La playa desierta, mientras las olas bailan acercándose y alejándose.
Nubosidad intensa, donde el sol oculta su luz, eludiendo unos momentos
deslumbrantes en este final de primavera, que se resiste a morir…
Donde antes batían las olas con fuerza, en esta pequeña bahía, ahora
solo es una suave danza del mar, mientras baña la playa…
El progreso ha cercenado aquella entrada de mar bravío, ahora cortada
por muelles y escolleras de cientos de metros, que acogen al puerto exterior en
esta punta en la que el Atlántico se funde con el Cantábrico…, y esta playa,
viejo sitio de surfistas, dónde el maíz llegaba hasta el acantilado o a la
suave pendiente; esta playa, antes agitada y brava, ahora es recogida y casi
esclava de ese cierre por su lado norte.
El viento agita las altas hierbas, y el moho se abraza desesperadamente
a la madera de los bancos que miran hacia el mar, que miran al occidente, al
ocaso… a la puesta de sol, que hoy ha sido escondida por la gris nubosidad, y
que a duras penas deja pasar un rayo de sol perdido, que se funde en nuestro
rostro…
Dos niños juegan a la pelota, con sus camisetas de sus “héroes
futbolísticos”… uno de ellos, lleva la del portero Degea, y, curiosamente es el
que más goles le ha hecho al otro…
Quizás, todo debería cambiar, y los porteros deberían ser los
goleadores, y estos, ser los porteros…
Tres o cuatro surfistas, salen del agua quitándose sus trajes de
neopreno en la misma playa… ¿audaces, valientes o temerarios?
Ni aquí, ni hoy está para cabalgar olas… a lo sumo para deslizarse sobre
las manos para aprender a controlar la tabla.
Más lejos, un grupo de adolescentes juega al voleibol, y otro a más de
200 metros recibe clases de surf, y entrena en la arena.
Aun así, la playa está desierta, apenas murmullos lejanos se acercan,
traídos por el viento…
Todo es verde en la lejanía, todo es verde en este paseo por el camino
que bordea y sigue la estela de la costa. La lluvia, lleva meses sin
abandonarnos, y solo algún que otro día nos da pequeñas treguas, con un día,
una mañana o una tarde tibia y soleada, llena de luz.
Luz que no solo produce alegría y reconstituye nuestro cuerpo, que
traspasa y llega a nuestro interior, caldeando nuestra alma, desterrando la
tristeza, melancolía y nostalgia.
Nostalgia de un tiempo ido, de un amor perdido, de un tiempo que está
por venir…
Nostalgia de lo que fuimos y de lo que no fuimos…
Nostalgia de lo que amamos, de los que hemos amado y de los que nos han
amado…
Nostalgia de lo que hemos ganado, y también de lo que hemos perdido…
Las olas siguen su danza, voluptuosa, rutinaria, perseverante. Se impone
al resto de los ruidos, y se ha ido adueñando de la playa, con su clamor lento,
como un eco lejano, se van adueñando de nuestra alma…
La mirada se sigue perdiendo en el occidente, mientras la mano
agarrotada débil, esgrime el bolígrafo,
que como autómata va rasgando las páginas de esta libreta que me acompaña,
palabras y frases improvisadas e hilvanadas en el caos del pensamiento…
Qué surgen, casi al compás de las olas que están delante de mí, y que
observo y disfruto desde al altozano en este paseo verde…
Una forma de encontrarse con uno mismo, o quizás desencontrarse, con el
mar, nuevamente con el mar… El mar, la mar, que tanto sentimientos encontrados
me produce, y, que siendo de tierra adentro, no termino de comprender, que
logre producir esta catarata de emociones, recuerdos y sueños...
La mar… la mar océano, tantas veces cruzada, y siempre esperando volver
a cruzar, siempre hacia occidente, siempre hacia el ocaso, siempre en busca de
aquél lugar dónde el sol y la tierra o el mar, se besan y se funden…
Siempre vuelvo la mirada hacia ese ocaso, ese ocaso que miraba
embelesado, siendo muy niño, desde los montes de mi aldea, mientras cuidaba las
vacas, cuando el sol en llamaradas, se iba acostando allá a lo lejos… allá, dónde
algún día quería ir…
Después de tantos años, y tantas idas y venidas, uno sigue buscando ese
lugar infinito, dónde el sol, la tierra y el mar, se funden en tierno y eterno
abrazo…
La mar… el ocaso, el sol ardiendo en poniente… frente al mar, ¡otra vez!
Arteixo,
15 de junio de 2018

No hay comentarios:
Publicar un comentario