Terminaba la primera parte
de este nuevo capítulo de este cuaderno, hablando sobre el pesimismo que se
podría entender de todo lo escrito hasta ese momento…
También, dejaba en el aire
las siguientes preguntas:
¿No hemos aprendido nada a lo largo de la historia de
la humanidad?
¿Qué somos? ¿Qué queremos ser?
¿LOBOS PARA
NOSOTROS MISMOS?
La realidad es que la
humanidad, tal como la conocemos hoy, es muy joven, en un mundo de millones de
años, 50 o 100.000 años son pocos, y, no hace falta ir tan atrás en el tiempo…
Por eso, el comportamiento, a veces es de niños y no de adultos racionales y
evolucionados…
La otra realidad, es que
sí, que hemos aprendido poco, muy poco… y, sobre todo aprendimos y continuaremos
aprendiendo poco, porque ignoramos el pasado, somos analfabetos históricos… ¡no
conocemos ni la historia de nuestros pequeños pueblos!
Y, desconocemos la
historia, porque no nos interesa demasiado, y, además porque hay mucha gente
interesada en que seamos ignorantes y analfabetos funcionales… la educación y
el conocimiento verdadero, profundo y reflexivo le interesa a muy poca gente…
lo más fácil, lo más cómodo es la banalidad…
En el mundo desarrollado,
porque el consumismo, que no el consumo, se ha convertido en el dios rutinario,
y a pesar del mayor desarrollo y bienestar de la historia, nos abotargamos y
conformamos con aquello que nos dicen… Jamás, ha habido tantas posibilidades de
aprender, de conocer, de enriquecimiento cultural y científico y humanista… sin
embargo, la evolución ha sido y sigue siendo muy lenta… y, de tanto en tanto,
surge una crisis –antes era una guerra- para “poner las cosas en su sitio”; una
crisis económica, una crisis financiera, una crisis política… o todas a la vez…
la cuestión es impedir el desarrollo de las personas en su justa medida, en su
justo término, en su justa capacidad…
En el mundo no
desarrollado, porque simplemente, no le interesa a casi nadie o nadie, que se
evolucione… por eso, los accesos a la educación, a la sanidad sobre todo, son
difíciles y además, se hace nada o menos que nada, para dar oportunidades y,
sobre todo instrumentar los medios necesarios y adecuados para mejorar la
educación y la salud de sus habitantes… Ahí, están las cifras, para quién las
quiera ver…, y, lo que sí es meridianamente claro, es que una población sin
educación, sin sanidad adecuada y sin libertad, es una población manipulable
fácilmente, pero además, se puede convertir en un arma terrible… brutalmente
terrible y violenta…
La otra realidad, y,
quizás más dolorosa, es la propia actitud personal de cada uno de nosotros…
nuestras pocas ganas de aprender, de cuestionarse aquello que nos cuentan, que
en muchos casos, suenan a cuentos infantiles… a creer a unos o a otros, sin
analizar las razones, los porqué y los para qué… Esperamos que otros lo hagan
por nosotros… así tenemos a quién echarle las culpas… Con eso evadimos nuestra
responsabilidad ante la vida, ante los demás, pero sobre todo ante nosotros
mismos… Nuestros miedos, nuestra comodidad son nuestros peores enemigos…
Cada
uno defiende su pequeña parcelita… su finquita… y no la finca general, la de
todos… así, cuándo vemos grandes o pequeñas manifestaciones en favor de la
educación, de la calidad de la misma, de su acceso público y gratuito, como en
otros sectores, en realidad, lo que están pidiendo es mantener su statu-quo… su
situación, sus privilegios… Esos mismos que reclaman todo eso, son los
responsables de un altísimo abandono escolar, de una disminución del nivel de
la calidad de esa educación que ellos dicen defender…
La realidad, es que casi
nada es lo que parece… lamentablemente… pero, todo eso, lo permitimos todos…
Y, de ahí devienen las
otras preguntas: ¿Qué somos? Y ¿Qué queremos ser?
¿Homo homini lupus?
No hay una sola respuesta
a una única pregunta, como es esta… ¡Hay muchas!
Tantas,
casi como personas hay sobre la faz de la tierra…
Sí, si examinamos la
historia de la humanidad, y vemos los cientos y miles de guerras habidas y
actuales… Los millones de muertos que esas guerras han costado… Solo basta
echar una mirada retrospectiva al siglo XX para darnos una idea de lo terrible
que ha sido dicho siglo, siglo al que pertenecemos la gran mayoría de la
población mundial, y, sobre todo la occidental…
La Gran Guerra del 14, la
segunda gran guerra, el holocausto de judíos, gitanos, etc., las purgas de
Stalin en la Unión soviética, la guerra chino-japonesa, la guerra incivil
española, la guerra en Indochina, Vietnam, la guerra de Argelia, la del Congo
(millones de muertos), la de Sierra leona, las hambrunas de Biafra (se acuerdan
de Biafra?), de Etiopía, de Somalia, la guerra del golfo (la primera), las
violaciones constantes y el hambre y miseria en India… la guerra de Afganistán,
el fundamentalismo islámico, la guerra de los Balcanes… los atentados
terroristas, las guerras terroristas en Guatemala, en El Salvador, en Uruguay,
en Argentina, en Colombia (terrorismo contra el estado y sus ciudadanos, y
terrorismo del estado contra sus ciudadanos), etc., etc….
Si hiciéramos lo mismo –un
repaso- por el incipiente siglo XXI, veríamos que no hemos mejorado mucho…
atentados en Nueva York, Madrid, Londres, Indonesia, Irak (guerra y atentados),
hambrunas, esclavitud, corrupción, vulneración de los derechos humanos a
diario… Todo eso está ahí, todo eso es nuestro, y, todo eso es nuestra
responsabilidad…
Sí, bajo esta perspectiva,
somos peor que lobo para el hombre… somos peor que las bestias más salvajes,
porque además, en nuestro caso, hay ánimo de hacer el mal…
Sin embargo, también
debemos ver la otra perspectiva… la que nos hace ver, que a pesar de todo lo
anterior, del horror antes descripto, hay otra visión… la visión de que si bien
avanzamos poco, a veces adelantamos 2 pasos retrocedemos uno, o incluso los
dos, seguimos avanzando, tozudamente, muchas veces sin saber ni cómo, ni cuándo
ni porqué, pero seguimos adelante… es esa actitud, la de seguir avanzando, la
que también nos distingue de las otras especies… y, ahí, está la salvación…
Por eso, existen acciones,
llevadas a cabo por personas y organizaciones, a veces desconocidas, a veces
con muchos esfuerzos, a veces en forma individual y anónima, otras en grupo y
conocidas, que trabajan para que esto cambie, y, lo hacen desde el
convencimiento y la fe en que el cambio es posible, pero nunca, desde el
fundamentalismo radical de la verdad absoluta…
Ahí están miles, millones
de personas silenciosas, que cada día van a trabajar, a intentar salir
adelante, a mejorar, y sobre todo a que sus hijos sean mejores que ellos… es lo
que hicieron nuestros padres con nosotros, lo que nosotros intentamos hacer con
nuestros hijos, y, lo que ellos harán con los suyos, y así seguirá haciéndose…
Ahí están científicos,
buscando, errando y encontrando cada día nuevas formas de curar enfermedades…, ahí están miles de médicos, de bomberos, de policías, de enfermeras/os, de maestros, curando, salvando, velando, atendiendo, enseñando... todos ellos, como tantos otros, en silencio, desarrollando una labor a favor de los demás...
Ahí estuvieron, esos
grandes hombres y mujeres que desde la antigüedad clásica de Grecia y Roma, y
antes de Egipto y los pueblos de la Mesopotamia, nos han legado hasta nuestros
días… qué lástima que sepamos tan poco de ellos y de sus enseñanzas… Ahí
estuvieron todos aquellos, que a pesar de los terribles vaivenes de la historia
de la humanidad, hasta en los momentos más oscuros, nos han legado sabiduría,
monumentos, pinturas, música, literatura… y, ahí están los de hoy, y estarán
los de mañana… Sólo necesitamos escucharlos, leerlos, admirar sus obras,
aprender…
Ahí han estado Gandhi, Vicente
Ferrer, y otros muchos… ahí está, todavía, Nelson Mandela… que a propósito, no quiero
dejar pasar la oportunidad de incorporar unos fragmentos del discurso de
Mandela, cuándo tomó posesión de su cargo como presidente, allá por 1994, y que
se publicó el pasado 5 de julio, en el Periódico de Catalunya, en un artículo
de opinión, cuyo título era “Mandela al ataque”, el cual no tiene desperdicio.
Dijo Mandela en aquel
lejano ya año 1994:
«De una desmesurada catástrofe humana debe nacer una sociedad de la que
la Humanidad se sienta orgullosa» mientras
mandatarios de 140 países le escuchaban, y después de tantos años en la cárcel,
y sólo después de 4 años de haber salido de aquella celda, y haber acabado
oficialmente el apartheid, aquél sistema miserable y terrible, dónde unos
pocos, habían mantenido en a la mayoría de la población en un estado espantoso,
negándole lo más fundamental, el derecho a ser igual, el derecho a ser
personas, aquel hombre decía: «había llegado el momento de curar las heridas», «Hemos
triunfado en nuestro intento de implantar esperanza en el seno de millones de
los nuestros».
Y, no me
resisto, a copiar literalmente lo que escribe el articulista, y que reproduzco
a continuación:
“Cuando
hoy la amargura colectiva se percibe en cada esquina, es de prescripción
obligatoria volver a las palabras de Mandela porque curan. «Debemos actuar para alentar
el nacimiento de un nuevo mundo. Que haya justicia y paz para todos. Que haya trabajo,
pan, agua y sal para todos. El sol jamás se pondrá sobre un logro humano tan
esplendoroso».
Madiba
-su nombre tribal se está muriendo. ¿Habrá nacido ya algún líder de su estatura
para el siglo XXI?
¿O
deberemos resignarnos a la miseria moral de quienes gobiernan hoy el mundo?”
No, no debemos resignarnos, aunque
tengamos que realizar un gran esfuerzo personal y colectivo cada día… Aunque no
haya hoy, líderes en el mundo, que sean capaces de ponerse al frente de todos
aquellos que todavía seguimos creyendo en la humanidad y en otro mundo, en que
otro mundo es posible…
Aunque los líderes actuales estén
sometidos a la dictadura del capitalismo financiero, que no tiene patria ni
dios… solo tiene la especulación por bandera, pero, las crisis son nidos de
oportunidades, y ahí, en algún rincón de la tierra, ahí estarán esas personas,
hombres y mujeres, que en algún momento saldrán y liderarán este gran cambio
que la humanidad necesita…
Ahí está el AMOR, la AMISTAD, la COLABORACIÓN,
que puede enfrentarse al odio y al rencor, a la animosidad, al individualismo
destructor del propio individuo, de la propia persona…
Ahí, está la fe para
algunos, la ética y la moral para otros, que siempre serán positivas y
enriquecedoras del espíritu humano, mientras respeten al otro, a su pensamiento
y obra, en tanto y en cuanto a su vez también respeten a los demás…
Ninguna fe, ninguna ética
ni ninguna moral es buena, si conlleva el ataque al otro, al diferente, al que
piensa distinto, al que viste distinto, al que ora a un dios o a otro o a
ninguno… Todas son buenas, mientras se respete el derecho del otro a ser y
pensar diferente…
De lo contrario,
volveremos al “hombre, lobo para el
hombre”, y eso no es más que bajar a los infiernos, y de los infiernos
posiblemente nunca se regrese…
Según Dante, del infierno
nunca se sale… y, así deja constancia en la Divina Comedia, cuándo en la
primera de las siete puertas que había que atravesar para llegar al infierno,
aparecía la siguiente inscripción:
“Tú
que estás aquí, deja fuera toda esperanza”
La realidad, es que no
hace falta bajar a las entrañas de la tierra, para llegar al infierno, ya que
el infierno, lo tenemos aquí arriba, vivimos en él, si nosotros queremos que esto
sea un infierno… a veces lo es, en muchas, demasiadas veces lo es, pero, SÍ podemos salir y también podemos no
llegar NUNCA a él. Depende de nosotros, de nadie más… y, eso exige abandonar
las comodidades, las banalidades y esperar que sean otros los que resuelvan el
problema…
Tal como ya indicaba en la primera parte de este capítulo, fue Thomas
Hobbes, filósofo del siglo XVII, quién popularizó la frase de Tito Macio
“Plauto”, en su obra Leviatán, dónde da por
sentada la existencia del egoísmo en el
comportamiento de los seres humanos,
aunque la sociedad intente corregir ese comportamiento egoísta favoreciendo
la convivencia.
Sin embargo, creo que aquella frase incorporada al final de una comedia, y
elevada a los altares por Hobbes, no tiene sentido alguno, porque, como el caso
de la existencia del destino, si todo eso fuera cierto, si todo estuviera ya dicho,
¿De qué servirían todos los esfuerzos realizados hasta ahora, los que se están
y seguirán realizando en el futuro?
Si eso fuera así, para que
continuar… no habría esperanza para nada ni para nadie…
Y, ¿qué es la vida sin esperanza? ¿Qué es la vida sin AMOR?
¡NADA!,
¡Absolutamente nada!
Por
lo tanto, abandonemos nuestro sillón cómodo, nuestra “neutralidad”, nuestra “tranquilidad”
y démosle la vuelta a la vida… aprendamos de nuestros errores, de nuestros
antepasados, de nuestro presente y preparemos un camino mejor para nosotros,
pero también para los que vendrán detrás de nosotros…
¿Homo homini lupus?
A
veces sí, pero no siempre, ni todos… Ya hemos amaestrado a los lobos en el
albor de los tiempos… ¡es cuestión de
seguir haciéndolo…y acabar con los lobos humanos!
“Alzaos
una y otra vez, hasta que los corderos se vuelvan leones” Película: Robin Hood
Bcn,
junio / julio de 2013