Hará un par de días, entraba en una librería, y, mientras ojeaba algunos de los cientos de libros publicados, me encontré reflexionando, alrededor de los motivos que han llevado a miles y miles de autores cada día, a escribir… sobre tantos temas y vicisitudes, rarezas y otras curiosidades, a muchos de los cuáles, nadie leerá.
Y, sin darme cuenta, pasé a los motivos que me han llevado y me llevan a escribir, aún sabiendo de antemano, que mucho o todo, de aquello que se ha escrito y se escribirá, no ha interesado ni interesará a nadie… y, que han sido pocos y seguirán siendo pocos, los que han leído y leerán algunos de esos escritos…
Solo quedan a salvo de todo eso, aquello que escribí y, seguramente escribiré, tanto por mi trabajo profesional como por el docente, ya que aquí, mis lectores no tienen otra opción…
¿Por qué escribo desde hace años? Siempre me decía a mí mismo, que escribía para mi… Pero, ahora puedo definirlo con más claridad.
Escribo para conjurar mis miedos, mis pocas alegrías y mis muchos demonios…
Los demonios de la angustia, de la depresión, la insatisfacción, de la oscuridad, la incertidumbre, de la mediocridad (somos mediocres, a veces felices pero muy mediocres, creyéndonos extraordinarios e inmortales), de la muerte, la enfermedad, la locura y hasta del amor y el desamor…
Conjuro a todos mis demonios, para expulsarlos de mi alma, en algunos o en todos mis escritos, sea cual fuere el tema.
Los conjuro, tratando de expulsarlos, cuál exorcista, pero sólo logro calmarlos un momento, unas horas, unos pocos días…
Luego, luego vuelvo a sentirlos, inquietos, revolviéndose en mis entrañas, mordiendo mi alma y saciando su sed con mi sangre y mi savia vital… cuál vampiros en las noches oscuras y cerradas.
Vuelven, dormitan, pero vuelven, en el momento más inesperado, surgiendo sus horrendas faces, atropellándose para ver cuál es el que más se lleva de las almas… ¡de mi alma! Espíritus que invaden la tranquilidad y la calidez del ser humano, transformándolo en elemento dual: la vida-la muerte, el bien-el mal, la alegría-la tristeza, el amor-el odio, la paz-la violencia…
Durante el día, la noche, esté solo o acompañado, ahí están… ¡agazapados, esperando el momento!
¡Por eso los conjuro! Por eso bullen en mi cerebro, cantidad de exorcismos y conjuros, que debo transcribir al papel, para lograr expulsarlos, o intentar apaciguarlos un poco.
Conjuro a la mediocridad, a la ignorancia, la vulgaridad, la violencia, la mentira, la manipulación, al hambre, la guerra, la pobreza, el robo y el latrocinio. Conjuro la falta de dudas, las verdades universales…
Conjuro a la demagogia, al discurso perverso, miope y falsificado de la historia, al fanatismo que mueve y controla a los individuos transformándolos en masas…
Conjuro a todos esos demonios, que rondan a mí alrededor, intentando penetrar en mi alma y abrazarse a los míos propios.
Invoco a los momentos de felicidad que de tanto en tanto me ha regalado y me regala la vida…, al amor y la pasión que he sentido… para que perduren y sigan permitiéndome vivirlas cada día… invoco al escepticismo crítico y a la duda constante…
Invoco a mi niñez perdida, a mi adolescencia sufrida, a mi juventud vivida… Invoco a mi padre fallecido…
Todo eso y mucho más conjuro e invoco, en las palabras garabateadas que discurren a su capricho, en un papel cualquiera o en el cuaderno del momento, tomando cuerpo las imágenes de razón y de mi sinrazón, siguiendo su propio camino…
No importa quién me lea, o si no lo hace nadie, porque los conjuros funcionan, aunque sea por breve tiempo.
Será porque provengo de un pueblo antiguo, que vivía en las brumas en el fin de la tierra (Fins terrae), y, aprendió a conjurar a los dioses, a los demonios, a los hombres, a los animales y a los árboles… ¡a la propia naturaleza en su totalidad!, en la profundidad de sus bosques o en lo alto de sus montañas.
De alguna forma, nuestras brumas interiores fueron creciendo a medida que fueron disminuyendo las brumas de la tierra…
De ahí la necesidad de seguir conjurando, invocando, en la espesura de las ciudades y en lo alto de los edificios… y en los caminos de cemento…
Posiblemente, muchos de los autores de esos libros que nunca nadie lee, también conjuren a sus demonios y a sus dioses… Posiblemente otros conjuren a los suyos, en campos de futbol, en confesionarios, o simplemente ignoran quiénes son y han olvidando de donde vienen… De todas formas, ¿a quién le importa?
En algún lugar del mundo… lleno de demonios aún sin conjurar y algunas deidades maravillosas invocadas, en el silencio de los tiempos…. 14 de octubre de 2009
….desde mi simpleza , e ingenuidad, pienso que la motivación para escribir que moviliza a tantos autores, escritores de novelas, dramas, comedias, teatro, historias , historietas o cuanto genero exista, pasa por el simple deseo de exteriorizar sus sentimientos, y de comunicarse con el otro….de dar algo de si mismo, para compartir con el lector, de crear , gestar un pensamiento que dia a dia crece, como semilla en vientre fértil, dando un retoño de si mismo, mejorado o diferente, pero siempre con el estigma de su creador….
ResponderEliminarCreo que el escritor , escribe para ser leido, si la mala fortuna no lo remonta hacia sus lectores, la frustración quedara en el….y hara que esfuerce aun mas su creatividad y su arte en volcar su interior , sus sueños y su imaginación en nuevas obras, que lleguen a su objetivo….
No todo es angustia, depresion o insatisfacción en la vida de cada uno de nosotros, las bajezas del mundo, existen, nadie lo duda , y tambien las propias, pero cuando se quiere ver el saldo positivo, solo asumiendo una actitud positiva, se logra con facilidad….y estoy segura que en un balance final, deberian pesa mas los buenos momentos de cada etapa de la vida….las travesuras de la niñez, los olores de la infancia, la picardia de la adolescencia , las experiencias del adulto, y el amor que nos han brindado y que hemos sinceramente entregado en el largo camino recorrido….
La actitud frente al papel, tiene raices que le son propias del origen de cada uno , las experiencia vividas, muchas veces tristes, difíciles, complicadas, se traducen en cada palabra, en cada parrafo, en cada idea. Volcarlas en un texto es una forma de leerse , tambien a si mismo y curar heridas profundas y lejanas, mimando nuestro interior y arropando congoja acumulada….
Del pasado deben tambien rescatarse momentos gratos, simples y felices…..ver un amanecer ….seguir el vuelo de un ave…..disfrutar la sonrisa de un niño….admirar la sabiduría de un anciano…..reir con una buena película…..distendernos en una charla entre amigos….recordar un beso enamorado….
Todos son hechos sencillos y cotidianos, tan comunes en cada dia que hasta nos pasan desapercibidos, y es precisamente eso lo que no hay que permitir…. Hay que invocarlos, en cada despertar, tenerlos presentes en cada momento, y desterrar a los demonios que quieren hacerlos olvidar…!!!!!
Con Cariño….
Claudia
Todos los que escribimos lo hacemos para nosotros mismos pero con un deseo tímido de ser leídos. Y lo hacemos por una sencilla razón: expresar lo que sentimos y que tanto nos cuesta DECIR. Por eso necesitamos ser leídos, para recibir apoyos, para recibir otras palabras, para certificar que estamos en lo cierto o, simplemente, para pedir ayuda sin tener que hacerlo en voz alta. Porque llega un momento en que necesitamos el apoyo de los demás y nos cuesta horrores pedirlo. ¿Por qué? Muy sencillo: habitualmente nos creemos que somos los mejores profesionales, los mejores amigos, los mejores hermanos, los mejores padres, los mejores hijos, los mejores todo y esa soberbia que todos hemos experimentado alguna vez nos impide mirar hacia dentro, hacia lo que queríamos ser, hacia dónde hemos llegado, hacia esos sueños sin cumplir, hacía la nostalgia, hacia la deseada plenitud. Y cuando finalmente hacemos este ejercicio nos damos cuenta que esa imagen que hemos querido dar y que nos hemos acabado creyendo no corresponde con la realidad, con lo que somos. En ese momento nos planteamos quiénes somos y si realmente somos lo que queríamos ser, si realmente hemos hecho lo que queríamos hacer y si hemos actuado cómo queríamos, cómo nos decía el corazón o como nos mandaba la mente. Y, sobre todo, analizamos si somos culpables o víctimas de nuestras propias decisiones. Pero en el fondo todos esos sentimientos son la vida misma, la que hemos decidio vivir y de la que debemos sentirnos orgullosos porque hemos sido libres de tomar esas decisiones.
ResponderEliminarLos demonios que nos acechan a todos no son más que inseguridades que hay que salvar o preguntas a las que nos tenemos que responder pero siempre con positividad. Hablabas de mediocridad...Todos nos hemos sentido mediocres pero ésta es una etiqueta que nosotros mismos nos colocamos. ¿Quién dedide o juzga que somos mediocres sinó nosotros mismos? Y de la misma manera que decidimos considerarlos mediocres podemos decidir considerarnos especiales. ¿Qué nos lo impide? Sólo nosotros. ¿Debemos sentirnos mediocres por no haber alcanzado las metas que nos propusimos en nuestra juventud? ¿Debemos sentirnos mediores por haber dejado sueños por cumplir? ¿Por no haber disfrutado la vida como queríamos? ¿Por habernos dedicado a tirar una familia adelante con muchísimos esfuerzos y trabajo y por eso haber sacrificado otras cosas? ¿Debemos sentirnos mediocres por no ser los mejores en nuestro campo? La respuesta es NO! Debemos sentirnos siempre orgullosos de la vida que hemos vivido sea cuál sea. Nuestros objetivos pueden cambiar . Un día decidimos que vamos a ser profesionales de referencia pero llega un momento en qué comprendemos que hay otras cosas que nos harán más felices. Un dia decidimos que queremos dar la vuelta al mundo y dejarlo todo atrás pero no nos atrevemos a dar el paso...y tememos que ese sentimiento nos persiga más adelante...Porque tememos a esos demonios. Lo mejor de todo es que esos demonios que nosotros mismos hemos creado, nosotros mismos podemos destruir igual de fácil. Sólo tenemos que ver las cosas desde otro punto de vista: el del orgullo y la libertad. Y esos sentimientos los podemos encontrar en pequeños momentos. No necesitamos la gloria, ni los aplausos, ni los vítores de las masas. Porque la felicidad la puedes vivir una mañana viendo el amanecer, sintiendo la brisa del mar una tarde de invierno, tomándote una taza de café en el balcón o paseando por la montaña. Porque la felicidad está más allá de nuestros miedos. Recreándonos en ellos sólo les damos más fuerza cuando callando sus voces los podríamos destruir. Escribir sobre los buenos momentos que nos ha dado la vida es una buena terapia.
(Yas)
Estimada Claudia:
ResponderEliminarEn primer lugar, lo de la simpleza e ingenuidad no tiene cabida, en una persona de la capacidad personal y profesional como eres tú, por lo tanto el comentario es interesante e importante, por qué está hecho desde la verdad sentida… y así lo acepto y considero.
En segundo lugar, la motivación de autores, escritores de todo tipo de género, no la discuto, pero no se me puede incluir en ninguno de ellos, yo no soy un autor ni escritor de nada… ni nunca me he considerado así. Sí escribo, es para comunicarme, comunicarme conmigo mismo, salvo las cartas, siempre me ha encantado escribir cartas; de hecho, escribí cientos de cartas… Me apasiona el género, porque en él hay comunicación directa, hay un interlocutor que nos lee, que nos responde, que discrepa, que se apasiona y opina… Es una obra viva… ¡extraordinaria!, pero ahora perdida, herida de muerte por el correo electrónico y asesinada por los mensajes de teléfono… También he escrito especialmente para alguien o por alguien… como sabes muy bien.
José M. Canedo
Respuesta a Claudia (II)
ResponderEliminarA veces, una idea, una noticia, un estado de ánimo, aquella carta que nunca llegará a su destino, da vueltas en mi mente, me cautiva, me obsesiona, me tortura, y hasta que no la llevo a un papel, no desaparece, aunque al llegar a él, no sea exactamente tal como se escribía y describía en esta mi mente que tiene su propia vida. A partir del momento que se transforma en letra viva, desaparece de mi mente, se queda vacía, se va… vuela hacia el infinito…
Por lo tanto, no escribo para ser leído, tal como dices, y, solo acceden a leerme aquellos que quiero que me lean, y no siempre uno quiere ser leído. De ahí que no tenga la frustración al no ser leído, y mi creatividad, si realmente existe, cosa que dudo mucho, no estará forzada por dicha frustración, para volcarla en nuevas obras para llegar a un objetivo… No tengo objetivos respecto a mis escritos…, salvo aquellos que van dirigidos expresamente a alguien, como es el caso de mis textos académicos, que tienen que ser de utilidad para mis alumnos.
Estoy de acuerdo en que no todo es angustia, depresión o insatisfacción, y a pesar que existan bajezas en el mundo, en cualquier ser humano, existe siempre un lado positivo y sobre todo, hay que buscar todo lo positivo en la vida, tanto en la de uno como en la humanidad en general, caso contrario, no podríamos soportar vivir. Los buenos momentos existen, los regulares y los malos también, y, habitualmente tendemos a recordar más los buenos, a olvidar o dulcificar los malos; pero ello no significa, que no podamos escribir sobre otras situaciones, pensamientos, emociones, sentimientos, en síntesis: ¡sobre la propia vida!
Uno no tiene un sentido trágico de la vida, pero ello no debe llevarnos a no expresar todo lo que quiere en cada momento, sobre todo cuándo se disfruta escribiendo, que a su vez forma parte misma de esa vida. El amor, el dolor, la tristeza, la alegría forman parte de nuestra vida, ¿porqué no escribir sobre ellos? No somos ni ángeles ni demonios, somos seres humanos, con su parte de ángeles y de demonios, con sus sueños y sus pesadillas… ¿Por qué no alegrarse de lo bueno y exorcizar a aquello no tan bueno?
No han desaparecido mis recuerdos felices, ¡los tengo muy presentes!, disfruto de un atardecer, de una playa desierta, de los pájaros que escucho cantar cada mañana, de la vista del mar desde la terraza de mi casa, de una buena conversación (aunque no hay muchas en los tiempos que corren), de un viaje, de una pintura, de una tarde de lectura… de todos esos pequeños momentos, fugaces, en las cuáles somos felices…
Entiendo que de la lectura del escrito, has sacado conclusiones que no se corresponden ni con mis pensamientos ni con mi vida, por lo que es una demostración clara, que mis escritos no se entienden, tal como yo los he “creado” y como los transmito.
Desde hace años que, a pesar que muchas cosas vividas, hubiera preferido no haberlo hecho, me considero un ser privilegiado… Por muchas razones, tanto personales como profesionales; por lo tanto no me siento ni demonizado ni ingrato con mi pasado ni con mi presente, más bien ¡todo lo contrario!
Por eso, intento darle el sentido a cada minuto de la vida, y tratar de vivir el hoy y no esperar lo que me depare el mañana…Y, en ese sentido a cada minuto, busco esas cosas sencillas, si alguna vez fui algo “sofisticado” aparentemente, ahora creo haberme curado, pero eso no es óbice que cada uno de nosotros, no tenga “demonios que conjurar”… los miedos, la inseguridad, la rutina, el amor, el desamor, y tantas otras cosas, que en algún momento todos hemos tenido o tenemos que “conjurar”. Reconocerlo, es una forma de eliminarlos y así vivir mejor esos momentos cotidianos.
Por ello, te pido disculpas si no he sabido trasladarte mis emociones o simplemente mi “creatividad” de escribidor sin pretensiones, y agradezco muchísimo tus comentarios y la apasionada fuerza que de ellos se vislumbran.
José M. Canedo