En un día cualquiera, en una hora cualquiera, uno para un
taxi, un taxi cualquiera…
Normalmente entre conductor y pasajero, no se pasa de las
formalidades: ¡Buenos días!, ¿adónde? Y, a lo sumo se habla del tiempo o de los
políticos…
El conductor y el pasajero, apenas se miran y rara vez se
ven… En todo caso, no pasa de una mirada a través del retrovisor del primero al
segundo, y, de una mirada al perfil del segundo al primero… rara vez el
pasajero mira al retrovisor, que es dónde encontraría la mirada del conductor…
Hoy, sin embargo, ha sido levemente distinto… Me recibe
el conductor con un saludo muy adecuado, y, además al indicarle el destino, me
responde “con mucho gusto”, inhabitual, que a las 7 de la mañana, uno agradece
profundamente… y le hace creer todavía que hay personas educadas en este mundo…
Una música a volumen más bien bajo, que en principio no
identifico plenamente, pero sí que reconozco como hispanoamericana… hasta que
al cabo de unos minutos, “ficho” como una cumbia…
El diálogo comienza con lo de siempre: “parece ser que
vamos a tener buen día por fin…” hasta que la climatología nos lleva a los
terremotos, deslizamiento de tierras y lluvia, y esto a su país de origen, que
él me indica: ¡Colombia!
Eso nos lleva, al tiempo que lleva en España, y de ahí a
su familia, a sus deseos de volver, que se está planteando hacerlo… y de ahí,
nos vamos al llamado síndrome de Ulises…
No soy de aquí, ni soy de allá… ¡No sé de dónde soy! Me acompaña un sinsabor, una insatisfacción
extraña, que no deja estar bien en ninguno de los dos sitios… Comentamos, que,
hay que adoptar y adaptar lo mejor de ambos mundos, el del pasado, los amigos,
la familia… a este nuevo, que en su caso, es sin familia…
Me habla de sus hijos y de su esposa… de un hogar que
dejó y que nunca más recuperará… Le hablo de los amigos que ya no son amigos,
del pueblo que ya no es el pueblo de uno… que todo es diferente, que todo
cambia, porque cada mundo avanza por caminos diferentes y a ritmos diferentes,
y la visión de los que nos fuimos se ha hecho distinta… porque uno es distinto…
Otro Ulises que piensa en Ítaca, en su Penélope, en su
Telémaco… Está pensando en volver… extraña el mundo que dejó atrás…
La cumbia sigue sonando, como un suave murmullo, que arrulla
sus horas de trabajo, es su pequeño hilo que lo mantiene en contacto con la
tierra… con su origen… con sus raíces…
Posiblemente, los domingos se reúna con sus amigos,
muchos o todos, paisanos… comerán comida colombiana, recordarán sus pueblos, su
gente…
Dice que no le ha ido mal… tiene su casa, su negocio… que
vuelve casi todos los años… pero el hogar, su hogar, aquél que dejó ya no es el
mismo…
Una de sus hijas ya está casada, me dice al llegar a
destino… está esperando que en pocos días obtenga la nacionalidad española…
regresar a su tierra y proponerle a su esposa y a sus hijos venirse para
España, ya que con la nacionalidad, todo será más fácil…
Y, al final este nuevo Ulises se debate en la
incertidumbre:
¿Retornar
a Ítaca ó quedarse, echar raíces, otras raíces, en una de las islas que le ha
acogido?
Haga
lo que haga siempre será un nuevo errante… pero tus mundos, tus mundo, amigo,
siempre irán contigo
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