Así finalizaba el capítulo anterior:
Miedo… Miedos… ¿Porqué? ¿Qué? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿A quién?
Preguntas, siempre preguntas, pero sólo a través de las preguntas podemos llegar a las respuestas... No serán científicas, no serán lógicas, pero lo importante es lograrlas...y, con el miedo pasa lo mismo que con otras cuestiones que nos afectan en la vida...
Perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario, dice el DRAE. ¿El ánimo? Prefiero los conceptos que incorpora Wiquipedia, conceptos como emoción y sentimiento… La distorsión de las emociones y de los sentimientos, llegando a exacerbarlos de tal manera, que el ser afectado pierde completamente el control de su vida.
El miedo es paralizante, no sólo para quién lo sufre o lo tiene, sino que termina por contaminar y destruir todo aquello y a quiénes que estén a su alrededor.
Los que no han vivido una situación de este tipo, ni siquiera en su fantasía o en su peor pesadilla, la más extrema, puede imaginarse el daño que hace a todos aquellos que conviven largo tiempo con personas de este tipo… que sufren y contaminan a los demás. Destruye, corroe, poco a poco, sin darnos cuenta va penetrando en nuestra mente, en nuestro corazón, hasta cambiarnos profundamente…
El miedo, ese miedo a todo, ese miedo que lleva al paraxosismo del egoísmo a quién lo padece, produce el efecto de tierra quemada a su alrededor, es como un veneno que nos haciendo efecto paulatinamente… poco a poco nos va envenenado el alma.
Por eso el miedo no es exclusivo de quién lo sufre o de quién lo disfruta (de todo hay en la viña del señor…), sino también de otros, siendo el victimismo de aquél ser que lo padece, lo convierte en victimario de los demás, los verdaderos inocentes, las verdaderas víctimas.
El miedo, los miedos, la angustia, el temor, la inquietud, el terror campan por doquier… Pareciera que cuánto más ha crecido el desarrollo humano, más miedo se tiene… incluso más miedos…
Desde el umbral de los tiempos, el hombre ha tenido miedo…, al fuego, a la luna, al sol, a la tormenta, al rayo, al trueno…
Así la humanidad ha creado a los dioses… Pero también, ha habido hombres que han sabido y saben todavía, utilizar el miedo de los demás… Así surge la manipulación a través de los miedos a lo desconocido o a lo conocido…
VÉASE SINO EL ACOSO ESCOLAR… EL ACOSO Y VIOLENCIA DE GÉNERO…
Miedo al dolor, a los dioses, al infierno, a la enfermedad, miedo al otro… miedo al diferente… miedo a la muerte…
Es el miedo, el que nos ha convertido en asesinos, depredadores de otros hombres…
El miedo engendra fanatismo, odio, rencor, terror… Porque el miedo, también nos hace vulnerables y terribles a la vez…
El miedo nos hace esclavos… nos liga con fuertes cadenas invisibles, impidiéndonos pensar y actuar en libertad… Nos hace frágiles, pero peligrosos, ¡muy peligrosos! Pues, actuamos bajo la peor de nuestras emociones, anulando nuestra inteligencia, asimilándonos raudamente a cualquier otro animal peligroso.
Llevo años, pensando en los miedos, en los míos y en los ajenos, en cómo controlarlos y combatirlos eficazmente. Cuándo creí, que había podido controlar los míos, me di cuenta tardíamente que había descuidado mis flancos, por dónde me atacaban los miedos, todos los miedos de los otros… ¡contra eso no estaba preparado! e hicieron mella gravemente…
El miedo, los miedos se contagian. No hacen falta que nos lo digan, que nos los cuenten, ni los miedos ni las angustias, mucho/as totalmente irracionales… pero, ¡ahí están! Agazapados, esperando el primer hueco, el momento oportuno. No hablan, no nos dicen nada, incluso no nos miran, pero nos lo están transmitiendo… incluso casi se pueden oler… ¡menos mal que hemos perdido el sentido del olfato!, pero los sentimos, sentimos una cierta inquietud, grave, nuestra piel está recibiendo esa información, le podemos llamar intuición, sensibilidad especial que todavía disponemos y no controlamos, es el sexto sentido que no controlamos y que no sabemos utilizar y, al cual no le hacemos caso casi nunca, pero sin embargo nos indica que están ahí… agazapados, exteriorizándose en las personas que tenemos a nuestro alrededor; sentimos que se encoge el alma, que una pesada atmósfera nos rodea, el aire se hace más denso, y una bruma mental nos atenaza, mientras el estómago se retuerce; ¡es el miedo del otro! El miedo que llega y se introduce en nosotros… alterándonos, erizándonos los cabellos de la nuca o sintiendo un desasosiego especial, generándonos inseguridad en lo que estemos haciendo, porque estamos perdiendo nuestra propia calma… nuestra tranquilidad habitual.
Es una sensación agobiante, angustiosa, porque el otro, es irracional, y, nos contagia esa irracionalidad…
¿Nunca habéis estado en un habitáculo pequeño, con una persona con miedo, aterrada? o volando, cruzando una calle…
Si uno está en una reunión, puede optar por marcharse, en un metro, en un autobús, bajarse… pero, si se convive, o se pasa mucho tiempo con una persona así, es imposible no convertirse en un receptor perfecto, pues penetra hasta el fondo del alma… del presente y del futuro…
Si uno va en un automóvil, puede optar, por bajarse, abrir la puerta y "tirar" al “sufridor”, parar e invitarle a que descienda del mismo, dejándolo en plena carretera, para ver como supera, ahora sí, una causa posible de temor…
Miedo a cruzar una calle, a volar, a conducir, a la tormenta, al sol, a las hormigas, cucarachas, serpientes, ratas…
Miedo a viajar, miedo a la comida, a que le tosan al lado, al dolor, a la enfermedad… a la muerte…
¡Ah! El miedo a la muerte, tiene muchos admiradores… Miedo por los hijos, por los padres, por las salidas, por las compañías, miedo al pasado, miedo por el presente, miedo por el futuro…
Miedo… miedo… Miedos… dominantes, controladores y manipuladores…
Miedo a cruzar debajo de una escalera, por levantarse con el pié izquierdo, que se cruce un gato negro, al mal de ojo…
A los muertos, a los vivos… miedo... miedos...
Recuerdo, desde siempre, que en las aldeas, y la mía no era una excepción, se hablaba mucho de los miedos, del miedo, pero sin nombrarlos… Se veían fantasmas, muertos que volvían, que se aparecían porque habían dejado asuntos pendientes, la Santa Compaña, pasar de noche cerca de un cementerio era algo extraordinario, miedo al lobo…
Miedo al miedo… De hecho decían: ¡cuidado! ¡En tal sitio hay miedo!
Miedo a la soledad, a la guerra, a la paz, a la tristeza, a la alegría… miedo… miedo…
Miedo a la brujería, a los tabús… a las decisiones…
El miedo es la consecuencia de la guerra perdida por la humanidad, de su inteligencia…
Solo la inteligencia, su dominio, nos librará de los miedos…
La inteligencia y las emociones como el amor, nos harán libres…
Dice J.A. Marina: “El miedo pertenece al sistema defensivo de la naturaleza”
Sí y No; Sí, si nos consideramos un elemento vivo más de la naturaleza, y actuamos por impulsos ante los ataques de los demás depredadores, incluidos los mismos hombres.
No, si consideramos seres racionales dotados de discernimiento, racionalidad, inteligencia y emociones…
Miedo… Miedo a morir, miedo a la soledad, miedo a respirar, miedo a volar, a caminar, miedo a la oscuridad, miedo a la luz, miedo al amor, miedo a ser amado, miedo… miedo… ¡miedo a vivir!
Miedo a molestar, miedo a ser molestado… miedo al ridículo, miedo… miedo…
¿Es el miedo una herencia genética? Ó ¿Es el miedo un producto más del entorno?
Posiblemente nuestra genética tenga mucho que ver con nuestros miedos, pues como mamíferos depredadores, el miedo ha sido uno de los elementos esenciales para asegurar nuestra supervivencia… el miedo, pero sobre todo el haber aprendido a controlarlo, aunque no lo hayamos logrado del todo, ha sido el miedo, el que nos alertaba de los peligros; pero también utilizar nuestra inteligencia para aprender a no tener miedo al miedo…
Lástima que los miedos de antaño se hayan distorsionado y se hayan reconvertido en miedos más imaginarios que reales, habiendo desaparecido parte de nuestros instintos, y parte de nuestra inteligencia emocional, y, ahora nuestros miedos son más banales… Han desaparecido los brujos de la tribu, los chamanes, los sacerdotes y los dioses…
Dejamos de tenerle miedo a la luna, al fuego, al sol, a la tormenta y al rayo… nos ha dejado de aterrorizar la religión (en el mundo occidental) con el pecado, el infierno… y, hasta ha desaparecido el purgatorio…
Sin embargo el entorno ha sido un factor esencial en la creación de los miedos y en su mantenimiento… desde el hogar, la aldea, la tribu, la religión, el estado… todos han sido factores de creación y mantenimiento de los miedos, miedos que utilizaban y utilizan, para mantener el control sobre las personas, sobre la sociedad…
Miedo al coco, ¡no hagas eso que viene el coco!, al hombre del saco… ¡no hagas eso que es peligroso! ¡No hagas eso…! ¡No hagas …! Ese era y es el mensaje que le trasladamos a los niños… ¿porqué…? El miedo, el maldito miedo… que nos atenaza, que nos perturba, nos obnubila, nos trastorna, nos anula…
Miedo al pasado, miedo al presente, miedo al futuro…
Tenemos miedo por algo que todavía no ha ocurrido, pero de tanto temerle, seguramente ocurrirá…
¿Nos educan para hacerle frente al miedo... a los miedos...?
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