5 de octubre de 2010

SOMOS...

¡Somos tan frágiles¡ Somos frágiles y no somos conscientes de ello, como tampoco lo somos de otras muchas cosas… Uno se ha creído inmortal en alguna etapa de la vida, en otra simplemente feliz, en otra un aventurero intrépido, para llegar a la conclusión definitiva: simplemente un ser frágil, a veces desvalido, a veces, a veces solo una hoja amarillenta de otoño, bailando al son de la melodía que toca el viento…

¡Es tan fácil desestabilizarnos! Cualquier movimiento, cualquier sensación, cualquier fisura, en la forma, en el fondo… cualquier elemento por pequeño que sea, nos desestabiliza…

El vuelo de una mariposa, una palabra mal entonada, un revés emocional, un fracaso, una mala noche, una mirada, una noticia, una caricia… todos y muchos más son elementos desestabilizadores, rompedores de la armonía cómoda, de la rutina diaria, del camino lineal… Una hoja otoñal llevada por el viento, que busca, busca, busca…

No nacemos con los genes previsores de la desestabilización… No nos enseñan, no enseñamos, a equilibrar, a estabilizar las energías que nos permitan afrontar el tránsito por el que recorremos nuestra vida. No nos enseñan a reconocer nuestra fragilidad, en realidad nos enseñan una falsa fortaleza, a ser de piedra y acero…, cuando en realidad somos cuál frágiles cristales, a punto de romperse al mínimo golpe…

Un comentario, un simple comentario, dicho en un momento u otro, dicho en un tono u otro, con una mirada u otra, causa efectos totalmente diferentes, desestabilizadores, rompen el frágil cristal…


5 de junio de 2010

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