¿Morir?,
¡No! ¡Sufrir es la cuestión!
Todo tiene un principio y un final, comenzando por la
propia vida…Sabemos, aunque muchas personas parecen no querer saber, que en
algún momento moriremos.
¡Somos finitos y endebles! Lógicamente que nadie quiere
morir, y menos en pleno desarrollo de la vida… Pero, deberíamos prepararnos
para ese día. Como seres humanos, y, por lo tanto, con un alto grado de idiotez
y de irracionalidad, nos creemos inmortales, y como en otros órdenes de la
vida, ni aprendemos ni nos preparamos para la muerte… Y, para ello, no hace
falta hacer un doctorado, ya que como todo, es cuestión de actitud y 5 minutos
de racionalizada emoción…
En mi caso, nunca le temí, quizás porque desde pequeño
me ha rodeado o porque en mi irracionalidad soy bastante racionalidad…
El hecho es que, a medida que se van acumulando años
en nuestras espaldas, y por ende, está más cercana, toda posible duda ha ido
desapareciendo… Y así, la cuestión es, que vivir no es respirar y transitar por
este mundo, sino como se vive y se recorre el camino, por lo tanto, erramos el
tiro, ya que el objetivo es vivir, no morir, pues morir es la única certeza de
nuestra vida, pero no se agota en el morir, sino como se muere… como se llega
al final…
Decía que no le temía a morir, pero sí me preocupa y atemoriza
sufrir… porque vivir más tiempo con sufrimiento o mermado de facultades físicas
y/o mentales, no es vivir, y por ello no merece la pena transitar por ese
camino, un camino lleno de dolor, sufrimiento y esfuerzos de uno y para
aquellos que nos rodean.
He visto por dentro una residencia para ancianos,
dónde la atención y el cuidado es muy alto, y cuyas dependencias más a un hotel
de 4 estrellas que al tan mentado “geriátrico”.
Veo a muchos de las personas residentes, con Alzheimer,
dificultades para caminar, sillas de ruedas, andadores… solitarios, callados,
tristes… dónde un grupo de jóvenes intentan distraerlos, divertirles,
leyéndoles, explicando las noticias, jugando al bingo, a las cartas… canciones,
incluso excursiones…
Me he pasado horas en la sala común, dónde se
desarrollan parte de las actividades mencionadas, y he observado que todos
ellos, siendo muy diferentes entre sí, por condición física y mental, decía que
todos ellos tienen algo en común: ¡su mirada!
Una mirada triste, alicaída, que muestra su falta de
ilusión, su falta de esperanza… Incluso cuando están con las personas que le
visitan, amigos, familiares, esa mirada apenas cambia…
A pesar de ser un grupo importante, compartiendo o no
habitación con otra persona, el otro sufrimiento, el otro “factor” del tránsito
en su última etapa del camino, aún más duro que otros es la SOLEDAD.
Están en compañía, pero están solos, respiran, comen,
orinan, defecan, pero ya han comenzado a morir. Están solos, y no son libres…
están sujetos a normas, a horarios con gente que no conocen ni reconocen como
su gente, aunque mentalmente estén perfectamente.
El problema no es morir, el verdadero problema es el
sufrir… solos siempre aunque estén acompañados. Solos y atados a normas que no
son las suyas, a un espacio que no es el suyo, a unas personas que no son las
suyas…
La cuestión no es morir, ¡sino como se llega a la
muerte!, y parafraseando a Bill Clinton, ¡Es
el sufrimiento estúpido, es el sufrimiento!
¿No hay mejores formas de recorrer el último tramo del
camino? A nuestros gobernantes que tanto se desgañitan y esfuerzan en
cuestiones inútiles, hay que exigirles, la aportación de soluciones para
recorrer el último camino con normalidad y en libertad… Pero, como siempre,
están muy ocupados en gritarse unos a otros, y no escuchan a los ciudadanos…
La
cuestión no es morir, ya que moriremos todos, la cuestión es vivir bien y morir
bien… ¡Esa es la cuestión!
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