Esta tarde, después de volver de tomar un café con un viejo amigo, al llegar al despacho, me detuve, sin proponérmelo, en el centro del mismo, y me vi a mi mismo observando todo lo que me rodeaba: libros, muchos libros, diplomas, certificados, fotos de alguna conferencia, de premios recibidos, placas, orlas de varias promociones de mis alumnos, etc.
Y sin mirar a alguno de esos objetos en particular, comencé a rememorar entrevistas, artículos… clases, viajes por todo el país, los días de semana de 19 a 23 horas, los fines de semana viernes tarde y sábado todo el día… Todo lo aprendido de mis alumnos en cientos de clases, con personas de todas las edades, variopinto conocimiento: titulados universitarios o personas con mucha experiencia, empresarios, directivos, personas todas ellas con un gran objetivo: aprender… con una actitud extraordinaria, con mucho esfuerzo, y con mucho respeto hacia ese jovencito que con gran audacia, se ponía delante de ellos e intentaba trasladarles conocimiento, pero sobre todo despertarles muchas dudas, dudas que tenían que seguir buscando las respuestas en su propia vida profesional…
Recordaba rostros, situaciones, de tantas y tantas personas, algunas de las cuáles hoy son empresarios y ejecutivos de alto nivel, directivos y profesionales con un excelente curriculum… Otros ya no estarán… Amigos que se hicieron en fines de semana, y en los breves descansos que nos dedicábamos… Con alguno de ellos, hemos podido continuar la amistad en el tiempo, además de colaboraciones…
Los estudiantes universitarios, con otra actitud y otras perspectivas, con un poco más de 20 años, a los cuáles había que enseñarles método y rigor en su trabajo como estudiantes, para que supieran que el futuro era algo más que una palabra…
Algunas carpetas, me observan también a mí, desde el mueble, que debería estar vacio, pero que ellas ocupan, de mi material académico: finanzas, management, contabilidad… que esperan el tiempo en que su autor, “le meta mano”, proceda a actualizar los temas, reordenarlos y tratar de darle forma de lo que antaño era una ambición e ilusión personal: publicarlos. Tantas, tantas horas dedicadas a crear, modificar, mejorar y ampliar cada año… ¡cuántas horas! ¡Cuánto esfuerzo! Y, ¡cuánta satisfacción me ha dado la docencia!
Pero, no sólo estaba la docencia, estaban ahí también representados unos 38 años de vida profesional… esfuerzos también, aprendizajes, cambios, el ansia de progresar, de aprender, de enseñar, de no equivocarme, de ser fiel a mis principios, de luchar y de perder batallas…
Mientras observaba y mentalmente recordaba a saltos, y el tiempo se encogía y estiraba en segundos, paralelamente pensaba y pensaba:
¿De qué sirve todo eso ahora?
¿Sirve para algo?
¿Comienzo a mirar hacia el pasado en lugar de mirar hacia el futuro?
En otro momento, me hubiera sentido orgulloso, quizás hasta vanidoso, pero hoy no… hoy, miraba todo eso y me veía a mí, en los últimos 30/40 años retratado en todos esos diplomas, certificados, fotos… y, una cierta melancolía mezclada con una cierta desazón invadían mi ánimo…
¿Para qué sirve todo esto? Lo miraba y todo lo veía lejano… todo eso me representaba, quizás me representó, pero ¿me representa ahora o lo hará en el futuro?
Como siempre he mantenido, no se puede ni vivir del pasado ni vivir en el pasado… Por lo tanto, ¿para qué sirve? ¿No será un lastre?
O, en el fondo, ¿todo mi pensamiento y mis hechos son pura vanidad?… Recordé entonces algunos pasajes del Eclesiastés, y me vi retratado en ellos.
…..
1:17 Me dediqué a conocer la sabiduría,
la ciencia, la locura y la necedad,
y advertí que también eso es correr tras el viento.
1:18 Porque mucha sabiduría trae mucha aflicción,
y el que acumula ciencia, acumula dolor.
...
2:12 Entonces volví mis ojos hacia la sabiduría,
hacia la locura y la insensatez.
Porque ¿qué hará el sucesor del rey?
Lo mismo que ya se había hecho antes.
2:13 Y vi que la sabiduría aventaja a la insensatez,
como la luz a las tinieblas:
2:14 el sabio tiene los ojos bien puestos,
mientras que el necio camina en tinieblas.
Pero yo sé también que a los dos les espera la misma suerte.
2:15 Y me dije a mí mismo:
si la suerte del necio será también la mía,
¿para qué, entonces, me hice más sabio?
Y pensé que también esto es vanidad.
...
2:19 ¿Y quién sabe si él será sabio o necio?
Pero será el dueño de lo que yo he conseguido
con esfuerzo y sabiduría bajo el sol.
También esto es vanidad.
…
Sí, en realidad todo aquello que había estado pensando y recordando, no era más que “correr tras el viento” y también “pura vanidad”
Vanidad sí, pero también cansancio, decepción, melancolía… en realidad todo es pasado, porque al final “no hay nada nuevo bajo el sol” y el pasado solo sirve para recordarlo como uno cree que ha sido, de tanto en tanto… pero solo por instantes… Lo importante es aquello que nos queda por hacer, aquello que nos queda por vivir, tratando de no repetir el pasado, pero sobre todo habiendo aprendido del mismo… aunque nos quede algo de melancolía...
Todo seguirá en el mismo lugar, y de vez en cuando me perderé unos minutos, observando las fotos, los diplomas, los certificados, las placas… y, también me hablarán de ese pasado que es de uno, y presente para todos ellos… estarán incólumes esperando ese recuerdo de tanto en tanto… Al final, ¡siempre nos quedará algo de vanidad!
2 enero de 2011
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