26 de diciembre de 2017

¿CONOCEMOS, NOS CONOCEN?

Vivimos, compartimos vida, pasiones, sueños, dolor, tristezas, alegrías, rabias y decepciones… y creemos conocernos, conocernos en toda y con toda intensidad.
Padres, hermanos, hijos, amigos, amadas y amantes, a todos creemos conocer… ¡cuánto engaño!

La realidad nos demuestra a cada instante, que por mucho que creamos conocer a alguien, resulta que no es así… Aquella persona a la que amamos y nos ama, a la que creemos conocer, saber cómo se piensa y que se piensa, sus reacciones, sus dudas, sus miedos, sus supersticiones… un día nos sorprende, en esa realidad cambiante, y de pronto, no entendemos ni comprendemos nada de lo que dice y hace…

¡Todo cambia! Incluso nosotros mismos, cambiamos sin darnos cuenta… y, también cambian los demás…

De ahí nuestra decepción, nuestro dolor, nuestro desengaño y nuestra sorpresa, cuando aquella o aquellas personas que creemos conocer, de pronto son distintos.

Nos ven o los vemos como extraños, incluso raros… El amor se convierte en desamor, a veces incluso en odio y desprecio; la amistad en enemistad o en alejamiento, la simpatía en antipatía… la cercanía en lejanía…

Y, se corre el riesgo de perder no solo el presente que ya es futuro, sino también el pasado, que es vida vivida, compartida y amada, haciéndote más pequeño, más imbécil, más frío, más insensible, y por lo tanto menos humano…

En el medio de todo esto, siempre aparecen los “salvadores”, los “intermediarios” profesionales o no, los libros de autoayuda, la consecución de la felicidad fácil que nos venden cada día los medios de comunicación, el marketing de la felicidad… Y, recorremos al camino fácil, a ponernos en sus manos, olvidándonos que el problema, si existe el problema, está en nosotros y, somos nosotros los que debemos buscar y encontrar la solución, porque cada uno de nosotros tiene una solución única, porque cada uno de nosotros, somos únicos, y la “felicidad” eterna y constante no existe, así como estar en todas partes es imposible, así es el logro de una felicidad total y absoluta cada día de nuestra vida…, idealizamos todo y a todos, que luego vienen las decepciones, y, dejamos que nos idealicen, por lo que participamos en el circo completo, que en algún momento se le hundirá la carpa, y tapa a todos los actores del mismo, que al final, es la vida misma…

Y, al final siempre queda la duda: ¿Podemos conocer a alguien, cuando no nos conocemos a nosotros mismos?



Barcelona, 25 de noviembre de 2017

No hay comentarios:

Publicar un comentario