9 de junio de 2013

SOMOS… ¿QUÉ?

No somos sino un eslabón de una larguísima cadena, que se hunde en la noche oscura y tenebrosa de los tiempos…

Existimos, y esa es la razón  fundamental, para nuestros descendientes. Son nuestros antepasados, la razón de nuestra existencia; ¿porque sino nuestras raíces se hunden en esa noche oscura y seguimos  construyendo la cadena…?
Solo somos transeúntes, transeúntes que no sabemos realmente adónde vamos; sólo sabemos, y no siempre, que vamos… que caminamos, a veces en círculos, a veces en línea recta, a veces en zigzag…

Transitamos, como simples paseantes a veces, como corredores de fondo otras… Sin embargo, el único destino seguro, la única meta a la que llegaremos, será a la muerte, y, sin embargo, es la única meta que no queremos tener en cuenta; de hecho nos olvidamos de ella, creyéndonos inmortales, es decir creyendo que en realidad, la meta final es el tránsito…
Alguien dijo “la estupidez es infinita”, y sin ninguna duda tenía mucha razón, pero, añadiría además, que si la estupidez es  infinita, los seres humanos somos infinitamente estúpidos…

Confundimos el AMOR con posesión, las palabras con los sentimientos… Transitamos, sin mirar a nadie o a casi nadie… No sabemos interpretar una mirada de Amor, una mirada de tristeza… nos sabemos valorar el tono de voz de las personas… no sabemos ir más allá de lo que oímos…

No sabemos o no queremos…  Nos perdemos en la verborrea, en hablar mucho y no decir nada… y, nosotros mismos, nos hacemos esclavos de lo que decimos… Aristóteles, hace algo más de 2300 años, ya dijo: “Somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras”.

Y, que nadie confunda mis palabras, con que no se debe hablar o que hablar es malo, ¡ni mucho menos!,  hablar diciendo algo, es muy distinto a las palabras huecas y vacías que normalmente nos rodean…

También en eso, somos transeúntes… y, eso nos lleva a correr, no importa hacia dónde…  mientras tanto el tiempo pasa y pasa la vida… y, al volver la vista hacia atrás, nos podemos encontrar no aquello que hemos vivido, sino aquello que dejamos de vivir…  El tiempo perdido, perdido en nimiedades, en tonterías, en enfados y caras largas, en egoísmos sin sentido… el tiempo perdido en aquella cena con un amigo nunca celebrada… el tiempo perdido,  por aquellos días que te has enfadado con la persona amada… El tiempo perdido que no le has dedicado a quién debías dedicar, porque no hemos sabido establecer prioridades… El tiempo perdido en quejarte constantemente, de tus hijos, de tus padres, de esposa, de tu marido, de los compañeros de trabajo, sin pararte a pensar, que posiblemente uno también tiene algo que ver con esas quejas…

“Carpe diem”, maravillosa expresión latina… Goza del día presente sería su significado… Goza del momento, goza de la vida… Esta expresión que más tarde, popularizó su sentido:

“Goza del sol mientras dure;
Siempre no ha de ser verano;
Aprovecha la ocasión                                              
Que la tienes en la mano”

Es increíble que, desde cientos y miles de años atrás, nos hayan transmitido información sobre lo que ya se pensaba  en aquellos momentos, pero no hayamos sido capaces de aprender nada… Quizás, porque estudiar o leer a los clásicos, no ha sido importante, ni lo siga siendo…  seguimos fabricando analfabetos funcionales, porque así, es mucho más fácil que se comporten como transeúntes, como pasajeros adormecidos en un tren que no va a ninguna parte…

Habitualmente para desplazarme en coche utilizo autopista, por aquello de ir / llegar más rápido… Cuándo uno transita por una autopista, prácticamente no mira el paisaje, ni su cerebro está activado, más allá de circular a determinada velocidad, a determinada distancia del vehículo que lleva delante, de frenar en los peajes, y, alguna vez cambiar de marcha… Generalmente es pura rutina… puro tránsito por una vía rápida… Y, cuando uno se da cuenta, ya ha llegado a destino…  y, de pronto, uno no recuerda haber pasado por determinados lugares…

Días pasados, decidí realizar el mismo  viaje,  por carretera…  ¡tardé bastante más!, pero, ¡disfruté muchísimo del viaje! Crucé por pueblos que hacía años que no pasaba… Aprecié el paisaje maravilloso en esta primavera extraña,  de campos verdes y rojas amapolas… zonas de curvas y largas rectas… árboles que bailaban al son del viento, agitando sus ramas saludándonos al pasar… vi las caras de las personas al pasar por los pueblos…  y, tardando casi el doble, llegué satisfecho… Ese día, no había sido un transeúnte… ese día, me había sentido persona…  Y, de alguna forma, sentí que  “tu estado de ánimo es tu destino”, tal como dijo Herodoto, curiosamente, también hace más de 2000 años…

Por eso cuesta entender, el caminar sin ver al otro… incluso, cuándo alguien entra en un edificio y viene alguien detrás, no es capaz de esperar y sostenerle unos segundos la puerta, para que así no se le cierre en las narices… Abrir una puerta y dejar pasar a otra persona que entra o que sale… Algo tan básico como saludar se ha perdido en los tiempos pasados… ¿Qué somos? Hemos perdido hasta los detalles más básicos de la civilidad… de la educación en sí. ¿Adónde vamos con todo esto?

El gran cantautor aragonés, José Antonio Labordeta (fallecido no hace mucho), tiene una canción titulada Somos, y algunos de sus versos son:

“Somos como esos viejos árboles
Batidos por el viento…
… Hemos atravesado el tiempo…
Somos…”

Sí, somos, somos como esos árboles viejos, pero también somos como el viento que ha atravesado el tiempo, y lo seguiremos haciendo… pero, ¿hacia dónde?

En realidad, somos como ciegos en un mundo maravilloso de colores y como sordos en ese mundo lleno de música y armonía, y, que no somos capaces de sentir, de ver, mirar, oír, escuchar… Somos seres imperfectos, aborregados y adormecidos… a veces meros títeres en manos de unos pocos titiriteros, que nos mueven, nos hacen bailar sin música y con violencia… Somos crédulos más allá de todo sentido y escépticos más aquí de todo orden natural… Somos pequeñitos, mortales, débiles que nos creemos inmortales, y, por eso  edificamos futuros inciertos y utópicos, dedicando ingentes esfuerzos, pasiones, enconadas luchas, en aras de la nada… mientras tanto, descuidamos nuestro presente, sacrificamos los momentos más felices y gloriosos como seres humanos, porque estamos pensando en el “futuro”, sin caer en la cuenta, que sin hoy nunca habrá mañana.. Que sin presente jamás habrá futuro… Lamentablemente, cuándo lo aprendemos, casi siempre suele ser demasiado tarde…

Aprendemos poco o nada del pasado, de la historia en general, pero de nosotros mismos en particular… ¿Transeúntes hacia dónde? ¡Carpe diem…! El mundo es y será maravilloso, si ponemos algo de nuestra parte, algo tan sencillo como HUMANIDAD…

Con el tiempo aprendí
Que la vida puede ser un instante...
Que la muerte no es dolor
A pesar del dolor que causa
Y que nunca es el final...

 Con el tiempo aprendí
Que la ignorancia
Es la madre del fanatismo


Marzo-Abril-Mayo 2013

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