A veces, necesitamos que todo vuelva a cobrar sentido, que las piezas
encajen de nuevo y mirar la vida con perspectiva…
¿Estamos dónde queremos estar?
¿Hacemos lo que queremos hacer? Lo dice Paulo Coelho en su nuevo libro,
Alpha (Planeta): “hoy comienza tu nueva vida”. ¿Por qué no?
Frente al mar, el papel de mi libreta agitada por el viento, en esta
hermosa bahía de Palamós, pienso en la forma de encajar nuevamente las piezas,
y, que todo vuelva a cobrar sentido en esta vida mía, tan desencajada en los
últimos tiempos, o, quizás un proceso de encaje en una vida totalmente distinta,
ignorada e incierta, aunque posiblemente deseada…
En realidad cada día, comenzamos
una nueva vida, aunque no seamos conscientes de ello, y, aún no deseándolo… El
círculo constante de nacer, crecer, madurar y morir es inmediato, y no se puede
medir en el tiempo, a pesar que pretendamos atrapar el tiempo en una mano y
controlarlo con la otra, sin pararnos a pensar, que quizás, ni el propio tiempo
exista, y, que como muchas otras cosas es una invención humana, en este afán
sin fin de querer controlarlo todo, cuándo la realidad, es que no controlamos
nada, siendo como somos, unas lágrimas en el medio de la lluvia, en la cual se
pierden… se diluyen…
Para poder encajar las piezas de nuevo, es menester que todas ellas, estén
fuera, desencajadas… y, así poder ir encajando una a una, poco a poco, de
nuevo, esas piezas en función de lo que uno quiera ser y pueda ser…
Uno debe encajar demasiadas piezas, que corresponden a la vida profesional,
a la personal, y, aún siendo dos tipos de encaje y de reordenamiento, al final
deben conjugarse y coincidir en una sola: ¡la
vida!; esa vida nueva que se debe buscar y encontrar, regenerando, creando
y eliminando elementos nuevos y viejos para reconstruirse… nuevamente…
De hecho uno se ha reconstruido en muchas oportunidades en la vida
temporal, y, toda reconstrucción, toda regeneración, todo nacimiento tiene dos
caras: la del dolor del parto y la felicidad de la nueva vida… Incluso ha
buscado esas nuevas vidas con ansia… ¿Es
así en esta oportunidad, también?
Posiblemente sí, pero cada vez cuesta más, y, no porque uno se haya
convertido en más reflexivo, en más “sabio”… sino, porque uno es más lento, más
cómodo, está más cansado, y más viejo… Cuesta más renacer… el esfuerzo de la
gestación y el parto es mucho mas, pues las fuerzas han mermado, y el esfuerzo
exigido es mucho mayor…
No corren buenos tiempos… la sensación es que todo se desmorona a nuestro
alrededor, y, que intentamos mantenernos en pie, a pesar de los terremotos que
sacuden nuestro hábitat.
Es tiempo de no salir corriendo, sino de otear el horizonte, desde nuestra
posición, para ver bien los caminos que se nos abren, para tratar de elegir el
más idóneo, y no el primero que aparezca, porque nuestra desesperación nos
lleve a salir corriendo hacia cualquier lado, sin rumbo ni concierto…
El sol me deslumbra y calienta mi cuerpo, aunque el viento sigue tratando
de echarme del lugar, en el cual escribo… Personas, varias, en la playa tomando
el sol y bañándose en este octubre otoñal, que se resiste a dejar el verano (a
morir) y alumbrar el otoño (otra vida, el nacimiento).
Para contradecir al viento, uno está en calma, deseando haber podido
estirarse en esta arena de la Costa Brava, y que el sol abrace su cuerpo, con
el calor sosegado y amoroso, nada avasallador, en este verano de octubre
otoñal… dejando que la mente vague, en busca del alma herida y perdida, en el
proceloso mar de la vida, para así, tratar de encajar las piezas y alumbrar un
nuevo día… ¡una nueva vida! Y, como el
ave Fénix, renacer de las cenizas y emprender un nuevo vuelo… hacia el cielo,
hacia el infinito…
Palamós, 14 de octubre del 2011
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