Todo muta, todo cambia, nada permanece a lo largo del tiempo…
Un tiempo viejo se acaba, y un tiempo nuevo nace… Como todo nacimiento, es
doloroso, incierto y hermoso…
Mientras que la muerte del tiempo viejo es doloroso nada más, durará un momento
o una vida entera, siempre depende del deseo de volver a nacer… y, del papel
que uno quiera adoptar en el duelo: el de víctima eterna ó, simplemente el que
asume que todo fluye, que todo cambia, y que la muerte de cada tiempo, es parte
de la propia vida.
Muerte y vida de tiempos, de espíritus y de momentos… una etapa acaba y
otra comienza en paralelo… en una está la muerte, en la otra el renacer… en el
mismo cuerpo, en la misma mente, en el mismo espíritu…
Muerte y vida en el mismo ser… en el mismo momento, de un tiempo que ya no
es, y de otro tiempo que todavía ha de ser…
Duelo y alborozo, a coordinar, a sufrir y para convivir en el mismo
instante…
¡Es la vida misma! Sólo nos queda aprender a que nada es eterno, ni
siquiera duradero, que a toda etapa sigue otra, y que al final ¡todo es un
momento…!
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