Hace unos pocos meses, falleció la dama de la canción,
María Dolores Pradera.
Ella se fue, pero nos dejó sus canciones, sus muchas,
variadas y hermosas canciones. Una de esas canciones, versionada por ella es “Amanecí
en tus brazos”, de José Alfredo Jiménez.
Escuchar esta versión y no
recordarla, prácticamente es imposible, a pesar que ha sido interpretada por
tantos y tantos cantantes, por el momento, me quedaría con 3 o 4, además de la
mencionada María Dolores Pradera, estaría el propio José Alfredo Jiménez,
Javier Solís…
¿A qué viene todo esto? A no dejar que pasen por mi
vida, las canciones y la música escuchadas oídas y sentidas…, ¡nuestras emociones!. Uno no es de aquellos que tiene una canción,
que es la canción… Uno tiene en su vida, vivencias, amores, dolores, tristezas
y alegrías y música de sus tiempos…
Cualquiera puede escribir algo bellísimo, sin embargo,
si no lo siente cuando lo escribe, difícilmente nos transmitirá emoción alguna…
Muchos son los cantantes excepcionales pasados y presentes, pero si no logra
transmitir la emoción y el sentimiento de la canción, solo es una distracción
pasajera, un divertimento… Y, en este recorrido me fui encontrando con
canciones que me emocionaron y me siguen emocionando tanto o más que antaño… Y,
curiosamente, hace pocos días se publicó una lista de las canciones más
tristes, pero como siempre, la lista es anglosajona o incluso casi exclusivamente estadounidense,
y eso no representa ni mucho menos al mundo de la canción…
También es cierto, que la mayor o menor tristeza,
tiene mucho que ver con la situación emocional de cada uno, y, aunque la letra
sea muy triste, posiblemente quién la interprete no logre llegarnos al alma…
Con la música, así como con el arte en general, no es
cuestión de entender, sino de sentir, de sentir que nos llega al corazón, y eso
nos pasa con una pintura, una escultura, una canción, una obra de teatro, un
libro… ¡si no hay emoción, no hay arte! Y, como en el arte, también en la
música, aprendí a ser ecléctico, a no ser fanático, y a considerar todo aquello
que me emocionaba y me emociona… y hace que sintamos nuevamente que estamos
vivos…
Además, (¿casualidad?) hoy en la radio, escuché cantar
“Amanecí otra vez”, por la componente del dúo hispano argentino “Madre Tierra”,
y me invadió la emoción… y, en el silencio, de un día de ferragosto, pero con
aire acondicionado, comencé a escribir en líneas mentales, dispersas y
anárquicas sobre las canciones y las emociones, pero sobre todo, sobre la
canción escuchada… Canción, que a los que ya tenemos una edad, nos ha
emocionado y encendido el pensamiento…
Y, me pregunté ¿Quién no ha tenido un amanecer así?
¿Quién no ha pensado o soñado en tenerlo? Porque si no lo has tenido, pensado o
soñado, ¡no has vivido! Y si lo has perdido, tu vida vale poco…
“Amanecí
otra vez, entre tus brazos…” y te miré en
silencio, preguntándome que había hecho para merecer tanta felicidad… Como cada
día, desnudos de alma y cuerpo, recibimos el nuevo día… A veces me despierto y
te encuentro mirándome, abrazada a mí, con una tierna sonrisa… que invita a la
vida, “y me querías decir no sé qué
cosas, pero callé tu boca con mis besos…”
y el mundo desapareció, los problemas se han ido, el banco, los
clientes, los proveedores, los pacientes, el resto del mundo se evapora y no
importa nada… todo se diluye, todo se soluciona, al sentirte arrullada en mis
brazos en este amanecer, tanto da que sea invierno, verano, primavera u otoño…
lo importante es amanecer en tus brazos, otra vez…
¿Cómo no va a emocionarme esta canción, si retrata los
días más felices de mi vida pasada? ¿Cómo no voy a sentir, si automáticamente
el pensamiento vuela hacia aquellos momentos, cuando amanecíamos juntos,
abrazados o con una mano de uno pegada al cuerpo del otro? ¿Cómo no voy a
emocionarme por la alegría que siento por haberlo sentido y vivido? ¿Cómo no
voy a emocionarme hasta las lágrimas, por los amaneceres vividos y también los perdidos?
Por eso, las canciones arrullan mis emociones y las
destapan y las despiertan, cuando las creía encerradas en el tarro de las
esencias y dormidas en algún rincón del alma…
¡Ay de aquél que no lo haya sentido y vivido! ¡Ay del
que no tenga esperanza de vivirlo o volver a vivirlo! ¡Ay de todos ellos, de
todos nosotros, porque estamos muertos!
“Cuando llegó la noche, apareció la Luna, y entró por
la ventana, que cosa más bonita cuando la luz del cielo iluminó tu cara" Hundí mi rostro en tu pelo aspirando tu perfume y
maravillándome de estar juntos, mi mano acaricia tu costado, recorriendo
despacio tu piel suave y fina, mientras mis labios buscan tu cuello… mientras
la luz ilumina tu cara y tu cuerpo medio desnudo como una aparición, mientras tu
respiración tranquila y una tenue sonrisa en tus labios, acompañan tu sueño …
mientras yo te miro, te velo y admiro…
Amanecí otra vez, entre tus brazos…
te mueves con movimientos felinos, mientras intentas desesperanzarte, y mis
labios buscan los tuyos, acallando tu boca, y mis manos buscándote… Y así
pasaron muchas, muchas horas, y así
pasaron muchas, muchas horas…
El tiempo detuvo su andadura, la luna llora sangre en
la noche oscura, y despierto con una sensación agridulce en mi corazón, mientras abrazo la almohada, que algún día recogió tu cara…
Amanecí en tus brazos otra vez… tiempo ha…
Amanecí en tus brazos, otra vez, me desperté llorando, cobijé mi cara entre mis manos, para seguir
amándote… allí donde estés…
Barcelona,
7 de septiembre de 2018
https://www.youtube.com/watch?v=LZCnr3jfYP8
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