“Las
Ramblas”
Un
nuevo día amanece en la ciudad… otra vez gris y nublado como el de ayer… Vuelve
amenazar lluvia, pero no pasará de ahí… Ayer, llovió poco y durante poco
tiempo…
El
ritmo de la ciudad va aumentando a medida que pasa la mañana, y también las
nubes se van disipando por momentos… Se quiere recuperar la normalidad, y
parece que se está logrando.
Los
turistas y los ciudadanos vuelven a tomar la calle, y los eventos deportivos,
como el futbol, por ejemplo, se desarrollarán normalmente, más allá de las
medidas de seguridad reforzadas…
Tenía
la intención de salir y no solo pasear por la ciudad, sino acercarme a las
Ramblas, y, recorrerlas desde el inicio hasta el final…
Recorrí
las Ramblas por primera vez, allá por septiembre de 1978, en un viaje, en el
cuál arrastré a mis padres, desde Santiago hasta Barcelona y luego el regreso,
en un Seat 124, cuando las carreteras no eran las de hoy, ni nada era como es
hoy…
Estuvimos
varios días en la ciudad, y aproveché para conocer la ciudad, ver a personas
que me habían recomendado desde Buenos Aires, o desde aquí… analizar la
situación, y ver qué posibilidades podía tener en un futuro cercano… Aproveché,
y compré las alianzas para mi futuro casamiento.
Antes,
había oído hablar de Barcelona y, concretamente de las Ramblas, a través de una
vecina en Buenos Aires, que era barcelonesa…
Había
leído lo que Hemingway había dicho, sobre uno de sus lugares preferidos del
mundo, cuándo las describió como “el paseo más bello, pintoresco y
cosmopolita del mundo”.
Más
tarde leí los comentarios de otros grandes hombres, como García Lorca, Casals,
Segarra, y tantos otros.
Volví
en octubre de 1979, recién casado, y el día que llegamos a Barcelona, llovía, y
la ciudad era gris y de fachadas muy sucias, de años sin limpieza alguna… Del
puerto, a la casa de unos amigos de mis padres, fuimos en taxi, a dejar algunas
cosas, ya que nosotros continuábamos viaje a Génova…
Todavía
no sabía que luego sería la ciudad dónde viviría, trabajaría, enseñaría hasta
el día hoy, y dónde han nacido y se han criado mis hijos…
Ni
las Ramblas ni la ciudad, dejaban traslucir el comentario de Hemingway, que con
el tiempo, descubrí que exageraba bastante… Las Ramblas, sin embargo, sin ser
un paseo o un bulevar amplio y bello, en el sentido literal, tenían algo
especial… Los puestos de las flores, los
pájaros y otros animales, las sillas esperando a los transeúntes que estuvieran
cansados o que, simplemente quisieran observar a los paseantes, y por las cuáles
nos cobraban, 5 pesetas creo… Los coches circulaban por sus laterales, y las
aceras eran más estrechas que las de hoy… Vía de comunicación directa con el
mar… era un paseo multicolor en todos los aspectos… diferente a cualquier otra
calle de la ciudad, y eso la hacía tan especial.
No
existían las masas de personas que circulaban por ellas como hoy, sin ver y sin
intuir lo que transmitían, y que hoy ya no transmiten. Hoteles de 4 y 5
estrellas a ambos lados, restaurantes, marcas, hacen de las Ramblas, casi un
lugar común… Incluso la Boquería hoy es intransitable y visitable… El Liceo es
más grande…
Han
desaparecido los teatros, los supermercados Simago y Sepu, emblemas durante
mucho tiempo… Con ellos, han desaparecido las putas de la parte baja de las
Ramblas y del Barrio Chino, que esperaba en las puertas, a sus clientes,
luchando por sobrevivir y con la tristeza y apatía en sus rostros, arrastradas
por sabe qué circunstancias, a ese malvivir, mientras la ciudad continuaba su
ritmo, y le daba viso de normalidad… los espectáculos de revista, en una época,
en la que Barcelona, como el resto de España, trataba de dejar atrás años de
color negro, dictadura y anquilosamiento, e intentaba abrirse a un nuevo mundo
de libertad, derechos, democracia y progreso… Era el tiempo dónde la
prostitución y el lumpen casi se tocaban con la alta burguesía que acudía al
Liceo, pero sin mezclarse…
Las
Ramblas eran el sitio dónde se concentraban los barceloneses así como los
visitantes…
Durante
años, seguí visitando las Ramblas… siempre era un paseo agradable, sobre todo
con los niños, que buscaban a los animales, y los querían llevar a casa a
todos… Al final, después de mucho tiempo, ganaron la partida, y compramos dos
ruiseñores japoneses…
Con
el tiempo, las aceras se ampliaron, los kioscos cambiaron, algunos
desaparecieron, aparecen las terrazas de algunos bares, se quema el Liceo, se
amplia y se reconstruye totalmente, desparecen los teatros, las putas y sus
clientes (también cambian de sitio y circunstancias)… Se limpiaron las
fachadas, se derrumbaron casas, se hicieron grandes cambios en el Raval (ya nadie
lo conoce por el barrio chino), y en las calles por las que se accede a las
Ramblas… Se peatonalizó parcialmente, se restringió el tránsito, pero ¿sigue siendo el paseo más bonito del
mundo, que Hemingway y otros decían?
Hace
3 días, un asesino, desalmado, estupidizado, se llevó por delante a decenas de
personas, matando a 13 de ellas, y al escapar acuchilla a otro, mientras sus
“socios en la sociedad del crimen”, matan a otra persona en el paseo Marítimo
de Cambrils, que tampoco es lo que era, y que posiblemente haya mejorado mucho,
respecto a la última vez que lo caminé…, y posiblemente haya alguna víctima más
en el futuro cercano, dado que todavía hay heridos hospitalizados, muy graves.
Hoy,
al tercer día del atentado, seguimos de duelo, y, sin querer, esos asesinos han
convertido a las Ramblas de Barcelona en “el paseo más bello,
pintoresco y cosmopolita del mundo”.
Pero,
no lo han hecho ellos, sino los ciudadanos de Barcelona, los turistas, todos
aquellos que el día del atentado, ayudaron, socorrieron a aquellos que lo
necesitaban…
Lo han
hecho, los miles de personas, que durante el día de ayer, el de hoy, el de
mañana, seguirá yendo a Las Ramblas, a rendir un homenaje a las víctimas de los
terroristas, con velas, con flores, con frases, poemas… con lo que sienten en
estos días…Todos ellos, han hecho de
las Ramblas masificadas ayer, hoy y mañana, vuelva a ser ese paseo más bello,
pintoresco y cosmopolita del mundo… y todos juntos, ayer, hoy y mañana,
allí donde estemos, seguiremos gritando a esos brutales asesinos fanatizados,
por otros que les envían a morir para encontrarse con las huríes en el paraíso,
por ser soldados de Alá, de un dios y una religión…¡NO TENEMOS MIEDO!
Al final,
seguimos sin lluvia… esta ciudad, este
país, todos nosotros necesitamos una lluvia constante y basta que nos
limpie de tanta miseria y de tantos miserables…
Y,
tenemos que recordar, y creo que, millones de nosotros, recordaremos aquello
que hace varios siglos escribió Euripides:
“Cuando
un hombre bueno sufre… todo el que se dice bueno sufre con él”
Barcelona,
19 de agosto de 2017
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