Introducción:
Llega
un momento en la vida, que uno avanza a paso más lento, y además mira hacia
atrás, para recordar, sobre todo, de dónde viene y cómo ha llegado hasta aquí…
Cómo ha recorrido ese camino y con quién lo ha recorrido… En ese camino, en el
que se han ido quedando lugares, establecimientos, instituciones, empresas y
personas… personas, de las que nos hemos alejando o se han alejado, por
diversas causas… desde el hecho de no compartir nada o poco con ellas, hasta
aquellas que la vida nos ha llevado por caminos diversos, a pesar de compartir
mucho… Caminos diversos y tiempo, es una combinación especial, que hace que hoy
uno no sepa dónde están ni lo que hacen, aquellos con los que un día, se ha
compartido mucho de la vida…
Sin
embargo, ahora, que los hijos han crecido y se han ido, y que la profesión ya no
es acuciante, y que además de caminar y correr en pos de objetivos de vida
personales y profesionales; ahora, que tenemos un tiempo más reflexivo, ahora
es el momento de mirar hacia atrás, no con la nostalgia de que todo tiempo
pasado ha sido mejor, sino con la nostalgia de intentar volver a encontrar a
parte de aquellos que compartieron parte del camino…
Por
eso, ahora me he puesto en campaña, para buscar a mis antiguos compañeros de la
escuela secundaria, y algunos de ellos, buenos amigos en aquellos tiempos e incluso años después… Es una forma de ir
cerrando una línea, para llevarla al círculo…
Lamentablemente, ni Buenos Aires en particular,
ni Argentina en general han avanzado en estos más de 40 años, y la consecuencia
de ello, es que instituciones como nuestro colegio, es que tampoco avanzara.
Nuestra
generación ha vivido, una etapa muy dura, variada y
complicada, desde el punto de vista social y político. Por ello, supongo, que
no será fácil la búsqueda… Accedimos a
la escuela secundaria en pleno gobierno militar, y finalizamos la escuela
secundaria, con otro gobierno, pero también militar… Iniciamos la universidad
en la misma forma, hasta 1973, que llegó la democracia revisionista, y con
lucha de grupos guerrilleros de montoneros, erp, etc., produciéndose una
especie de “autogolpe” en 1974, que sin acabar con el gobierno, sí llevó a unos
cambios drásticos, que terminarían con el golpe militar en marzo de 1976,
cuándo aun no habíamos acabado la universidad… ¡tiempos muy duros, difíciles y
cambiantes!
No
existe una asociación de ex alumnos oficial, ni tampoco, pareciera que interés
por parte del colegio de crearla o ayudar a que surja y pueda aglutinar a miles
de estudiantes que durante tantos años han pasado por sus aulas… ¡Lástima que no se haya hecho!, pero
aún no es tarde, y desde aquí, hago un llamamiento a mis condiscípulos y a la
propia dirección del colegio, que nos pongamos en marcha…
Prolegómenos del
1er año:
Era
un mes de marzo de 1967, y el verano tocaba a su fin. Con 12 años cumplidos,
previo examen de ingreso, comenzaba mi etapa de estudiante de escuela
secundaria… Recuerdo aun, el día que hice el examen de ingreso, al
salir, me esperaba mi padre, como siempre sereno y tranquilo, aunque tal como
me preguntó, la procesión iba por dentro…
No
había transcurrido un año todavía de
nuestra llegada al puerto de Buenos Aires, una mañana de abril, cuando miraba
la entrada del barco en puerto, desde la proa, con ojos de niño, con sensaciones
de ansiedad, alegría e inquietud, iba de aquí para allí, y en una de esas,
logré manchar mi pantalón de tergal, con la línea de planchado perfecta, (¡no
podía llegar de cualquier forma a encontrarme con mis tíos)! Llegaba a la que
sería mi ciudad, durante más de 13 años…, dónde maté a la niñez, viví mi
adolescencia y mi primera juventud…
Tenía
un poco más de 11 años, y un deseo irrefrenable de ver, de tocar, de sentir y de
vivir en un mundo distinto y nuevo, del que dejaba atrás… De un pueblo pequeño a
una gran ciudad… De un inicio del desarrollo, al desarrollo (eso se suponía)…
Mis ojos iban de un sitio a otro, de los galpones y la suciedad del puerto, a
la ciudad que más allá se veía, y más se presentía…
Ese
mundo, que desde muy pequeño, mientras que cuidaba a las vacas en el monte,
veía como el sol desaparecía en el horizonte, y soñaba y me ensoñaba con algún
día alcanzar ese horizonte… Allí dónde el sol se acostaba, allí quería ir…
Comencé
por dejar la aldea e irme a la villa de Carballo… Colegio nuevo, compañeros y
amigos nuevos, tanto en clase como en el barrio… así pasaron 4 o 5 años, hasta
que un día, mis padres me preguntan sobre ir a Buenos Aires… esa ciudad, de la
que mi tío, hablaba maravillas, de ese país tan lejano y tan atractivo para un
niño deseoso de nuevos mundos… Ahí
comenzó la emigración, preparando durante meses el viaje, mientras mi padre,
trataba de rentabilizar el tiempo, trabajando unos meses en Francia primero, y
luego en Holanda…
Esa
mirada de niño, cambió muy rápidamente para siempre; mientras esperaba que mis
padres hicieran los trámites para pasar la aduana, me dejaron a cargo de todo
el equipaje… y, en ese ínterin, alguien birló un par de cosas del baúl, aun
abierto para la inspección…
Pero,
todo eso es otra historia, que quizá, en otro momento, me anime a
desarrollarla… Ahora estábamos en marzo de 1967, y mi inicio en un nuevo
colegio, y una nueva responsabilidad, ya que comenzaba la escuela secundaria, y
de ahí saldría a no sabía dónde…
Había
elegido Comercial, sin saber muy bien porqué, ya que en realidad, siempre había
dicho que quería ser ingeniero, sobre todo cuando el cura de la aldea,
intentaba convencer a mi padre y a mí mismo, para que fuera al seminario… Si lo
hubiera hecho, posiblemente me hubieran echado el primer año… elegí Comercial,
dentro de tres posibilidades, una de ellas era Industrial, y la otra era
Bachillerato (nacional)… El mejor colegio de Industrial me quedaba muy cerca de
casa, el de nacional también, y el de comercial me quedaba más lejos, que, lógicamente
requería viajar en colectivo (autobús)… y ahí me fui… como siempre, haciendo lo
más difícil…
Solo
tomé la decisión, posiblemente mi tío haya ayudado algo, pero todo lo hice
solo. Ir a averiguar, preparar el examen de ingreso… solo, recorrí media
ciudad, para al final acabar en la Escuela de Comercio Nº1 Dr. Joaquín V.
González… y, en ese mes de marzo de 1967, entré por segunda vez al edificio, pero esta vez como
alumno, a ver que me deparaba la vida… Era temprano, las clases comenzaban
temprano… y, entrar, significaba pasar al patio, y formar en filas, tipo
servicio militar, según la división que nos habían designado, y con el
preceptor –cuidador, vigilante, primero, y más tarde alguno amigo-, y luego de
ahí, al aula que nos correspondía… Y, esa misma rutina durante los próximos 5 años…
Al
aula, y así fueron apareciendo los profesores del día, y durante la semana, los
fuimos conociendo uno por uno, y anotando las exigencias que cada uno tenía
para su asignatura… Castellano, Botánica, Matemáticas, Geografía, Historia
Antigua, Educación Democrática, Contabilidad, Caligrafía, Inglés, Música…
Todos
éramos distintos, pero el único diferente era yo… mi acento me delataba… y, ya
había pasado por aquello, durante los meses pasados, en el Colegio San
Francisco, con mis compañeros… el gallego, el gallego pata sucia… las risas por
mi acento… y, además del acento español clásico, el mío estaba acentuado por el
gallego, así que por lo tanto, traté de tomármelo con una cierta calma y
llevarlo lo mejor posible…
En
menos de un año, había cambiado toda mi vida, de segundo año de bachillerato en
España, había pasado (unos meses) por el 7º grado en la primaria, y luego al
primer año en la secundaria en Buenos Aires… De las matemáticas financieras, a la
matemática moderna (Teoría de conjuntos), del francés al inglés, y de mis
compañeros de juegos y de clase en mi pequeño pueblo, a mis compañeros nuevos en una ciudad inmensa. De una casa con finca y
frutales, a una habitación con derecho a cocina, en un cubículo de 3 m2 como
máximo… baño compartido por tres familias a 10/15 metros… ¡qué frío se pasaba
en invierno!!!
Así
comenzó mi historia en el Joaquín V. González y todos sus componentes:
Rectorado, profesores, preceptores y compañeros… La historia de 5 años, con sus
altos y bajos, con amigos y no tan amigos… Ha sido una historia intensa y cuyo
balance ha sido muy positivo, para aquél niño con acento “raro”, tímido, y a veces
incomprendido, pero que supo sobreponerse a todo eso, con ayuda de algunos
profesores, de compañeros que se transformaron en amigos con el transcurso del
tiempo… No sólo conseguí conocimientos, conseguí amigos, conseguí una
educación, y una metodología de rigor (que ya llevaba, pero más rígida) que más
tarde me sería muy útil…
No
todos siguieron en la mañana, ni en el
mismo grupo, ni siquiera en el colegio, durante los cinco años, alguien se fue
quedando… y también añadiendo…
BUSCADOS
Algunos
compañeros de 1er año, 6ª división:
Riquelme,
Daboul, Khalil, Carlos Murakami, Iparraguirre, Héctor Lijo, Tonelli, Roberto
Jorge Soto, Arza, J.A. Fernández, Norberto E. Cánepa, A. Rodriguez, S.
Riquelme, Roberto Dopazo, Tonelli, Luis
Zambrano, Norberto D. Couso, Juan C. Cincootti, Borneana, Enrique Espinosa,
Ricardo Sacchi, M. Iglesias, Premozzi, Mangioni, Carrizo, Jorge Luiz Calvinho.
Algunos
compañeros de 5º año:
Alberto Ledesma, Enrique Espinosa, Roberto Dopazo, Legazpi,
Juan Carlos Altounián, Mangioni, Magnoni, Jorge Gambedotti, Fabián?, Gargiulo, Bacigalupo,
Nequeckaur, Cottarello…
Si tú eres uno de ellos, y te interesa, ponte en contacto conmigo, y ver si podemos ir reunir a la máxima cantidad posible de compañeros de aquellos años...

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