Nacemos con los ojos cerrados, puños apretados, y el primer síntoma de vida es el llanto.
Con
estos inicios, no nos debería extrañar nada el posterior desarrollo de la misma…
Lógicamente,
ese desarrollo, de muchos factores, a saber:
El país, la familia, dónde uno nace, así
como el entorno de amigos y compañeros, con los que se crezca, el entorno
profesional, y la actitud personal.
Y, aunque nuestro mundo occidental europeo, nuestro desarrollo de vida, se supone mucho mejor, que la del resto del mundo, por la existencia de estructuras de derechos (sanidad, educación, seguridad, libertad, etc.), y, dónde existe igualdad (teórica) de oportunidades para todas las personas.
Por
lo tanto, el primer condicionante es el país en que se nace, y el momento
socioeconómico, siempre ha sido así, y me temo que lo seguirá siendo durante
mucho, mucho tiempo.
La
familia, ocupa también un lugar fundamental, en ese desarrollo de vida: rica,
media o pobre; estructurada o desestructurada; unida o desunida; amada o no,
con valores personales y sociales (educación, respeto, rigor, etc.).
Uno
ha avanzado por este sendero estrecho de la vida, casi siempre con los puños
cerrados y brazos en alto, en actitud defensiva, aunque dispuesto a golpear, si
fuera necesario o se presuma el ataque de los otros.
Las
lágrimas se fueron secando o fueron derramadas en la intimidad, porque eso es
lo que se esperaba: ¡los hombres no lloran!, nos decían…
A
los pocos años aprendí a caminar solo, a esquivar golpes o a saber encajarlos,
aprendiendo de los recibidos, a disfrutar de las rosas y a curarme las heridas
de las espinas, y a ocultar las cicatrices.
El
camino se hizo largo casi siempre, aunque ahora, al mirar hacia atrás, se tenga
la tentación de considerarlo corto, tanto el que fue, como el poco que queda
por recorrer.
La
niñez y la juventud fueron duras, pero llenas de luz; cambiar de pueblo, de
ciudad, de país, fueron cambios de entorno, de amistades, de compañeros, de
paisajes y de luces, dejando atrás familia y atardeceres…
¡La
vida es un eterno dolor! Y ¡No hay vida sin dolor! ¡Ese es el camino de los seres humanos, corto
y doloroso, aunque no lo queramos ver ni asumir, se viva como si fuéramos inmortales!
P.Aro
– 19.11.2023
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