No
somos sino un eslabón de una larguísima cadena, que se hunde en la noche oscura
y tenebrosa de los tiempos…
Existimos,
y esa es la razón fundamental, para
nuestros descendientes. Son nuestros antepasados, la razón de nuestra
existencia; ¿porque sino nuestras raíces se hunden en esa noche oscura y
seguimos construyendo la cadena…?
Solo
somos transeúntes, transeúntes que no sabemos realmente adónde vamos; sólo
sabemos, y no siempre, que vamos… que caminamos, a veces en círculos, a veces
en línea recta, a veces en zigzag…
Transitamos,
como simples paseantes a veces, como corredores de fondo otras… Sin embargo, el
único destino seguro, la única meta a la que llegaremos, será a la muerte, y,
sin embargo, es la única meta que no queremos tener en cuenta; de hecho nos
olvidamos de ella, creyéndonos inmortales, es decir creyendo que en realidad,
la meta final es el tránsito…
Alguien
dijo “la estupidez es infinita”, y
sin ninguna duda tenía mucha razón, pero, añadiría además, que si la estupidez
es infinita, los seres humanos somos
infinitamente estúpidos…
Confundimos
el AMOR con posesión, las palabras con los sentimientos… Transitamos, sin mirar
a nadie o a casi nadie… No sabemos interpretar una mirada de Amor, una mirada
de tristeza… nos sabemos valorar el tono de voz de las personas… no sabemos ir
más allá de lo que oímos…
No
sabemos o no queremos… Nos perdemos en
la verborrea, en hablar mucho y no decir nada… y, nosotros mismos, nos hacemos
esclavos de lo que decimos… Aristóteles, hace algo más de 2300 años, ya dijo: “Somos dueños de nuestros silencios y
esclavos de nuestras palabras”.
Y,
que nadie confunda mis palabras, con que no se debe hablar o que hablar es
malo, ¡ni mucho menos!, hablar diciendo
algo, es muy distinto a las palabras huecas y vacías que normalmente nos
rodean…
También
en eso, somos transeúntes… y, eso nos lleva a correr, no importa hacia
dónde… mientras tanto el tiempo pasa y
pasa la vida… y, al volver la vista hacia atrás, nos podemos encontrar no
aquello que hemos vivido, sino aquello que dejamos de vivir… El tiempo perdido, perdido en nimiedades, en
tonterías, en enfados y caras largas, en egoísmos sin sentido… el tiempo
perdido en aquella cena con un amigo nunca celebrada… el tiempo perdido, por aquellos días que te has enfadado con la
persona amada… El tiempo perdido que no le has dedicado a quién debías dedicar,
porque no hemos sabido establecer prioridades… El tiempo perdido en quejarte
constantemente, de tus hijos, de tus padres, de esposa, de tu marido, de los
compañeros de trabajo, sin pararte a pensar, que posiblemente uno también tiene
algo que ver con esas quejas…
“Carpe diem”, maravillosa expresión latina… Goza
del día presente sería su significado… Goza del momento, goza de la vida… Esta
expresión que más tarde, popularizó su sentido:
“Goza
del sol mientras dure;
Siempre
no ha de ser verano;
Aprovecha la ocasión
Que
la tienes en la mano”
Es
increíble que, desde cientos y miles de años atrás, nos hayan transmitido
información sobre lo que ya se pensaba
en aquellos momentos, pero no hayamos sido capaces de aprender nada…
Quizás, porque estudiar o leer a los clásicos, no ha sido importante, ni lo
siga siendo… seguimos fabricando
analfabetos funcionales, porque así, es mucho más fácil que se comporten como
transeúntes, como pasajeros adormecidos en un tren que no va a ninguna parte…
Habitualmente
para desplazarme en coche utilizo autopista, por aquello de ir / llegar más
rápido… Cuándo uno transita por una autopista, prácticamente no mira el
paisaje, ni su cerebro está activado, más allá de circular a determinada
velocidad, a determinada distancia del vehículo que lleva delante, de frenar en
los peajes, y, alguna vez cambiar de marcha… Generalmente es pura rutina… puro
tránsito por una vía rápida… Y, cuando uno se da cuenta, ya ha llegado a
destino… y, de pronto, uno no recuerda
haber pasado por determinados lugares…
Días
pasados, decidí realizar el mismo
viaje, por carretera… ¡tardé bastante más!, pero, ¡disfruté
muchísimo del viaje! Crucé por pueblos que hacía años que no pasaba… Aprecié el
paisaje maravilloso en esta primavera extraña,
de campos verdes y rojas amapolas… zonas de curvas y largas rectas…
árboles que bailaban al son del viento, agitando sus ramas saludándonos al
pasar… vi las caras de las personas al pasar por los pueblos… y, tardando casi el doble, llegué satisfecho…
Ese día, no había sido un transeúnte… ese día, me había sentido persona… Y, de alguna forma, sentí que “tu
estado de ánimo es tu destino”, tal como dijo Herodoto, curiosamente,
también hace más de 2000 años…
Por
eso cuesta entender, el caminar sin ver al otro… incluso, cuándo alguien entra
en un edificio y viene alguien detrás, no es capaz de esperar y sostenerle unos
segundos la puerta, para que así no se le cierre en las narices… Abrir una
puerta y dejar pasar a otra persona que entra o que sale… Algo tan básico como
saludar se ha perdido en los tiempos pasados… ¿Qué somos? Hemos perdido hasta
los detalles más básicos de la civilidad… de la educación en sí. ¿Adónde vamos
con todo esto?
El
gran cantautor aragonés, José Antonio Labordeta (fallecido no hace mucho),
tiene una canción titulada Somos, y algunos de sus versos son:
“Somos
como esos viejos árboles
Batidos
por el viento…
…
Hemos atravesado el tiempo…
Somos…”
Sí,
somos, somos como esos árboles viejos, pero también somos como el viento que ha
atravesado el tiempo, y lo seguiremos haciendo… pero, ¿hacia dónde?
En
realidad, somos como ciegos en un mundo maravilloso de colores y como sordos en
ese mundo lleno de música y armonía, y, que no somos capaces de sentir, de ver,
mirar, oír, escuchar… Somos seres imperfectos, aborregados y adormecidos… a
veces meros títeres en manos de unos pocos titiriteros, que nos mueven, nos
hacen bailar sin música y con violencia… Somos crédulos más allá de todo
sentido y escépticos más aquí de todo orden natural… Somos pequeñitos,
mortales, débiles que nos creemos inmortales, y, por eso edificamos futuros inciertos y utópicos, dedicando
ingentes esfuerzos, pasiones, enconadas luchas, en aras de la nada… mientras
tanto, descuidamos nuestro presente, sacrificamos los momentos más felices y
gloriosos como seres humanos, porque estamos pensando en el “futuro”, sin caer
en la cuenta, que sin hoy nunca habrá mañana.. Que sin presente jamás habrá
futuro… Lamentablemente, cuándo lo aprendemos, casi siempre suele ser demasiado
tarde…
Aprendemos
poco o nada del pasado, de la historia en general, pero de nosotros mismos en particular…
¿Transeúntes hacia dónde? ¡Carpe diem…!
El mundo es y será maravilloso, si ponemos algo de nuestra parte, algo tan
sencillo como HUMANIDAD…
Con el tiempo aprendí
Que la vida puede ser un instante...
Que la muerte no es dolor
A pesar del dolor que causa
Y que nunca es el final...
Con el tiempo
aprendí
Que la ignorancia
Es la madre del fanatismo
Marzo-Abril-Mayo 2013
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