tal, que el aburrimiento mata… Eso no significa que
las conversaciones tengan que ser alto nivel intelectual ni mucho menos, puede
ser de lo más banal y divertida, y uno sentirse muy bien dentro del grupo… Pero,
también se puede convertir en la banalización queriendo demostrar que se tiene
un alto nivel intelectual en cualquier cosa…
Luego,
está la soledad deseada… Aquella dónde por un momento, que pueden ser unos
minutos, días, semanas, uno busca disfrutar de esa “tranquilidad” consigo
mismo, ya sea tratando de encontrarse consigo mismo, o simplemente ver
televisión… Salvo excepciones, esta soledad, la deseada, no dura toda la vida,
pero es muy importante para la salud mental de las personas, incluso para aquellas
que comparten la vida de uno…
Pero
también aparece la soledad deseada eternamente, por aquellos que no soportan a
los seres humanos, esa sí, es la que
practican o quieren practicar los insociables, los eternos enfadados con el
mundo, aunque no sepan porqué; pero eso no es soledad, sino aislamiento del
mundo, y, probablemente esté vinculada a alguna anomalía emocional y social.
La
soledad, no implica ni amargura, tristeza, aislamiento o insociabilidad…
Se
puede ser alegre, divertido, sociable y amar la soledad…
La
soledad, amigo mío, amiga mía, es la forma y el sitio (la única y el único) de
hablar y encontrarse con uno mismo; es aquél lugar, donde conviene acercarse,
aunque sea de tanto en tanto, para reflexionar, para divagar o simplemente para
soñar un momento, solo un momento… la soledad, amigo mío, amiga mía, es allí
dónde estamos todos, aunque no lo sepamos…
Y
como escribió el Gran Lope de Vega:
A mis soledades voy,
de mis soledades vengo,
porque para andar conmigo
me bastan los pensamientos.
No sé qué tiene la aldea
donde vivo y donde muero,
que con venir de mí mismo
no puedo venir más lejos.
…
La soledad es el estado puro del
hombre: José María Carrascal – Periodista y escritor
Barcelona
(supongo), abril 4 de 2018