9 de diciembre de 2012

NOVIEMBRE…


Una tarde de otoño, en este noviembre que se acerca a su final… Una tarde, un día lluvioso, de esa lluvia fina otoñal, con nubes bajas cargadas de ventura y de amenazas…

El mar, de acerado color, bate sus olas contra la costa, entonando su melodía otoñal, en esta tarde de noviembre, lluviosa y tranquila…

Fin de semana de otoño, mas proclive para mirar hacia adentro, que a salir de la protección de la casa, y del calor interno del propio cuerpo… Son días del alma, más que del cuerpo…

Son días para el ensimismamiento y la reflexión… compatibles ambas, ambas contradictorias…

Son días de lectura, arrebujado en una manta, de películas para que el tiempo pase, simplemente pase, en esta tarde otoñal de noviembre.

Son días para las conversaciones sosegadas, abrazados en el sofá, de aquellos que puedan, de aquellos que quieran… compartiendo el tiempo, el espacio, e incluso el silencio…

Son días de palabras, a veces mudas, pero de miradas intensas, que establecen un enlace, un vínculo, una conexión más allá de las palabras habladas…

Las ramas de los pinos se balancean suavemente, al son de la canción del apenas viento… Las aceradas aguas a lo lejos, parecen tranquilas, aunque la espuma que se desprende al golpear contra las rocas, desmienten lo que los ojos están viendo…

En el ambiente de total silencio, solo roto por la música de Falla, que eleva el espíritu al subir con sus acordes, los que bajan a límites casi inaudibles, provocando un corte de respiración, hasta que la melodía comienza de nuevo a elevarse, y elevarse hasta más allá del firmamento… ¡El Amor Brujo!

¡Qué maravillosa definición…! El Amor, solo puede serlo, sólo si es brujo… si nos eleva hacia el cielo, nos hunde en la tierra, y, nos vuelve a elevar… El  sentirse perdido en los ojos del otro, por la inmensidad y la intensidad de las miradas y la luz que uno en ellos encuentra…

¿Cómo no va a ser brujo todo eso?

El escuchar, en un susurro tal vez, un “te amo”, o simplemente dejarse arrastrar por la sonrisa del otro hacia el infinito, si fuera necesario.

Una caricia, un gesto, una mirada, es producto de esa “brujería”. ´

Palabras silenciosas, que nos abrazan, enternecen y nos hacen más humanos…

Las palabras, son un instrumento del alma, para compartir todo lo bueno que somos…  pero, también, también pueden ser la espada filosa y fría, que se nos clava en el corazón, porque están dichas para herir, e hieren, hieren con mortal consecuencia… Qué están pronunciadas para pedir, para dar, para informar…dónde el momento, la forma, el tono, la sonoridad no siempre llega con esas intenciones. Palabras que hieren, que duelen intensamente, a pesar que su intención, posiblemente, sea otra…

Palabras, cuyos conceptos no concuerdan con las palabras silenciosas, con esa mirada, con ese sentimiento que está en los ojos y la boca no acaba de saber expresar… Las palabras mentirosas… aquellas que dicen todo lo contrario de aquello que quieren decir, y que se están pensando…

Tarde de noviembre… Tarde otoñal, de lluvia fina, cielos tapados de grises nubes, cargadas de agua y de presagios…

Tarde reflexiva y silenciosa, de papeles manchados por diminutos dibujos, cuál garabatos, que pretenden recoger el hilo de los pensamientos, perdiéndose en mil vericuetos y secretos pasadizos sin final, terminando por convertirse en meros desvarios de una negra libreta de rayas, que permite escribir razonablemente derecho…

Momentos únicos, dónde el pensamiento vuela y se eleva, cuál ligera pluma zarandeada por el viento… hacia cualquier punto del universo… incluso, incluso hacia nosotros mismos…

Con ellos vuela nuestra alma, nuestra alegría o nuestra angustia…, sacudidos todos ellos por los bruscos movimientos del viento que los agita…

Atrás quedan otros pensamientos, otros escritos inacabados, otros papeles incompletos, ahora es otro tiempo, otro momento, y, hasta otro espacio…

Muchos de esos, quedarán sumergidos, en un mar de papeles en un cajón cualquiera, o en otra libreta negra de rayas, olvidados para siempre…,

Ese -olvido- también es nuestro destino… quedar sepultados y olvidados a lo largo del tiempo, y, lo sumo convertirnos en una anécdota de alguna conversación futura…

Atrás quedan esos otros pensamientos, escritos con letra rápida, a veces ininteligibles, llevados por la pasión momentánea, que empujaba la mano y la pluma sobre el papel, tratando de no perder el hilo de la desbocada mente…

Al final, todo es pasado, incluso el presente, y si es así, y el futuro no existe, porque todo es presente también, vemos claramente que, siempre estamos en el pasado… Qué en realidad, somos pasado…

Tarde otoñal, de recogimiento, y de pantuflas, de desvarío del pensamiento, de soledad y de grisáceo contorno, que nos abriga y protege de las inclemencias del exterior, llevándonos, abandonándonos por el firmamento de nuestro interior…

Tarde otoñal, de fina lluvia, pero intensa, dónde las aguas aceradas del cercano mar, apenas se divisan, porque el cielo y la tierra se acercan para su abrazo otoñal; de pensamientos desvariados, que nos llevan lejos, muy lejos… al país del sol y el mar de aguas azules.

Tarde otoñal, dónde al final, todo es distancia, todo es interior… Tarde de noviembre de un otoño pleno, que nos atrae y repele al mismo tiempo, que nos aprisiona y libera en el mismo instante…

Tarde otoñal de noviembre, que has dislocado mis sentidos, llevándolos a la anarquía y a la contradicción… Tarde de suave melancolía, reflexiva y tranquila, melancolía al fin…

Duelen las ausencias, duelen las distancias de aquellos que se fueron, de aquellos que no están, de aquellos que están lejos… Dolor intenso, sereno, pero ¡dolor al fin y al cabo!

Tarde otoñal de un mes de noviembre cualquiera, ¡bien hallada seas!

18 de noviembre 2012

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