El
tórrido verano, con sucesivas oleadas de intenso calor, ha dado paso a la
tormenta y a la lluvia, que está ocasionando graves problemas en distintas
partes del país.
Mi
cuerpo tan sensible a los fenómenos meteorológicos, anunciaba este cambio desde
hace más de dos días…
Y,
ahora sentado en la terraza de mi apartamento, veo llover con intensidad, pero
sobre todo siento esa lluvia en mis huesos y articulaciones…
Cobran
vida nuevamente, como la tierra regada y vivificada después de tanto tiempo sin
agua… Respiro el olor a tierra mojada, que llena mis sentidos…
El
cielo, este cielo azul hace un rato, se ha vuelto a cubrir totalmente,
uniéndose al mar en una sola línea gris e impenetrable a unos cientos de metros…
Todo
el mundo ha abandonado las playas y piscinas, para recogerse en casa o
guarecerse dónde pueda, de la lluvia que arrecia… cuando deberían, deberíamos,
estar bailando bajo este bendito aguacero… bailando alegremente por este regalo
que nos hace nuevamente la naturaleza.
El
viento sopla con fuerza, agitando las ramas de los pinos y a las plantas, que
se abren a esta maravillosa lluvia.
Sentado,
mirando hacia el mar invisible, contemplo la lluvia, dejando que mi mente
divague por el firmamento de los pensamientos relajados y positivos, mientras
vuelan hacia otros lares, otros vientos, otras lluvias… otros mundos… otras
estaciones y otros tiempos…
Los
mojados tejados, lavan su reseca cara, después de tanto calor y tanto polvo
pegado por la sequía… y la lluvia se apacigua, al ritmo de mi alma y de mis
pensamientos…
La
tierra desprende ese olor tan característico y vivificante, cuando es regada
por las aguas del cielo…
Olor
a tierra mojada, que me traen recuerdos de aquél niño de aldea, que un día fui,
y que se fue perdiendo por los muchos caminos y los tiempos transitados…
Debería
salir a bailar la danza de la lluvia, y saltar sobre los charcos como antaño,
pero eso no me haría recuperar aquellos tiempos ya pasados, ni al niño de
aldea, que con su maletita de madera caminaba por aquellos charcos camino de la
escuela… y, años después, con otras maletas, alguna, incluso de cartón,
emprende los caminos de la emigración… buscando, siempre buscando…
La
intensidad de la lluvia se atenúa, hasta lo decepcionante… lo que parecía un
largo y persistente aguacero, está dando paso a lejanos truenos, y una suave
llovizna que apenas moja, sigue cayendo…
El
mar se ha vuelto a hacer visible, y la decepción y la frustración, se abren
camino en mi cuerpo y en mi alma… ¡Nada es duradero, y menos la lluvia!
Nada
es duradero, ni la felicidad ni la vida… Todo es temporal, todo es efímero,
como la lluvia, como el trueno, como el viento… todo es temporal, menos tú…
27 Julio 2019 – Playa de
Aro
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