25 de septiembre de 2016

EL HORIZONTE… LA BÚSQUEDA

Dice un proverbio tuareg, que “El hombre mora en el horizonte”, porque es el horizonte aquél lugar al que siempre queremos ir, y en su búsqueda constante caminamos por la vida y, se supone, hacia la vida. El horizonte es la perfección, es aquél objetivo hacia el que caminamos, pero sabemos que nunca llegaremos, pues siempre habrá un horizonte en nuestro camino.

Pero, ¿qué es lo importante?

Es esa búsqueda y ese camino, lo que nos hace a los humanos tan especiales, para lo bueno y lo malo, todo depende de la visión que se tenga de la búsqueda y sobre todo de la llegada… Pues, nunca habrá llegada.

Los tuaregs, hombres del desierto, veían en el horizonte su destino, y en su sabiduría no se aferraban a un sitio concreto, sino que se movían constantemente, buscando su destino, su horizonte…

Esa sabiduría de la búsqueda, dónde lo importante no es la llegada, sino el propio camino, la propia búsqueda, ha sido totalmente abandonada, y de ahí, de ese abandono, llegamos a la situación terrible actual de la humanidad… Las guerras de conquista han dado paso a otras guerras, disfrazadas de “ideales”, que no es más que ideología rancia, brutal y de desprecio por el ser humano, y de la búsqueda del horizonte…

Nuestro comportamiento es el de aquí y ahora… el de “todo vale” para conseguir ciertos objetivos, que no son más que poder, poder y poder… , dónde se confunden otros, como el dinero, la religión, los recursos, pero se resumen todos en uno solo: “el poder”, el poder sobre los demás, el poder del pastor sobre el rebaño torpe y sin voluntad, que camina, contento hacia el precipicio o hacia el matadero, conducido por aquellos que utilizan y dominan los resortes emocionales de los ignorantes, mediocres y estúpidos, que hemos olvidado la búsqueda individual de nuestro destino: ¡el horizonte!

Cuánta más “información” está a nuestro alcance, más desinformados estamos, más fácil es conducirnos como rebaños… A lo largo de la historia ha sido así, y, en pleno siglo XXI, dónde como nunca  en nuestro largo caminar sobre la tierra, hemos estado “tan informados”, “tan formados”, resulta que las ideologías de exterminio, de desprecio por el otro, del racismo y la xenofobia y, sobre todo la aplicación práctica de ese extermino, de ese desprecio al otro, al diferente, la humillación, la vulneración de los derechos humanos fundamentales, no solo están a la orden del día, sino que  posiblemente, están más exacerbadas que nunca.  El derecho del diferente, es decir, de cualquier otro que no sea uno mismo, ha desaparecido casi por completo (si es que ha existido), y aunque se levantan voces en distintas partes de este planeta, al final terminamos por no hacer nada, porque al final vivimos y somos sociedades aborregadas y cobardes.

Hacemos oídos sordos, miramos para otro lado, ante todos estos hechos que ocurren día a día. Los miles de muertos diarios en guerras brutales e inútiles (todas las guerras son inútiles). El fanatismo religioso, el fanatismo laicista, la destrucción del otro, de aquello que representa a un pasado o un presente diferente, es noticia cada día… El esclavismo existente en diversas partes del mundo, la sumisión y tortura a las mujeres en otras partes, la destrucción por la destrucción están ahí, y no vemos nada… De tanto mirar no vemos nada…

“tierra…” (Párrafo perdido)

Como miles de personas se arriesgan a la aventura de la supervivencia, al embarcarse en rutas kilométricas, dónde son pasto de los buitres de las mafias que lucran con su dolor, con su ansia de caminar hacia el horizonte, y dónde mueren por el camino, en barcos que son chatarra andante, y aquellos que pueden llegar a un sitio, que sería el inicio de esa parada hacia su destino, luego son encerrados, utilizados nuevamente, y pasto de la xenofobia y el racismo de los “buenos”…

Hemos dejado de buscar nuestra morada en el horizonte, y hemos pasado a cuidar nuestro pequeño cortijito, y así nuestro horizonte solo es un pequeño pedazo de tierra, dónde nos echarán un día, porque nos hemos muerto sin saber que todos tenemos que llegar allí, pero que lo importante no era el destino, sino el camino… y ese pedazo de tierra o aquella parte de tierra o de agua que reciba nuestras cenizas, será el lugar que nadie recordará… tierra dónde seremos pasto de gusanos o diluidos en el mar o llevados por el viento… ¿quién se acordará entonces de nosotros?

Cuando comenzamos a creer que somos inmortales, hemos dejado de buscar el horizonte… hemos dejado de creer en el misterio de la vida, y tal como  dice  MAURICIO WIESENTHAL en un artículo sobre Rilke y sus “Elegías” paridas e iniciadas en el castillo de Duino:                         
“... Y será aquí donde comprenderá que el hombre moderno de Occidente, con su terror a la muerte, ha roto el camino que siguen los ángeles para comunicarse con los vivos, dejándonos sumidos en la ignorancia y en la angustia de una existencia sin revelación ni futuro”.
Castillo construido en el siglo X, destruido prácticamente, durante los bombardeos que sufrió durante la Gran Guerra, y que ahora es un museo que evoca muchos de los hechos acaecidos en Europa, muchos de ellos horrorosos.

No hay duda alguna, que el ser humano ha sido y es, capaz de los hechos más extraordinarios y también de los más terribles y tenebrosos. Ha sido capaz de levantar una ciudad como Palmira, en pleno desierto hace más de 15 siglos, y ha sido capaz de destruir gran parte de lo que quedaba de aquella obra grandiosa, en pocos días, porque había sido levantada por “infieles”,  así vemos en los últimos años, “hazañas” de este tipo por esos fundamentalistas, por esos “fieles” que buscan llegar al paraíso destruyendo y matando todo aquello que es bello y que proviene o hacen “los infieles”.

Tampoco hay duda, que en todo ser humano, existe una especie de doble alma, dónde hay una parte en nuestro fuero interior, que cuándo surge nos puede hacer extraordinarios o brutales asesinos y destructores de todo aquello que es la “otra parte”, si lo simplificara, diría que en cada uno de nosotros coexisten el ángel y el demonio, y que viven en lucha constante, dónde no siempre triunfa el ángel. Ese “ángel”, está nutrido por el respeto  hacia los demás, el amor, la bondad, la educación, la lucha por la construcción de una sociedad mejor, es decir, el camino hacia el horizonte…

El otro está nutrido por el odio, la ignorancia, la humillación al otro, la destrucción de todo aquello que no sea “lo suyo”,  él es el dueño “de la verdad absoluta”, y como guardián de esa “verdad absoluta”, encerrada en caja con 7 llaves, matará, destruirá y humillará a todo aquellos que no piensen igual, y no parará hasta llevarnos al redil, a otra caja muy grande, que no deja de ser una cárcel, dónde se pretende que todo aquello que, justamente nos hace humanos, desaparezca.

Pero no solo los que destruyen, matan y humillan son responsables de todo esto, también lo son, lo somos, todos aquellos que callamos, que miremos para otro lado, o que hacemos oídos sordos, pues solo nos horrorizamos los 5 minutos en que las noticias nos dan informaciones sobre algunos de estos hechos. También aquellos que nutren y abastecen a los brazos que matan, destruyen y humillan, con armas, con desinformación, con recursos, sea facilitándolos o comprándoles petróleo u otro tipo de elementos, que les permiten mantenerse en sus “cruzadas o yihads” contra los diferentes. Y, gran parte de estos últimos, están entre nosotros, conviven con nosotros…

Por eso cuándo escribía, curiosamente encontré en Rilke algo sobre la caja o las dos almas, cuándo dice:

No analizamos nuestros problemas en toda su profundidad y no nos damos cuenta de que tienen, por decirlo así, un doble fondo. Y todos nuestros esfuerzos por llegar hasta el fondo de las cosas se detienen en el falso nivel. ¿En qué momento va a abrirse el cajón secreto? Eso no depende de nuestra habilidad, sino que un gesto involuntario y fortuito –quizás un descuido– nos permitirá descubrir el resorte, en el momento menos pensado”

Pero, sin embargo, me pregunto si realmente hoy en día, depende o no de nuestra habilidad para abrir ese doble fondo. Lógicamente, no es lo más cómodo, pero sí queremos que nuestra morada esté en el horizonte, debemos forzarnos a llegar a ese doble fondo, y abrirlo para que la luz también llegue al mismo, porque de no hacerlo, no tenemos horizonte alguno, porque no tenemos futuro… Ese horizonte, ese futuro, hoy está secuestrado, y no depende de nadie más que de nosotros mismos, desterrar la ignorancia de nuestras vidas, para llegar a ese doble fondo…

¿Cuál es el horizonte al que debemos llegar a morar? Nuestro horizonte no es otro que el llegar a ser una humanidad mejor, más solidaria, más igualitaria, más justa…

Y para alcanzarlo, es indispensable que cada uno de nosotros sea mejor, más justo, más solidario, más justo, más y mejor persona… pero, para ello necesitamos esforzarnos, salir de nuestra comodidad, reflexionar, educar y educarnos, racionalizar, pensar… ¡pensar como individuos y no como masa!

Solo así dejaremos de ser borregos, y dirigir a los pastores y no ser pastoreados… y a todos los que fomentan el odio, la diferencia por encima de lo que nos une, la intransigencia y todo aquello que busca el enfrentamiento, decirles que tenemos memoria, que nos acordamos lo que hicieron aquellos que pensaban y actuaban como ellos en el pasado, y que no lo lograrán… que para ser mejores no hace falta destruirlo todo, arrasar lo que nuestros antepasados, o simplemente los de ayer, hicieron… qué tenemos construir sobre lo construido, y cuándo haya que sanear o corregir, que lo haremos, pero no a costa de la destrucción…

Tenemos que decirle a todos ellos ¡Basta!, basta ya de tanta mentira, basta ya de erigirse en representantes de una entelequia, y actuar en nombre de… Dios, del pueblo, de la lengua, del color de la piel, en nombre de lo que sea… ¡Basta ya! En nombre de… se han cometido los mayores crímenes contra la humanidad… y ahí están, al alcance de nuestra memoria, de nuestras miradas… ¿Cómo es que no lo vemos?

Tenemos que decirles ¡Basta ya a la ignorancia!

En su primera elegía, Rilke dice: ¿Quién pues, si yo gritase, me oiría desde los coros de los ángeles?

Y, ¿quién soy yo, más que una leve voz que clama en este mundo, para ser oído? Pero, si no es una, sino que son muchas las voces, cientos, miles, millones las que clamen, las que gritaran, ¿no seríamos oídos desde los coros de los ángeles?

Por mi parte, seguiré intentando buscar mi morada en el horizonte, y me seguiré preguntando como hacía desde muy pequeño, desde los montes de mi tierra gallega, cuándo el sol se perdía en el horizonte, ¿Cómo puedo llegar allí? Hubo un tiempo que creí que había llegado, no era más que un poco más ignorante que lo soy hoy, y por ello seguiré buscando y caminando, aunque mis piernas se muevan más lentamente… y sea mucho más escéptico…


Barcelona, 24 de septiembre de 2016

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