Una
tarde de otoño, en este noviembre que se acerca a su final… Una tarde, un día lluvioso,
de esa lluvia fina otoñal, con nubes bajas cargadas de ventura y de amenazas…
El
mar, de acerado color, bate sus olas contra la costa, entonando su melodía otoñal,
en esta tarde de noviembre, lluviosa y tranquila…
Fin
de semana de otoño, mas proclive para mirar hacia adentro, que a salir de la
protección de la casa, y del calor interno del propio cuerpo… Son días del
alma, más que del cuerpo…
Son
días para el ensimismamiento y la reflexión… compatibles ambas, ambas
contradictorias…
Son
días de lectura, arrebujado en una manta, de películas para que el tiempo pase,
simplemente pase, en esta tarde otoñal de noviembre.
Son
días para las conversaciones sosegadas, abrazados en el sofá, de aquellos que
puedan, de aquellos que quieran… compartiendo el tiempo, el espacio, e incluso
el silencio…
Son
días de palabras, a veces mudas, pero de miradas intensas, que establecen un
enlace, un vínculo, una conexión más allá de las palabras habladas…
Las
ramas de los pinos se balancean suavemente, al son de la canción del apenas
viento… Las aceradas aguas a lo lejos, parecen tranquilas, aunque la espuma que
se desprende al golpear contra las rocas, desmienten lo que los ojos están
viendo…
En
el ambiente de total silencio, solo roto por la música de Falla, que eleva el
espíritu al subir con sus acordes, los que bajan a límites casi inaudibles,
provocando un corte de respiración, hasta que la melodía comienza de nuevo a
elevarse, y elevarse hasta más allá del firmamento… ¡El Amor Brujo!
¡Qué
maravillosa definición…! El Amor, solo puede serlo, sólo si es brujo… si nos
eleva hacia el cielo, nos hunde en la tierra, y, nos vuelve a elevar… El sentirse perdido en los ojos del otro, por la
inmensidad y la intensidad de las miradas y la luz que uno en ellos encuentra…
¿Cómo
no va a ser brujo todo eso?
El
escuchar, en un susurro tal vez, un “te amo”, o simplemente dejarse arrastrar
por la sonrisa del otro hacia el infinito, si fuera necesario.
Una
caricia, un gesto, una mirada, es producto de esa “brujería”. ´
Palabras
silenciosas, que nos abrazan, enternecen y nos hacen más humanos…
Las
palabras, son un instrumento del alma, para compartir todo lo bueno que
somos… pero, también, también pueden ser
la espada filosa y fría, que se nos clava en el corazón, porque están dichas
para herir, e hieren, hieren con mortal consecuencia… Qué están pronunciadas
para pedir, para dar, para informar…dónde el momento, la forma, el tono, la
sonoridad no siempre llega con esas intenciones. Palabras que hieren, que
duelen intensamente, a pesar que su intención, posiblemente, sea otra…
Palabras,
cuyos conceptos no concuerdan con las palabras silenciosas, con esa mirada, con
ese sentimiento que está en los ojos y la boca no acaba de saber expresar… Las
palabras mentirosas… aquellas que dicen todo lo contrario de aquello que
quieren decir, y que se están pensando…
Tarde
de noviembre… Tarde otoñal, de lluvia fina, cielos tapados de grises nubes,
cargadas de agua y de presagios…
Tarde
reflexiva y silenciosa, de papeles manchados por diminutos dibujos, cuál
garabatos, que pretenden recoger el hilo de los pensamientos, perdiéndose en mil
vericuetos y secretos pasadizos sin final, terminando por convertirse en meros
desvarios de una negra libreta de rayas, que permite escribir razonablemente
derecho…
Momentos
únicos, dónde el pensamiento vuela y se eleva, cuál ligera pluma zarandeada por
el viento… hacia cualquier punto del universo… incluso, incluso hacia nosotros
mismos…
Con
ellos vuela nuestra alma, nuestra alegría o nuestra angustia…, sacudidos todos
ellos por los bruscos movimientos del viento que los agita…
Atrás
quedan otros pensamientos, otros escritos inacabados, otros papeles
incompletos, ahora es otro tiempo, otro momento, y, hasta otro espacio…
Muchos
de esos, quedarán sumergidos, en un mar de papeles en un cajón cualquiera, o en
otra libreta negra de rayas, olvidados para siempre…,
Ese -olvido- también es nuestro destino… quedar sepultados y olvidados a lo largo del
tiempo, y, lo sumo convertirnos en una anécdota de alguna conversación futura…
Atrás quedan esos otros pensamientos, escritos con letra rápida, a veces ininteligibles,
llevados por la pasión momentánea, que empujaba la mano y la pluma sobre el
papel, tratando de no perder el hilo de la desbocada mente…
Al
final, todo es pasado, incluso el presente, y si es así, y el futuro no existe,
porque todo es presente también, vemos claramente que, siempre estamos en el
pasado… Qué en realidad, somos pasado…
Tarde
otoñal, de recogimiento, y de pantuflas, de desvarío del pensamiento, de
soledad y de grisáceo contorno, que nos abriga y protege de las inclemencias
del exterior, llevándonos, abandonándonos por el firmamento de nuestro
interior…
Tarde
otoñal, de fina lluvia, pero intensa, dónde las aguas aceradas del cercano mar, apenas se divisan, porque el cielo y la tierra se acercan para su abrazo
otoñal; de pensamientos desvariados, que nos llevan lejos, muy lejos… al país
del sol y el mar de aguas azules.
Tarde
otoñal, dónde al final, todo es distancia, todo es interior… Tarde de noviembre
de un otoño pleno, que nos atrae y repele al mismo tiempo, que nos aprisiona y
libera en el mismo instante…
Tarde
otoñal de noviembre, que has dislocado mis sentidos, llevándolos a la anarquía
y a la contradicción… Tarde de suave melancolía, reflexiva y tranquila,
melancolía al fin…
Duelen
las ausencias, duelen las distancias de aquellos que se fueron, de aquellos que
no están, de aquellos que están lejos… Dolor intenso, sereno, pero ¡dolor al
fin y al cabo!
Tarde
otoñal de un mes de noviembre cualquiera, ¡bien hallada seas!
18 de noviembre 2012
18 de noviembre 2012
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