Estas
manos, hoy camino de la artrosis, cobran vida propia y siendo parte de uno, han
seguido su propio camino. Estas manos, que en algún momento fueron puños, puños
cerrados de rabia, puños que golpearon… puños que se cerraron ante la
ignominia, ante la injusticia, y por qué no decirlo, ante la tristeza… Estas
manos que amaron, que acariciaron, y se cerraron en torno a las tuyas, estas
manos caminan hacia el declive… Estas manos pequeñas, imperfectas, ásperas casi
siempre y pronto arrugadas…
Estas
manos que guardan sus recuerdos, como tesoros del alma, y que se abrieron para
saludar al amigo, al conocido y hasta al desconocido y al adversario… Estas
manos que se abrieron para saludar el nuevo día, después de noches de insomnio,
de noches de amor profundo y desatado…
Estas
manos que te amaron y te recuerdan… Estas manos que hoy te escriben en el aire,
y te envían su amor en el viento del otoño cálido que nos acoge y sobrecoge por
momentos…
Estas
manos que abrieron y cerraron libros de la vida y la existencia, así como de la
flor amada, acariciando cada pétalo, cada hebra de tu pelo, cada rasgo de tu
rostro… Estas manos, que viajan en la conversación con el amigo, con los hijos
y con las nubes del firmamento…
Estas
manos que hoy escriben sus recuerdos, sus memorias impregnadas en las yemas de
los dedos, de esos dedos que recorrieron tu cuerpo en mil caricias tantas veces
soñadas… Estas manos que hoy se abren con dolor y en el dolor del tiempo y el
olvido, del pasado no recuperado, pero tampoco olvidado… del futuro lejano y
ausente, del presente que ya es pasado y
también futuro…
Estas
manos, que ya no escriben versos, versos sentidos y no rimados, que querían
expresar, aquello que no podía ni sabía expresar de otra forma… Esos versos que
ya no se escribirán, y que estas manos, no saben dar forma a las letras, las
palabras y las frases… Estas manos, que ansían y desean… Estas manos, que
alguna vez fueron puños cerrados, y hoy… hoy, solo son manos extendidas… al amor,
al amigo, al conocido y a todo aquél que la quiera estrechar y llegue con buena
voluntad…
Estas
manos que recorrieron cientos de caminos, y guardan un recuerdo de cada uno de
ellos, de las rosas y las espinas… de la alegría y la tristeza… Estas manos que
dibujaban tu silueta en el aire y besaban a las tuyas…Estas manos que abrazaron
cuerpos temblorosos, tratando de transmitir amor, consuelo… o simplemente decir
“aquí estamos”…
Estas
manos que se siguen abriendo a la vida, al abrazo, a la caricia y al llanto…
Estas manos que tus lágrimas han enjugado y con las mías mezclado… Estas manos
que te siguen extrañando… Estas manos… Estas manos que te siguen amando… Estas
manos que ya no son puños, estas manos que con dificultad se abren, simplemente
esperando, esperando… ¡el milagro!
Barcelona,
15 de octubre de 2017