9 de septiembre de 2010

CAMINO DE ÍTACA

Homero, el GRAN HOMERO, nos dejó un inmenso legado, a través de la Ilíada y la Odisea. Un gran cuento, según algunos autores, una gran historia dicen otros…

Un gran tratado sobre los hombres y los dioses, sus deseos, sus caprichos… Hombres contra hombres, dioses contra dioses, dioses contra hombres y hombres contra dioses…

Mentiras, engaños, traiciones, la vida, la muerte, el amor, la pasión, la inteligencia, la avaricia, el dolor, el sufrimiento, la lucha, la mentira… La gran mentira como es la causa sobre la propia guerra de Troya: el rapto de Helena… Mentira que hoy se repite en muchos ámbitos, sobre todo en la política con minúscula, encarnada por pequeños seres, que distorsionan y retuercen la historia a través de mitos y leyendas, que como la de Helena, solo esconden el ansia de poder, otrora el de dominio del mar y del comercio, por ende el mismo poder…

Todo eso y mucho más nos ha dejado Homero hace cientos de años… alrededor de 2800 aproximadamente…

Un cuento de de hombres y dioses, de ambiciones y pasiones, encarnado por los aqueos al invadir Troya, para “vengarse del rapto de Helena de Esparta”, por parte de Paris de Troya, y, se supone que para lograr devolvérsela a su esposo Menelao.

Una historia de ambición política y económica, de aqueos contra troyanos, de griegos contra asiáticos, ya que éstos le impedían el paso a nuevos horizontes, nuevos lugares para establecerse, para comerciar y llegar a la Cólquide (allí dónde Jasón, robó el vellocino de oro y raptado a su princesa).

En realidad, es una historia-cuento maravillosa, que desentraña todo lo que había y hay, en lo que era y es, el ser humano.

Prácticamente los grandes personajes acaban todos mal...

Agamenón asesinado por su propia esposa, en venganza por que aquél había sacrificado a su hija Ifigenia a los dioses.

Aquiles muerto por el príncipe Paris, con una flecha en su único punto vulnerable: el talón.

Héctor muerto por Aquiles en combate, como venganza por la muerte de su amigo-amante Patroclo en combate por Héctor, príncipe de Troya.

Helena devuelta a Troya y condenada al gineceo de su esposo, el rey Menelao; ella la hija del anterior rey de Esparta, condenada a ser una concubina prácticamente en su propio palacio…

Menelao, un pobre infeliz...

Ulises, condenado a vagar por mares y tierras desconocidas, durante 10 años, mientras su esposa Penélope era acosada por los pretendientes y su hijo crecía en medio de la creciente pérdida de bienes de su casa, pero sobre todo sin libertad y sin padre…

Ulises, el gran Ulises, el protegido de Atenea, el diseñador del caballo de madera, que permitió a los aqueos entrar en una confiada Troya, borracha de éxito y alegría, por haber visto partir a las naves griegas, pero avariciosa al querer quedarse con el caballo de madera, dejado en la playa solitaria; Ulises, el de las artimañas, el taimado, el inteligente Ulises, no perece, sino que castigado por Poseidón a vagar 10 largos años, antes de volver a su casa… , a vagar, a sufrir, a ver morir a sus compañeros, a amar camino de casa… camino de Ítaca…

Después de 10 años de guerra contra Troya y 10 más, errante por mares y tierras, logra volver a casa, para encontrarse con a su hijo y a su esposa…, su gente, su casa…

Un hijo al cuál apenas recordaba, pues era un niño al salir él para Troya. Su padre no le reconoce…

Se encuentra la casa llena de pretendientes, que comen sus cosechas y su ganado… que pretenden a Penélope, para así, al casarse con ella, uno de ellos, convertirse en rey de Ítaca…

Vuelve, así, después de idas y venidas por el mar, de trabajos, de luchas, de promesas, de amores correspondidos y de olvidos… ¡solo piensa en volver!, a pesar de las sugerencias, ofrecimientos que recibe, para arraigarse, para emprender una nueva vida, de Telémaco, de su padre, de su gente, de su pequeña isla… ¡de Ítaca!

Ítaca, era la isla, la ciudad, la aldea, la casa… ¡la tierra!, ¡su tierra! Él, el gran Ulises, era un pastor y un agricultor en realidad, más que guerrero…

El hombre ha vivido en movimiento constante desde que apareció sobre la faz de la tierra…

Fue cuándo se hizo sedentario, y cuándo aparece el emigrante…

El emigrante no se mueve en masa, con su tribu, sus rebaños y sus casas a cuestas… El emigrante lo deja todo…, y se va en busca de su Troya particular…

El emigrante libra mil batallas en su camino hacia Troya… y mil veces mil, al llegar a ella; a veces gana y conquista y, a veces pierde… pierde tanto, que en ocasiones pierde su propia vida, durante el trayecto o en la batalla en la tierra adonde llega, a Troya…

En realidad, pierde siempre, aún conquistando, como Ulises, gana la guerra, pero sigue pensando en Ítaca, en su Ítaca particular…, todos tenemos nuestra pequeña isla, nuestra Ítaca que hemos dejado atrás…

En el camino hacia Troya, decía que pierde muchas veces hasta su vida, muere en ese viaje, a través del desconocido mar, del árido y duro desierto, o en un autobús cualquiera… y, si llega a su destino, allí debe esperar tiempo, mucho tiempo ante sus murallas, esperando entrar, esperando disponer de un caballo de madera que le permita cruzar esas murallas, al nuevo mundo que ha ido a conquistar... ¡sin papeles, sin trabajo! Espera, espera que se hace larga a veces, muy larga… como la de los aqueos ante las murallas de Troya hace aproximadamente 2.800 años…

De alguna forma, se muere siempre. El que sobrevive al mar, al camión, a los caminos que cruzan África, al desierto, a los ladrones, a las violaciones… a los que cruzan Asia, Europa y América, también muere de alguna forma, porque nunca vuelve a ser el que era antes de salir.

Derrumbará las murallas, conquistará, volcará su cultura en la nueva sociedad, pero también deberá aprender la de su nueva Troya, deberá esforzarse más que los troyanos de origen, deberá adaptarse, de alguna forma muere y renace al mismo tiempo…, y, seguramente seguirá pensando en Ítaca, en aquella Ítaca ideal que él cree que existe, pero en realidad, solo existe en su pensamiento…

Homero no nos lo cuenta, pero seguramente que el rey de Ítaca, pastor, labrador, navegante, guerrero y estratega, se habrá encontrado muchas veces, solitario, sentado en cualquier lugar de su isla, mirando el mar, con sus pensamientos lejanos y perdidos en el tiempo y en sus peripecias, recordando o quizás extrañando, el canto de las sirenas, a Circe, a Calypso, al Cíclope hijo de Poseidón, pero también a sus compañeros perdidos durante su largo viaje de regreso a Ítaca…, y posiblemente, los demás lo miren y no lo entiendan…

Y así también, aquellos que sueñan con el camino a Ítaca, aquellos que lograron retornar, se encontrarán mirando el mar, el sur, el norte, el este soñando con Ítaca, o desde Ítaca recordando sus tiempos de peripecias camino a Troya o en la misma Troya particular... y, al igual que Ulises, tampoco les comprenderán… Pensarán también que pasará en su casa, si habrá pretendientes asediando, acosando e intentando hacerse con su “reino”…

Turistas, viajeros, expatriados, emigrantes forzosos… todos tienen su camino a Ítaca, pero sólo los últimos, son aquellos que lo reconocerán como tal y seguirán soñando con la isla, su isla… su casa…

¿Síndrome de Ulises?, No, creo que deberíamos denominarlo Síndrome del Camino a Ítaca…

¡Todos lo sueñan, pero pocos lo recorren completamente! ¡Camino de Ítaca...



Junio 2010



No hay comentarios:

Publicar un comentario