Paraules d'amor senzilles i tendres.
No en sabíem més, teníem quinze anys
No en sabíem més, teníem quinze anys
Joan Manuel
Serrat
Así
como hay personas que no crecen, que se quedan en la adolescencia perpetua, así
existen empresas / directivos que siguen siendo adolescentes, y que exclaman
continuamente ¡NO SABEMOS MÁS!
Las
organizaciones, y, dentro de éstas, las empresas, tienen un ciclo de vida
natural: nacen, crecen, maduran y mueren…
Algunas
mueren, antes de crecer y madurar, otras, antes de hacerse “viejas”… Otras no
mueren, ya que se reinventan, renacen y por lo tanto, su vida se alarga en el
tiempo…
Las
razones o causas son diversas y amplias… Mercado, producto, adaptación al
entorno, procesos obsoletos, personas no formadas, no implicadas y, sobre todo
directivos / empresarios inflexibles y no adaptables a cada momento, por falta
de visión, comodidad, incompetencia…
A
lo largo de una carrera profesional de 40 años, uno ha visto y vivido de
todo…y, ha sido partícipe también de todo un poco, y, lo sigue siendo y
viviendo…
Hasta
ahora, no había trasladado el efecto adolescencia al mundo empresarial… Sin
embargo, veo que existen caminos paralelos entre una y otra…
Al
final, las organizaciones, son regidas, dirigidas, formadas por personas… no
son entes independientes que tienen una vida propia más allá de las personas
que la forman, ya que en realidad son un reflejo de éstas…
¿Una
organización adolescente o una dirección adolescente?
¿Porqué
una organización es adolescente?
Porqué
presenta los mismos síntomas:
·
Caprichosa
·
Se
opone a toda propuesta, más allá de lo que viene de “sus amigos”
·
No
acepta consejos, propuestas, opiniones de los profesionales
·
Lo
sabe todo
·
Todo
lo puede… no necesita a nadie (creerse inmortal)
·
Cambios
constantes de humor (de la simpatía al insulto en segundos)
·
Todos
se deben adoptar a sus normas y a sus horarios
·
Imprevisión
constante
·
Falta
de organización (cuarto desordenado)
·
Imposible
mantener una conversación coherente y organizada
·
Los
acuerdos que se toman, son sistemáticamente no respetados por ellos.
·
Excusas
permanentes
·
La
“culpa” siempre es de otros
·
Irrespetuoso
con las personas
·
Etc.
·
La
diferencia entre un directivo adolescente y un adolescente como tal, es que
generalmente el primero no crece, no madura, aún con los años, y con formación
suficiente… Es aquél, que en su disculpa, suele soltar siempre: “Soy así y no
puedo cambiar”, o aún algo peor “soy el que manda y por lo tanto se hace lo que
yo digo”
Es
este tipo de directivo, el que convierte a la empresa, en un ente de
improvisación constante, y, lógicamente se rodea de personas que le “bailan el
agua”, es decir, que o bien, no se “enfrentan” o bien son exactamente iguales,
por lo que el cambio es imposible de realizar.
Es
este tipo de directivos, el que consigue fácilmente la desafección de las
personas de la organización, porque en ellos se ve al “enemigo” o simplemente,
hacen su trabajo, cumplen su horario, pero no aportan más, porqué, primero, no
se le aceptarán dichas aportaciones en la mayor parte de los casos, y, segundo,
si se aceptan, no serán valoradas ni las propuestas ni las personas que las
realizan.
Más
allá del yo, o del círculo íntimo, nadie es bueno, nadie es necesario y nadie
está para aportar nada…
No
hace mucho, un directivo de esta naturaleza me decía algo así: ”aquí,
si no estoy yo, pepito y juanito, la empresa no funciona”, y además lo
repetía delante de otros miembros de la organización… El dios omnipotente hecho
directivo… o aquello que tan famoso hizo Luis XIV “el estado soy yo”, también
proclamado “dios sol”, en este caso, se pasa a aquello de "la empresa soy yo"
Son
estos directivos, que seguramente estudiaron “como motivar” en alguna de las
mejores universidades del mundo, pero debe ser tan buena, que para los
mortales, nos es desconocida.
Son
aquellos que están en todos lados, en todas las tareas, en todas las
responsabilidades, en todas las funciones… y, saben tanto de calidad, de
producción, de logística, de marketing, de ventas, de finanzas, de
administración, de derecho, etc. Saben tanto, tanto, que luego resulta que
tienen problemas de calidad, de regularidad, los costes son más altos que lo
que debieran y podrían ser, discuten sobre la situación de un cliente de 20
euros, pero son incapaces de exigir un cumplimiento organizado de su área
comercial y de su eficiencia…, y, también son aquellos, que se auto elogian
“que bueno soy”, “ya lo sabía”…, pero son incapaces de transmitirle a un
colaborador directo o indirecto, unas buenas palabras por el trabajo realizado,
un sencillo “enhorabuena” ó “buen trabajo”. Son aquellos que no se escuchan más que a sí mismos, y, a
veces hasta se escuchan a medias…
Pero,
también son aquellos que son inseguros, que se sienten inseguros en su puesto,
y, para demostrar seguridad, “arrollan” a los demás, y se quieren convertir en
imprescindibles: “quiero saber todo lo que pasa”, “no hagáis nada antes de
decírmelo”.
Son
los mejores coartadores de la automotivación de las personas que forman la
empresa, son aquellos que se imponen por el poder, pero no tienen autoridad…
Aquello que tan bien definieron los romanos: “la auctoritas” y la “potestas”
(Autoridad y poder: la autoridad dimana de la persona, su saber, su honradez,
etc., el poder del cargo que ocupa).
En
fin, son los mejores futuros liquidadores de empresas…, porque difícilmente una
empresa puede sobrevivir a una cultura de dirección adolescente.
Y,
en las épocas de bonanza, pasan desapercibidos y sobreviven, pero en las épocas
de crisis, dónde necesitamos hacer más con mucho menos, y, dónde las personas
implicadas, formadas, motivadas, son (aunque parezca todo lo contrario)
imprescindibles para poder intentar sobrevivir en los mares procelosos de la
crisis, y no pasar a formar parte de los miles de empresas que han perecido
ahogados en dichos mares.
Y,
decía lo de las personas, porque estos directivos, creen que hoy, en plena
crisis, las personas son lo menos importante, porque hay muchas sin trabajo y
que están haciendo cola para entrar a trabajar.
¡Ese es su gran error! Porque son incapaces de formar
equipos duraderos, eficaces y eficientes, motivados y responsables. Tendrán
trabajadores, ¡pero nunca tendrán equipos de esa naturaleza!, salvo que
maduren, estudien, escuchen y formen a sus colaboradores. Y, todo esto, pocos,
pocos serán los elegidos de todos los directivos adolescentes… Muchos de ellos,
ya no están a tiempo…
Si
las funciones fundamentales de la Dirección, o, los procesos clave de la
Dirección (según el modelo R5)(1), son:

O
esta otra, que al fin y al cabo, hablamos de lo mismo:
Partiendo
de cualquiera de los dos gráficos
anteriores, o esta definición de las Funciones de la Dirección, que
particularmente me gusta: “Coordinar y dirigir un conjunto de personas,
ideas y esfuerzos para lograr un objetivo común”, no cabe en dichos
modelos la figura del Directivo Adolescente, sino más bien todo lo contrario.
Por ello, debemos esforzarnos todos, para erradicar ese tipo de dirección, que
a la larga es nocivo para las propias personas, para las organizaciones, y al
final para toda la sociedad.
Cambiando
y mejorando nuestras organizaciones, ¡también
es una forma de salir de la crisis!
Solo
siendo mejores, primero como personas, como profesionales, y, luego como
equipo, saldremos reforzados de esta crisis, que no solo es financiera y
económica, también lo es de valores…, pero, sin ese esfuerzo conjunto:
empresarios, directivos, asesores, profesores, etc. no podremos cambiar ese
modelo de adolescencia permanente.
P.D.: Qué nadie se
confunda con el término adolescente o adolescencia, ya que no es una cuestión
de edad. Conozco directivos adolescentes de diversas edades, y, no precisamente
jóvenes.
9 noviembre 2011 – 1 de
agosto 2012
(1) www.Topempresa.com - José Luis Contreras

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