Un
día más… la rutina de siempre… de no ser por la botella y la copa de cava,
ambas vacías… Le miran, como mudos testigos del pecado cometido.
Al
final, siempre sale el dedo acusador, señalándote como pecador y culpable…
aunque ese dedo, sea el de uno mismo… ¡ah, la conciencia, cuánto daño hace!
No
ha dormido bien, pero se apresta a afrontar este nuevo día, soleado, alegre y
dominical…
Barba
de tres días, camiseta de publicidad, con un montón de años encima y vaqueros
con unos cuántos, no espera a nadie, ni va a ver a nadie… es un día para sí
mismo, ¡otro de tantos!
Da
vueltas por su casa, en busca de algo que no ha perdido… y, al final, decide
poner una lavadora con sus camisas y sus polos… se secarán colgados en una
percha lejos del sol…
Es
una persona muy conversadora, sobre todo en el silencio… realmente dialoga
mucho consigo mismo, pero sin flagelarse, conversaciones que le enriquecen,
como otra conversación cualquiera… ¡qué
difícil es tener y disfrutar de una buena conversación hoy en día!
Decide
salir a caminar, a deambular por la ciudad, con pasos perdidos, hacia cualquier
lado… No importa el destino sino el camino… Necesita andar, no solo por
prescripción médica, sino para disfrutar nuevamente de esa maravillosa
sensación de adelantar una pierna después de la otra, sentirlas como su
sustento físico, sin dolor alguno…
¿Hacia
dónde? ¡Tampoco le importa! No variará mucho su ruta…
Inconscientemente se
dirige hacia sitios concurridos… Acaso, ¿piensa encontrarla?
¡Es
del todo imposible! Incluso no sabe sí aún permanece en la ciudad…
Camina,
piensa… piensa sobre la situación actual… la suya, la de su familia, la de la
ciudad, el país, el mundo… Todo es
complicación y todo es utilización de ideas, de personas… Recuerda Cambalache,
lo recuerda frecuentemente… ¡lástima que el siglo XXI haya cambiado tanto
respecto al anterior!
¡Está
hastiado de todo eso! En los últimos tiempos se manifestaba cansado, sin ganas
de nuevos proyectos, inclusive de continuar con los actuales…
Ha
llegado a la conclusión, que es hastío, hartazgo, también cansancio, pero sobre
todo mucho hastío…
Vive
en una hermosa ciudad, llena de vida… y, sin embargo, observa aceras llenas de
manchas de chicles, mierda de perro (en algunas)… de la mala educación y
civismo, de la inexistencia de una sola persiana que no haya pintarrajeada,
grafitada, ensuciada, por esa minúscula tribu de imbéciles incívicos, que se
dedican a hacer daño por hacerlo… da igual que sea una persiana, mobiliario
público, o cualquier otro elemento… lo que importa es que todo aparezca
ensuciado con sus heroicidades…
Esa
caterva de indeseables que campan a sus anchas, protegidos por las autoridades
municipales, en la gran mayoría de las oportunidades; llamados por algunos
(otra caterva a la que le tenían que pintar su casa, su coche y hasta su cara),
como “arte urbano”, cuándo no aparece la otra tribu, la de romper todo lo que
se encuentren…
Sigue
deambulando por el corazón de su ciudad, y por el suyo herido, apenas se
considera… y en su mente se pregunta ¿dónde
está la guardia urbana?, ni de día ni de noche se ve ni una patrulla ni una
pareja… ¿dónde están? ¿Qué hacen todos “ellos y ellas”?
Estos
pensamientos le alejan de la no búsqueda… ella ya no estará… En su fuero
interno, le quedaba escondida una pequeña, muy pequeña lucecita de esperanza…
pero ya se ha apagado por completo en el último trecho recorrido…
A
pesar de deambular sin rumbo fijo, no se aleja demasiado del punto central de
su referencia, como es su casa, porque a ella siempre ha de volver… aunque sea
solo para alimentarse y dormir…
¿Cómo
se podrá crear una composición, con los títulos de canciones y/o poemas? “Cuándo nadie me ve”, le pido al “Reloj” que no marque las horas, mi
vista se pierde en el “Mediterráneo”,
recordando aquél viejo “Poema de Amor”,
y como “Penélope” borra de noche lo
escrito en el día, y sin ser creyente sigue esperando aquél “Dios a la una”, y en “La felicidad”, porque al final todo es
un “Cambalache”… y “Si
(If)” alguna vez se lo creyó, ahora ya no es “El Rey” y tampoco hay “Cantares”
en su vida y se mantienen sus “Tres
heridas”, porque tampoco sabe “Sí es
de aquí o es de allá”, y sigue errante, "Sin saber por qué"... fantasías de
deambulador de ciudad, que le ocupan el pensamiento…
El
sol en su cénit, filtra sus rayos dorados y su luz entre las copas y las ramas
de los árboles… Siente el calor en su piel, en su espalda… ese calor
reconfortante, abrazador que le impulsa a sentir el placer de esas caricias
solares que revitalizan su cuerpo y su alma.
El
modernismo le rodea, así como esa arquitectura tan característica de su ciudad…
no le presta demasiada atención, ya que forma parte de su cotidianidad… Algunas
calles están tomadas por los turistas, ya que los naturales de la ciudad casi
no se ven… es un día estupendo para estar en la playa… Distintas leguas,
distintas culturas… todas “patean” la ciudad en busca de los sitios más
conocidos…
¡Cuánto
se aprende caminando por una ciudad! No son solo los monumentos, sino que al
final, aquello que se recordará: sus aromas, sus calles, sus árboles, e incluso
alguna vez, sus gentes… Miles de fotos
que pocas veces serán vistas, y cientos de sitios, monumentos o
atracciones que se confundirán entre ellas, y que no se sabrá dónde era, ni que
era aquello…
Y,
sí, es cierto aquello que las “ciudades
son libros que se leen con los pies” (1), pues son ellos los que te enseñan
y los que te llevan… solo falta tener los ojos abiertos, y dejar que la mente
vaya incorporando las peculiaridades de cada una…
Ya
enfila, para ir acercándose a su destino… Lleva más de una hora y media
pateando calles, sin prestar atención a nada en particular y a todo en general,
dentro de lo que le dejan sus pensamientos.
El
sonido de un mensaje le alerta, pero no le hace caso y continúa su marcha…
Alguna publicidad, algún correo, o algún mensaje que ya responderá luego con
tranquilidad… Si fuera algo urgente, no llegaría por mensaje…
Aun
así, y después de unos metros, su instinto le acucia para que mire el dichoso
mensaje… y, al final se decide a hacerlo, esperando encontrar lo de siempre…
Termina
por decidirse, saca el móvil del bolsillo, y abre la aplicación de mensajería…
¡Se detiene de golpe!, ¡No puede creerlo! ¿Cómo es posible que ese día y a esa
hora, reciba su mensaje?
¡Sí,
es ella…! Este mensaje lo hubiera esperado el primer día, ¿pero ahora?
Bien,
una vez superada la primera sorpresa, piensa que no dejará de ser una
despedida, innecesaria por supuesto, porque poco o nada hay que decirse…
El
corazón le late con fuerza, dentro de la calma que experimenta… ¡no tiene ni quiere vanas ilusiones!
El
mensaje contiene un poco de todo: reproches, amor… despedida…
No
entra al trapo, aunque no acepta los reproches… tampoco quiere hacer sangre del
pasado… Quizás, quizás en otro momento hubiera desmontado uno a uno, con
precisión matemática cada uno de lo
escrito ¿para qué? ¿Por qué iba a
hacerlo?… A esta altura, ¿valía la
pena?
Pero,
con todo esto, no se conforma, y decide jugar al todo o nada, y
propone un encuentro en el lugar que fuere… Ayer tan cerca y tan lejos, y hoy,
parece que tan cerca y un poco menos lejos… aunque su escepticismo le hace ser
bastante incrédulo…
Sigue
caminando sin esperar respuesta, ya cerca de su casa, y sin esperanza de
respuesta, y aunque quisiera ir a su encuentro, ignora dónde puede estar ella…
Al
cabo de un rato, de nuevo el sonidito del mensaje… ¿quién será ahora?
¡Sorpresa
mayúscula! ¡Reto aceptado! ¿Dónde?
Apenas 400 metros les separan… Una hora antes, había pasado por la puerta en su deambular…
Ahora
sí tiene destino y toma rumbo fijo. Ahora no deambula, ahora camina directo
hacia ella… ¡No le importa que saldrá de ese encuentro! Ahora lo que importa es
encontrarse…
Entra
y la busca en el fondo, y es ella quién se hace ver, ya que está casi a su
lado… Abrazo largo y besos… y el tiempo se detiene…
Deciden
irse a otro sitio más tranquilo. Les queda poco tiempo, y tienen muchas cosas
que decirse… o no… Salen tomados de la mano…
El
tiempo se acelera… Ella se irá apenas en un par de horas…
¿Para siempre?
Mayo,
23 de 2017
(1)
Canción
de Quintín Cabrera
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