11 de mayo de 2020

CORONAVIRUS I: Historia de un despropósito - Inicio


1.  Introducción

Como ciudadanos, tenemos derecho a que nuestros gobernantes (en todos los niveles) que se ocupen y preocupen de TODOS los gobernados, es decir, de TODOS NOSOTROS; las personas que conforman la sociedad de un país, sin discriminación de ninguna clase, sobre todo en aquellas situaciones críticas y extremas.

Sabemos por experiencia, que pocos o ninguno de los políticos cumple con el deber hacia los ciudadanos, en su quehacer habitual.

Sin embargo, es en las situaciones críticas, cuando el político “normal” tiene la oportunidad de dejar de lado sus intereses partidarios, y, hasta su mediocridad para convertirse en líder…

El mundo está viviendo una de sus mayores crisis, y, hoy más que nunca, está necesitado de líderes arrojados y valientes, para hacer frente a esta crisis.

El virus, el maldito virus, se ha originado en China. No es el primero que aparece en ese país, ya que, en los últimos años, ya llevamos 3 o 4 pandemias, cuyo origen siempre ha sido China… ¿casualidad o causalidad?

¿Por qué ha sucedido esto?
¿Quizás por la tremenda diferencia social que todavía existe en un país de 1.300 millones de habitantes?
¿Quizás porque el control alimentario no funciona y no existe en la mayor parte del país, manteniendo prácticas prohibidas en el mundo desarrollado, con una cultura específica y especial, respecto a los animales salvajes y vivos?
¿Quizás porque además de lo anterior, a alguien se le ha escapado el virus?
¿Quizás porque es una forma de intentar destruir la economía internacional, fundamentalmente la del mundo occidental y desarrollado?

No lo sé, y, supongo que la mayoría de los ciudadanos del mundo tampoco lo saben, por otro lado, me temo, que nunca lo sabremos… aunque sospechas, sospechas las hay…

Por otro lado, y, con estos antecedentes, muy cercanos en el tiempo, hemos infravalorado el riesgo, porque nos quedaba muy lejos, allá en China… y, además viendo la actuación del gobierno chino, cerrando a cal y canto una ciudad y parte de una región, ayudó a esa infravaloración… actuación, que, por cierto, también se ha trasladado a la información, la cual evidentemente ni ha sido, ni es transparente, tanto en tiempo como en forma…

Los ciudadanos, con la información recibida, incluso la facilitada por nuestro gobierno, y que además solemos tirar de estereotipos, para apoyar la infravaloración, podemos hacerlo…

De China, se pasó a Italia, con una virulencia inesperada y brutal… aquí ya vimos, el peligro más cerca, y aún sorprendidos por la extensión y la rapidez, pero seguimos infravalorando… ¡estos italianos! ¡con el sistema sanitario que tienen, y la despreocupación inicial, no es extraño que les pase algo así!

Mientras tanto, nuestro gobierno seguía diciéndonos que aquí no había peligro de tener la misma situación…

Insisto, los ciudadanos de a pie actuamos no solo por lo que pensamos, sin ser justificable, pero nos basamos en lo que nos dicen quienes nos gobiernan, cosa bastante normal…

Ahora bien, que nuestros gobernantes, rodeados de expertos y científicos (se supone), asesores de todo tipo y pelaje (mal que habría que corregir), que piensen y sobre todo actúen según esa premisa de infravaloración, no solo es intolerable, sino que es totalmente inadmisible… ¡para esto nos sobran todos!

Se ha minusvalorado, y me atrevería a decir, que se ha despreciado el riesgo… y así llegamos al día de hoy… Miles de infectados detectados, miles o cientos de miles no detectados (los asintomáticos), y una cifra de muertos importantísima, ya que él % que mostraban las estadísticas, estaba entre el 2,5 y 3% de fallecidos (otra mentira) se ha superado con creces… ¡y ya veremos hasta dónde se llega! En Italia se está alrededor del 9%, por lo que el número de defunciones puede crecer exponencialmente… ¡Hablamos de muertos, no de números!

Mientras tanto, los hospitales están colapsados (Madrid), y escasean los materiales de protección, poniendo en riesgo a los enfermos, a las personas insustituibles, como es todo el personal sanitario…

Barcelona, a 22 de marzo de 2020


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