12 de octubre de 2023

ARGENTINA… OTRA VEZ ARGENTINA…

 Hoy, es un día especial para mí, pero fundamentalmente para todos los argentinos, y no tienen nada que ver uno con el otro. Solo, que mi día especial, me ha llevado a mi pasado de 13 años en Argentina, los años más configuradores de una vida. Y, eso me ha llevado al día de hoy en Argentina, mi querida y dolida Argentina.

Hoy, 13 de agosto, se celebran elecciones en ese querido país, elecciones primarias, las PASO (Primarias abiertas, simultáneas y obligatorias), además de elecciones a gobernador en algunas provincias y en ayuntamientos, que no son primarias. Las PASO nacionales, son convocadas para elegir precandidatos a Presidente y Vicepresidente, así como para la renovación de 130 de los 257 diputados del Congreso, y 24 de los 72 senadores, y a eso hay que añadirle la de 43 diputados al Parlamento del Mercosur (19 precandidatos de distrito nacional y 24 de distrito regional.

Y, por el momento me quedo aquí, porque si no dentro de dos párrafos, ya ni yo, sabré que son las PASO. Tengo que reconocer, que después de preguntar a mis amigos argentinos, y de leer mucho, al final, creo que me he aclarado respecto a estos comicios, que solo eligen a precandidatos, para volver a las urnas, en octubre, para las elecciones definitivas.

Me he preguntado muchas veces, cual es la utilidad de las PASO, y no he encontrado una explicación racional, más allá de una criba de cientos de políticos, que son incapaces de ponerse de acuerdo, y que el funcionamiento de los partidos políticos, tal como los conocemos aquí, allí no existen, ya que el punto de partida es el caudillo, y de ahí, surge que, dentro de un mismo partido, salen un sinfín de listas con distintos candidatos, pero con programas similares, y con la misma ideología, salvo excepciones…

Una de las tantas preguntas que siempre me he hecho respecto a estas elecciones, y, al sistema electoral en general, es que solo ocasionan un gran gasto, en una economía quebrada y una sociedad dividida y empobrecida, cada vez más…

El resultado de estas elecciones, abrirá un período de incertidumbre hasta las elecciones de octubre, y que no producirá beneficio alguno, tal como pasó hace 4 años, cuando al perder la coalición encabezada por Macri, se produjo un cambio muy significativo, como una devaluación del dólar, paralización de inversiones, etc.

Veamos cual es el contexto actual argentino:

·         Inflación media del 7% mensual, y sin perspectivas de control, con una proyección del 120% anual para el año actual.

·         Escalada en vertical del tipo de cambio del dólar, cuya versión “paralela”, blue, como se le conoce en el día a día, de 600 pesos por dólar, con un diferencial del 100 o más de la cotización oficial.

·         Existencia de múltiples tipos de cambio, según sector u operatoria.

·         Escasez de reservas en el Banco Central, que impide disponer de dólares para las importaciones de bienes indispensables para la industria.

·         Falta de capacidad de hacer frente a las deudas en dólares, si no es con el concurso del FMI

·         Déficit corriente constante.

·         Política de emisión monetaria descontrolada, para así pagar los gastos en pesos (déficit)

·         Una administración pública elefantiásica e ineficiente, con una burocracia brutal que machaca a los ciudadanos.

·         Unas empresas públicas, que pierden miles de millones de dólares al año, y en aumento, pero, eso sí, ¡son de los argentinos!, de ahí, que no les preocupa, supongo, el coste salvaje que tienen para los ciudadanos mantenerlas.

·         Una carga fiscal brutal, pero también, una economía negra (informal le dicen ellos), dónde no se pagan impuestos, cargas sociales, etc.

·         Miles de millones de dólares, en planes (ayudas) a familias, por hijos, por lo que sea, subvenciones en suministros básicos. Eso ha llevado que, en muchas familias, los niños no hayan visto trabajar a sus padres, e incluso a sus abuelos, en forma legal y habitual.

·         Un poder sindical, que controla la sanidad, a través de las obras sociales de cada gremio, con unos costes para trabajadores y empresas, fuera de lo que se puede considerar normal en cualquier país occidental. Un poder sindical, que tiene empresas, dónde algunos líderes, hasta han sido o son dueños de clubes de fútbol, por ejemplo, y que presionan en forma brutal a los gobiernos que no sean de su cuerda (peronismo). Unos sindicatos que tienen cautivos a los trabajadores, ya que se quiera o no estar afiliado, se paga igual.

·         Una clase política, que en general, es populista y demagoga, ya que esa es la herencia peronista, de la cual todos son beneficiarios, con un nacionalismo exacerbado.

·         Una baja escolarización, que, junto a la falta de agua corriente, cloacas, etc. en muchos sitios (villas y poblaciones vulnerables), los niños sean los perjudicados de siempre.

·         Una sociedad fracturada, machacada, dónde no existe la clase media. La clase media que así se considera (parte) no deja de ser una clase media, formada, profesional y trabajadora, que se ha empobrecido, y todavía le queda ese sentido.

·         Una pobreza que alcanza casi el 50% de la población, según cifras oficiales, lo que, en realidad, puede significar mucho más, sobre todo en zonas de las provincias del interior, dónde la pobreza es endémica.

·         Un índice de inseguridad terrible, y, además una inseguridad que se cobra vidas todos los días…

·         Un aumento del narcotráfico en los últimos años, que dispone de mucho poder, y que ocasiona cientos de vidas, como es el caso de la ciudad de Rosario (la ciudad natal de Messi, dónde incluso su suegro en su supermercado, se ha visto afectado)

Este es parte del contexto, en el que se celebran estas PASO, en mi querida Argentina, en esa Argentina que dejé hace casi 44 años, en busca de un futuro, que allí no veía, y que pensaba no vería en 25 años. En aquella Argentina que dejé, con las manos llenas solo de ilusión y de esperanza, confiando en mi esfuerzo y en el de mi esposa.

Esa Argentina, que todo lo expuesto, leo casi cada día en diarios argentinos, y cuya solución, no puedo vislumbrar.

Todas esas cuestiones, me llegan al alma, pero, hace unos días (el jueves pasado, creo), una noticia me heló el alma, y de ahí, nació la idea de este escrito. Esa noticia, informaba de la muerte de una niña de 11 años (Morena Domínguez), alrededor de las 7,30 de la mañana, cuando unos hijos de puta, en moto (los llamados motochorros – para mis amigos españoles: ladrones en moto), con el objetivo de robarle la mochila, dónde parece llevaba un móvil (también me he preguntado, que hace una niña de 11 años con un móvil, pero esa no es la cuestión ahora), cayéndose y muriendo más tarde, camino al hospital, después de una espera de 40 minutos de la ambulancia, según los testigos.

Me he preguntado, porque los niños no pueden entrar al colegio al llegar, y tienen que esperar fuera, hasta la hora exacta… ¿Alguien piensa en estas cosas?

Cada día hay asesinatos, robos de este estilo, las famosas “entraderas”, las salideras (Argentina es una gran inventora de términos de este tipo. Nos exportó, escrache, corralito, etc.), robos con violencia, disparos a mansalva, dónde hace poco se han llevado por delante a otro niño, o un señor que iba en bicicleta…

Una salvajada, una más, diría alguien, pero una salvajada que se llevó a una niña que iba camino a su colegio… Y, todo, por una mierda de móvil, unos desalmados le producen la muerte…

Ese día se suspendieron los actos de campaña, y todos los precandidatos, de una forma u otra, lamentaron el hecho criminal. Aunque, en el caso del ministro de Seguridad Nacional (equivalente a nuestro ministerio del interior), ante las preguntas de los periodistas, solo se le ocurrió decir algo parecido a “No entra dentro de mi responsabilidad”, porque ocurrió en la provincia de Buenos aires, y la responsabilidad de la investigación, es sin duda, el Ministro de la provincia. Pero tal frialdad, la inexistencia de algo de empatía con la familia, con la situación, me ha helado la sangre, y me ha hecho acordarme del Sr. Fernández y de todos sus vivos y muertos…

Esa falta de empatía, ya se ha visto, durante la pandemia, y mientras morían las personas solas, en una habitación de hospital, dónde ni almohadas había en alguna de ellas, se organizaban los vacunatorios VIP.

También recordé aquél caso, que también me pregunté sobre el alma del ser humano, de aquél padre, que siendo de una provincia, tenía muy cerca el hospital de una localidad de la otra, y cargando con su hija en brazos, la policía de la otra provincia, no le dejó pasar (
Argentina es un estado federal, con funcionamiento anómalo en temas como los fiscales, pero que mantienen a rajatabla eso de las fronteras provinciales), y al final la niña murió…

Y tantos y tantos casos, y tantas situaciones que leo y que me cuentan mis amigos, que provocan dolor y angustia a los que no somos argentinos, y, además estamos fuera.

¿Dónde está la preocupación de los gobernantes y de los políticos, la empatía, la angustia, diría, que tendría que provocar al ver, oír y leer hechos de esta naturaleza?

La economía es fundamental para la buena marcha del país, y para que la sociedad mejore, es decir, que mejoren las personas, en su calidad de vida (social y económicamente), pero sin duda alguna, la sociedad argentina tiene que pensar muy bien, que quiere para sus nietos, no ya para sus hijos, que seguramente no verán esos cambios.

Argentina es un país quebrado, pero la quiebra brutal y principal, es la social, y, si se quiere ir saliendo, se necesita que la sociedad, los argentinos reaccionen de una vez por todas, y echen a todos estos, causantes o cómplices de esta situación. En los últimos 80 años, solo ha habido pequeños momentos de esperanza. Espero que estas PASO, pero fundamentalmente las elecciones de octubre, sean un atisbo de un posible inicio de esa recuperación social y económica.

Pero, que nadie se confunda, ¡no ha habido ni habrá salvadores de la patria!, así le ha ido al país, porque siempre se confió en un salvador de la patria, y en la próxima cosecha… Se ha perdido mucho tiempo. Se han perdido muchos trenes, y ahora hay que subir, con el tren en marcha, en un mundo muy complicado, y, si antes no había segundas oportunidades, ahora hay que pelear para intentar tener la primera…

¡No basta decir que es el mejor país del mundo, ni que los argentinos sois los mejores! ¡Ser campeones mundiales d futbol, no es más que eso: un momento de alegría, que hizo olvidar las frustraciones diarias, pero nada más!

El mejor país del mundo, se hace con esfuerzo, con voluntad, con tiempo, con humildad, con sacrificio, mucho sacrificio… Y, el mejor país del mundo, es dónde sus habitantes, tienen buena educación, tienen progreso, tienen buena sanidad, están seguros…

¿Estáis dispuestos, todos, a hacerlo?

¡De vosotros depende! Recordar aquello que os dijo Unamuno hace muchos años, avisando ya, hace casi una eternidad: “Argentinos a las cosas”

Pues, eso, ¡a las cosas!

Barcelona, 13 de agosto de 2023

LA TAZA DE CAFÉ (El bar)

LA TAZA DE CAFÉ (El bar)

Acodado en la barra del bar, con un café delante, me sumerjo en el negro líquido, cual navegante en la mar océano. Y, ahí se abren los pensamientos, en mundos diversos, en la luz y en la oscuridad.

Lejanas, me llegan las conversaciones de los parroquianos, que con una cerveza o una copa de vino mediante, comparten sus historias, historias de tiempos pasados y presentes, agrandadas, utópicas, torpes en muchos casos, donde cada uno es el héroe de las mismas.

Ninguno escucha al otro, cada uno hilvana el cuento… se atropellan entre sí, y las palabras se cruzan, sin coherencia… mujeres, dinero, política, fútbol… A pesar del viaje de mis pensamientos, por ese mar proceloso, destaca sobre los demás, me llega con claridad su monólogo… Es un tipo culto, pero solo habla él… es una forma de “demostrarse” que sabe mucho, y de muchos temas… y, además se lo quiere hacer saber a los demás. Es una forma de empobrecerse, ya que al no escuchar a los demás, a los que también tienen amplios conocimientos y experiencias, a los que, no teniéndolos, también tienen historias, y, también son sabios de la vida.

Todo eso me devuelve a mi derrotero, y, recuerdo que, nunca me gustaron los bares, más allá de compartir un rato con amigos, con la novia, con mis compañeros de facultad, cuando poníamos conocimientos en común.

Nunca me gustaban, más allá de los ejemplos anteriores, porque mi vida estaba lo suficientemente ocupada personal y laboralmente; y no necesitaba irme de casa para pasar el tiempo, ante un café, un vino o cualquier otra bebida, y tampoco hablar con el camarero, o con el compañero de barra.

Y, si en algún momento tuve que ahogar penas, lo he hecho en casa, solo, o con un amigo. Con el tiempo aprendí, que la gran parte de los parroquianos de un bar (normalmente hombres), acudían / acuden, no para ahogar penas (qué también), sino para huir de la soledad, y de ahí, que la barra de un bar, le sirve para encontrar a otros en su misma situación, con quién comparten esas heroicidades, inteligencias, riquezas soñadas o reales, conquistas amorosas, y otras aventuras exageradas, donde uno siempre es el héroe.

Así cada uno aumenta su ego, porque cuenta lo que cree que es, a otro, que no lo va a contradecir. Y, después de la primera ronda, llega otra y otra, y las historias se agrandan, en la medida que también se suman las rondas de bebidas.

Uno que no entendía eso, a pesar que mis padres tuvieron bar (quizás por eso), me costaba tanto, entender, como personas normales, con esposa, novia, hijos, se podían pasar horas en la barra de un bar; aprendí que un bar, es como un centro de sicología, que, si no fuera, que, en algunos, se abusa del alcohol, es un perfecto centro de terapia social, y más barato que la consulta del sicólogo, y no digamos del siquiatra.

Ahora, que los curas, ya no tienen feligreses, solo queda el bar, para las confesiones, y para la socialización… Algunos aprovechan para leer el periódico, otros, con dos cervezas y dos tapas (que no se cobran), ya cenan.

Por eso, hay que cuidar a los bares, sobre todo, los de barrio y pueblos pequeños, donde los vecinos se reúnen y socializan, porque (salvo las aldeas), son los únicos sitios, donde la gente se encuentra, y se vincula con los demás, con historias reales o no, con historias de barrio, de hijos, de penas y tristezas. El bar es el sitio dónde se habla de todo, y casi nunca se cuestiona nada, salvo cuando se juega a las cartas… ¡ahí hay gente “peligrosa” que no sabe perder!

Y, me doy cuenta, que sigo acodado en la barra del bar, con mi café humeante, más negro que la negra noche, que no estoy en la conversación de nadie, porque no necesito imperiosamente, compartir mi soledad con nadie, sino es con quién esté cerca de mi vida y mi corazón… porque aún me quedan libros que leer, películas que ver, charlas con amigos compartiendo mesa y mantel, y también con los que están lejos, en la distancia, pero charlas con aquellos que me acompañan, en mi camino diario.

Y, de pronto, me siento un privilegiado, por todo eso, y porque me puedo sumergir en la inmutable taza de humeante café, en un paisaje cualquiera, en el mar, oteando el horizonte, tratando de ver en la distante tierra incógnita, e imaginar que navego por turbulentos mares, que recorro valles y montañas, y por la piel de aquél amor, tan cercano y tan lejano.

Y, al final, me pregunto, si mi café, en este bar, ¿solo es una excusa para sentirme parte de esta sociedad?

¿Lo es? La duda seguirá ahí, por mucho tiempo…

¡Por cierto, dentro de unos minutos, comienza la partida de tute!

 

Arteixo, 18 septiembre 2022